Conflicto entre especies

Muchos plantan este árbol ornamental asiático en su jardín, pero los investigadores dicen que es el refugio de la primera abeja invasora documentada de Europa

Abeja gigante de la resina
Abeja Megachile sculpturalis. Imagen de Wikimedia Commons, Judy Gallagher, CC.

La sófora, también llamada acacia de Japón, se ha convertido en un árbol habitual de los jardines y calles de las ciudades españolas gracias a su porte elegante y su floración veraniega. Sin embargo, investigadores detectaron que funciona como despensa casi exclusiva de la abeja gigante de la resina, la primera especie de abeja invasora documentada en Europa.

La investigación fue realizada por un equipo del grupo Wildlife Pollinators de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que publicó sus conclusiones en la revista científica Oikos. Los autores querían responder a una pregunta concreta: por qué esta abeja asiática, con recursos de sobra en ecosistemas naturales, prefiere instalarse justamente en las ciudades.

Cómo se originó el problema entre la sófora y la abeja gigante de la resina

En España hay ya registradas más de 1.200 especies exóticas invasoras, y no todas llegan por accidente o negligencia: en muchos casos, como este, alguien las introdujo de forma deliberada por su valor ornamental, sin prever el efecto que tendría con el tiempo.

Los científicos cruzaron los registros de presencia de la sófora (Styphnolobium japonicum) con los de la abeja en distintos puntos de Cataluña. El árbol, originario de China y extendido después por Japón, llegó a Europa hacia el siglo XVIII y hoy abunda en parques y avenidas: solo Barcelona reúne unos 11.000 ejemplares.

El cruce de datos mostró que ambas especies coinciden en su pico de actividad, el verano, cuando la sófora florece con más fuerza. En su área de origen asiática, la abeja dispone de varias plantas de las que alimentarse; en Europa, en cambio, este árbol ornamental es prácticamente su única fuente de polen disponible.

Los propios autores describen el fenómeno como una especie de bola de nieve entre especies foráneas: el árbol exótico facilita el asentamiento del insecto exótico, y ambos terminan retroalimentándose sin que el paisaje urbano frene esa dinámica en ningún punto.

Cómo fue la expansión de esta abeja por Europa

La Megachile sculpturalis es originaria de China, Japón, Corea y Taiwán, y se detectó por primera vez en el continente en el sudeste de Francia, en 2008. Desde entonces sus registros se multiplicaron por diez en pocos años, según ha señalado el CREAF.

En España empezó a verse en Cataluña en 2018, y su primer registro documentado a nivel estatal llegó en 2021, en Mallorca, donde los investigadores la observaron alimentándose tanto de sófora asiática como de la americana Parkinsonia aculeata. Puede alcanzar los dos centímetros de longitud y, a diferencia de otras abejas, no forma colonias: cada hembra funda su propio nido.

Esa forma de anidar no siempre pasa desapercibida. Cada hembra aprovecha cavidades ya existentes para instalarse, y desde hace años se registran molestias por esa actividad en infraestructuras públicas, jardines particulares e incluso en la madera de árboles urbanos.

Un problema difícil de revertir

El estudio confirma con datos de toda Cataluña algo que ya apuntaban trabajos previos en Italia, Baleares y Pensilvania, aunque con muestras más pequeñas: la disponibilidad de sófora influye tanto como el clima a la hora de explicar dónde se asienta la abeja invasora.

Los propios investigadores matizan el alcance de esa conclusión. Otras abejas invasoras repartidas por el mundo no dependen de una sola especie vegetal, así que este vínculo tan estrecho entre la sófora y la Megachile sculpturalis no puede extrapolarse sin más a otras invasiones biológicas.

Eliminar el árbol, en cualquier caso, no garantiza frenar a un insecto que lleva casi veinte años colonizando el continente. Desde la UAB plantean que las ciudades repiensen qué especies eligen para decorar sus calles y den prioridad a la vegetación autóctona, en línea con los objetivos europeos de restauración ecológica.

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