Infantino preside en Seattle el Estados Unidos–Bélgica con Balogun en el campo tras el indulto de FIFA

No falló a su cita. Gianni Infantino apareció en el palco del Seattle Stadium, donde se celebraba el Estados Unidos–Bélgica de octavos de final. Un partido cargado de polémica tras la cacicada de la FIFA, que decidió suspender la tarjeta roja de Balogun e indultarlo para que pudiera jugar el partido. Lo jugó y allí estuvo para verlo en directo el presidente del máximo organismo mundial. A su lado aparecía Pierluigi Collina, mejor árbitro de la historia y actual presidente de la Comisión de Árbitros de la FIFA.
Mauricio Pochettino aprovechaba el favor y ponía a su goleador de inicio en el partido contra los belgas. Buscaban los cuartos de final, donde esperaba España, y los norteamericanos no podían desaprovechar esta oportunidad. Por ello, Balogun era de la partida y, de hecho, volvió a ser objeto de polémica durante el duelo.
El presidente de la FIFA está viajando por todas las sedes y acudiendo a un partido diario. Incluso en la fase de grupos iba a dos. En esta ocasión, apareció en Seattle y no en Dallas, donde jugó horas antes España contra Portugal. El partido era más atractivo, sobre el papel, pero decidió ir a ver a la anfitriona. Esa a la que le había hecho un favor sin precedentes tras una llamada de Donald Trump.
De hecho, tres horas antes de que comenzara el partido, FIFA desvelaba en una carta las explicaciones del presidente Infantino ante lo que se ha considerado por muchos como una clara injerencia política en una cuestión deportiva. «Revisar las consecuencias jurídicas de las tarjetas rojas en el fútbol no es algo nuevo en el fútbol moderno», señalaba.
«Por ejemplo, en la mayoría de las ligas de máxima categoría pertenecientes a asociaciones miembro afiliadas a la UEFA, la revocación de tarjetas rojas es una medida disciplinaria habitual, y ello nunca ha suscitado preocupación por haber cruzado alguna ‘línea roja’», destacaba el texto.
Tras conocerse la llamada de Trump, Infantino salía del paso afirmando que recibía también llamadas de otros jefes de Estado. «Si nos gusta personalmente una decisión o no es irrelevante. El respeto por las instituciones independientes y el estado de derecho es lo que protege la integridad de nuestras competiciones y la credibilidad de la FIFA en todo momento», aseguraba.