Naturaleza

El milagro que nadie vio venir: llevaron 4 llamas al desierto de Perú, y 31 años después lo han transformado en un oasis con cultivos

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Recreación artística de llamas. Foto: elaboración propia con IA
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Durante años fue un paisaje dominado por la arena y la aridez, pero hoy es un espacio verde, productivo y lleno de vida. En el desierto de Ica, en Perú, el proyecto impulsado por Alberto Benavides Ganoza ha conseguido transformar el entorno de Samacá mediante reforestación, agricultura ecológica y el uso de técnicas vinculadas al conocimiento ancestral.

La historia comenzó en 1995, cuando Benavides Ganoza decidió instalarse en este territorio árido y poner en marcha un proyecto que iba mucho más allá de cultivar la tierra. La idea era comprobar si un ecosistema degradado podía recuperar su capacidad productiva mediante un modelo basado en el respeto a los procesos naturales.

Cómo nació el oasis de Samacá en pleno desierto de Ica en Perú

Uno de los primeros pasos fue recuperar la vegetación. La plantación de especies autóctonas, especialmente huarangos, desempeñó un papel fundamental en esta transformación. Estos árboles contribuyeron a fijar el terreno y a crear unas condiciones más favorables para que otras especies pudieran desarrollarse.

A esta estrategia se sumó una gestión propia de los recursos hídricos. El proyecto incorporó pozos tubulares y sistemas destinados a aprovechar el agua disponible, mientras la reforestación avanzaba poco a poco. No fue un cambio inmediato, ya que el paisaje necesitó décadas de trabajo constante para adquirir el aspecto que presenta actualmente.

Y entonces llegó uno de los elementos más llamativos de la historia: las llamas.

Cuatro llamas llegaron al desierto de Ica y cambiaron este ambicioso proyecto

En 2010, Benavides Ganoza incorporó cuatro llamas de la sierra de Huancavelica. La llegada de estos camélidos andinos recuperó una presencia que prácticamente había desaparecido de esta zona.

Su papel no se limitó a formar parte del paisaje. Las llamas se integraron en el funcionamiento de la finca y sus excrementos comenzaron a utilizarse como abono natural para las tierras de cultivo. De esta manera, los animales pasaron a formar parte del propio ciclo de producción agroecológica.

Con el paso del tiempo, aquellas cuatro llamas se reprodujeron y la manada creció. Samacá llegó a contar con más de medio centenar de ejemplares, adaptados a las condiciones de la costa desértica.

Samacá, de terreno árido a una finca con cultivos y biodiversidad

La transformación de Samacá no depende de un único elemento. La combinación de reforestación, agricultura orgánica, gestión del agua y aprovechamiento de los recursos animales ha permitido desarrollar una finca productiva en un entorno especialmente complicado.

Actualmente se cultivan varias legumbres. Por otra parte, el olivar ocupa un lugar destacado y el proyecto también produce aceite de oliva virgen extra, aceitunas y otros alimentos. La finca cuenta, además, con otras especies vegetales y actividades vinculadas a la producción artesanal.

El resultado es un paisaje muy distinto al que encontró el investigador Alberto Benavides Ganoza cuando llegó en 1995. La experiencia de Samacá demuestra que la recuperación de un territorio árido no tiene por qué pasar necesariamente por transformar por completo el ecosistema, sino que puede apoyarse en las especies autóctonas y en prácticas agrícolas adaptadas al entorno.

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