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Hito para la zoología mundial: reintroducen 10 tortugas gigantes y recuperan en 6 meses procesos de hace 180 años

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La isla de Aride, situada en el archipiélago de las Seychelles, protagoniza un avance científico sin precedentes en la restauración de hábitats insulares. La reintroducción de apenas 10 tortugas gigantes de Aldabra (Aldabrachelys gigantea) ha permitido restablecer funciones vitales para el ecosistema que llevaban desaparecidas casi dos siglos.

Este éxito, liderado por investigadores de la Estación Biológica de Doñana (EBD), el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), el Real Jardín Botánico (RJB), todos del CSIC, y la Universidad de Exeter, demuestra que la naturaleza posee una capacidad de recuperación asombrosa.

Diez tortugas gigantes restauran en seis meses un ecosistema ausente desde hace 180 años en Seychelles

El estudio, publicado en la revista Restoration Ecology, confirma que estas tortugas actúan como auténticas ingenieras del ecosistema, un papel que perdieron cuando se extinguieron en la isla hace 180 años.

El equipo investigador identificó tres pilares fundamentales en el trabajo de estos animales. En primer lugar, las tortugas controlan la expansión de la flora exótica mediante la herbivoría.

En tan solo dos meses, los 10 ejemplares consumieron 54 especies de plantas introducidas, limitando su crecimiento de forma natural. Este método resulta mucho más económico y efectivo que la retirada mecánica tradicional de maleza.

En segundo lugar, estos animales aceleran el reciclaje de nutrientes. Al alimentarse de la hojarasca, tanto nativa como exótica, facilitan la división y enriquecen el suelo.

Finalmente, su función como dispersoras de semillas es vital. Los datos recogidos son esclarecedores: las tortugas dispersaron más de 11.000 semillas en dos meses, de las cuales el 89,5% pertenecía a especies nativas.

Gracias a sus desplazamientos y deposiciones, las plantas locales recuperan terreno frente a las invasoras de manera eficiente.

Ésta es la importancia del comportamiento individual de estas tortugas gigantes en los programas de conservación

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio, según explica el investigador Sergio García-Peña del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), radica en que el éxito de la restauración no depende únicamente del número de animales liberados.

El secreto está en la variabilidad individual y el comportamiento de cada ejemplar. Los análisis de ADN y las observaciones de campo revelaron que no todas las tortugas trabajan igual.

De hecho, solo tres individuos fueron responsables de dispersar el 80% de las semillas nativas registradas. Mientras que un ejemplar, identificado como T08, demostró una eficiencia altísima en las tres funciones ecológicas, otro, bautizado como T11, mostró un rendimiento muy bajo en todas ellas.

Esta diversidad de hábitos dentro de una misma población refuerza la resiliencia del ecosistema ante posibles cambios.

Iago Ferreiro Arias, investigador de la EBD, propone que los futuros programas de conservación miren más allá de la genética. El número de efectivo de individuos necesarios para sostener procesos ecológicos debe considerar la diversidad funcional y de comportamiento.

Estos resultados ya plantean estudios similares en otros lugares críticos como las Islas Galápagos, donde las tortugas gigantes desempeñan un papel importante.

Este hito en Aride (Seychelles) marca un nuevo estándar para la zoología, demostrando que reintroducir poblaciones pequeñas pero conductualmente diversas puede salvar ecosistemas enteros en tiempo récord.