Volcanes

En 1963 un volcán islandés creó una nueva isla cuyo acceso quedó limitado a científicos: 6 años después encontraron un tomate que brotó de heces humanas y ocultaron el caso por vergüenza

La isla de Surtsey (Islandia), fotografiada desde un barco en 2014. Foto: Brian Gratwicke vía Wikimedia Commons - CC BY 2.0
La isla de Surtsey (Islandia), fotografiada desde un barco en 2014. Foto: Brian Gratwicke vía Wikimedia Commons - CC BY 2.0
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

En noviembre de 1963, una erupción submarina frente a la costa sur de Islandia dio origen a Surtsey, una isla volcánica preservada desde su nacimiento como un laboratorio natural. Solo los científicos y un puñado de personas más tienen permiso para visitarla, con el fin de reducir al mínimo la huella humana.

Según un estudio del Instituto de Historia Natural de Islandia publicado en la revista Biogeosciences, la erupción se prolongó hasta junio de 1967. Para entonces, Surtsey ya ocupaba 2,7 kilómetros cuadrados y alcanzaba 173 metros de altura sobre el nivel del mar.

En ese entorno vigilado, Ágúst Bjarnason, encargado entonces de seguir el avance de la vegetación en la isla, encontró en el verano de 1969 una planta de tomate que había brotado de unas heces humanas. Bjarnason guardó el secreto durante 45 años, hasta que relató el episodio en 2015.

¿Cómo apareció una planta de tomate en la isla volcánica de Islandia en 1969?

Según Iceland Review, Ágúst Bjarnason contó el hallazgo en el periódico Eyjafréttir, de las islas Vestmannaeyjar. El aviso le llegó lejos de la isla, después de que tres o cuatro naturalistas extranjeros y un botánico islandés encontraran en la lava una planta que no supieron identificar.

«Una vez, cuando estaba en Reikiavik, recibí desde Surtsey el mensaje de que habían descubierto una planta misteriosa en la lava», escribió Bjarnason. Viajó a la isla en cuanto pudo y localizó la planta enseguida.

«Al principio me quedé atónito por aquella planta extraña, que parecía una planta de patata», recordó Bjarnason. Después apartó dos piedras de lava que la flanqueaban y, debajo, encontró un montículo muy blando. Al tocarlo, comprendió que alguien había hecho sus necesidades en ese punto y que la tomatera (Solanum lycopersicum), de 15 centímetros, había brotado de esas heces.

«Lo metí todo en una bolsa de plástico y la cerré bien. Me aseguré de no dejar nada atrás para que el asentamiento natural de las plantas no se viera afectado», reveló Bjarnason.

El hallazgo habría causado una conmoción en la comunidad científica, puesto que la isla se conservaba como un laboratorio vivo, con las visitas y la intervención humana reducida al mínimo.

A la izquierda, pastizal en el centro de la colonia de gaviotas de Surtsey, en 2013, con las zonas del cráter todavía sin vegetación. A la derecha, pastizal en la parte alta de Elliðaey, otra isla del archipiélago de Vestmannaeyjar, en 2010. Foto: BM - Biogeosciences
A la izquierda, pastizal en el centro de la colonia de gaviotas de Surtsey, en 2013, con las zonas del cráter todavía sin vegetación. A la derecha, pastizal en la parte alta de Elliðaey, otra isla del archipiélago de Vestmannaeyjar, en 2010. Foto: BM – Biogeosciences

La isla volcánica de Islandia que funciona como laboratorio natural

Según los autores del estudio, la protección estricta de Surtsey y un seguimiento sin interrupciones han reducido al mínimo la interferencia humana. Un grupo de biólogos estudia la isla cada año desde 1964 y, en cada visita, recorre toda su superficie para registrar qué especies llegan y cuáles sobreviven.

Gracias a ese control, los investigadores conocen la ubicación exacta de las primeras plantas colonizadoras y la ruta probable por la que llegaron. La primera fue la oruga de mar (Cakile maritima), que alcanzó la isla en 1965 a bordo de las corrientes marinas.

Hoy, Surtsey figura en la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Las gaviotas que transformaron la vegetación de la isla islandesa

Hasta 2013, los científicos habían descubierto en Surtsey 69 especies de plantas vasculares. Ese año localizaron 59, aunque solo 39 tenían poblaciones viables. La isla reúne más del doble de especies que cualquiera de las islas vecinas comparables.

Durante la primera década llegaron sobre todo plantas costeras, arrastradas por el mar. Entre 1975 y 1985, la colonización se frenó y los recién llegados sobrevivieron mucho peor. El cambio llegó con una colonia de gaviotas que se instaló en el sur de la isla a mediados de los años ochenta.

Vista aérea de la isla de Surtsey, en el archipiélago islandés de Vestmannaeyjar, en 2008. Foto: Bruce McAdam vía Wikimedia Commons - CC BY-SA 2.0
Vista aérea de la isla de Surtsey, en el archipiélago islandés de Vestmannaeyjar, en 2008. Foto: Bruce McAdam vía Wikimedia Commons – CC BY-SA 2.0

Así, entre 1986 y 2007, Surtsey vivió una segunda oleada de colonización. Las gaviotas, que pronto sumaron entre 200 y 300 parejas reproductoras, enriquecieron el suelo con nutrientes y dispersaron semillas. Esa mejora permitió que se asentaran especies que llegan con el viento, y en 2007 la isla alcanzó su máximo, con 64 especies.

La superficie de la colonia de gaviotas pasó de 0,03 hectáreas en 1988 a 12,1 hectáreas en 2012, es decir, más del 9 % de la isla. Para 2011, las parcelas de la colonia tenían casi cinco veces más biomasa vegetal que las situadas fuera de ella.

¿Qué futuro prevén los científicos para esta isla volcánica de Islandia?

Entre 2008 y 2013, Surtsey sufrió una pérdida neta de especies, con un único colonizador nuevo, aunque las plantas desaparecidas eran muy escasas. La última en llegar fue un pequeño helecho que transporta el viento, la lunaria menor (Botrychium lunaria), descubierta en 2011.

Por otro lado, la erosión marina ha reducido la isla a la mitad de su superficie. En 2012, Surtsey ocupaba 1,3 kilómetros cuadrados, y los acantilados del sur y el suroeste concentran el mayor desgaste. Según los autores, la isla perderá con el tiempo sus zonas bajas de arena y lava, con la flora y la fauna asociadas a ellas.

Las colonias de aves se concentrarán entonces en la parte alta, donde los investigadores prevén un pastizal denso y con pocas especies. Sería similar al de la vecina isla de Elliðaey, ocupada por frailecillos y dominada por gramíneas de los géneros Festuca y Poa.

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