Los perros se pueden pasar la noche en vela pensando en sus problemas, según la ciencia

¿Cuántas noches has pasado en vela pensando en tus problemas? Esto es algo muy habitual entre humanos, pero lo que no sabíamos es que los perros también reflexionan acerca de sus errores y piensan en el futuro. Ahora bien, conviene aclarar que sus pensamientos no son como los nuestros; tienen recuerdos y emociones, pero experimentan la preocupación de una manera muy distinta a la nuestra.
Nosotros nos pasamos horas pensando en el pasado y anticipando el futuro, mientras que los perros viven más en el presente. Diversos estudios científicos han demostrado que pueden recordar experiencias y asociarlas con determinadas emociones, pero no sufren la ansiedad anticipatoria como nosotros. Cuando no duermen bien, normalmente se debe a factores externos o internos que les afectan, aunque también puede deberse a que estén soñando o pensando en el «sentido de la vida».
¿Por qué los perros pueden pasarse la noche en vela?
En los últimos años, los estudios sobre cognición y sueño canino han avanzado muchísimo, revelando que los perros tienen un cerebro mucho más complejo de lo que se ha creído durante décadas. No reflexionan como nosotros, pero sí procesan emociones y recuerdos con una sofisticación asombrosa.
Algunos investigadores han analizado la actividad cerebral de los perros mientras duermen, y los resultados muestran que atraviesan fases de sueño similares a las humanas, incluido el sueño REM, en el que consolida la memoria y tienen lugar los sueños.
«En el perro, el sueño se divide en dos grandes fases bien diferenciadas. La primera es el sueño de onda cerebral lenta o No REM, que representa aproximadamente el 23% del tiempo total de descanso. Durante este periodo el corazón late más despacio y la respiración se vuelve lenta y regular. El animal permanece relajado y tranquilo, y es aquí donde se alcanza el sueño más profundo, ese momento en el que puede resultar más difícil despertarlo porque su cuerpo está completamente entregado al descanso y la recuperación física.
La segunda es el sueño de onda cerebral rápida o fase REM, que supone alrededor del 12% del tiempo de sueño. En esta etapa la respiración se vuelve irregular y los ojos se mueven con rapidez bajo los párpados. Es habitual que el perro mueva las patas como si estuviera corriendo, aunque su musculatura permanece paralizada. También puede ladrar suavemente, gemir o emitir pequeños sonidos, ya que se trata de una fase de intensa actividad cerebral, similar a la que experimenta cuando está despierto. Por eso también se conoce como sueño activo y, a diferencia del sueño profundo, resulta más fácil despertarlo en este momento», explica Advance Affinity.
¿La actividad de los perros mientras duermen se puede traducir en «preocupaciones» tal y como las entendemos nosotros? Los expertos prefieren hablar de procesamiento emocional. Los perros, desarrollan vínculos profundos con sus cuidadores y reaccionan a cambios en su entorno. En este contexto, una discusión en casa o la ausencia prolongada de un miembro de la familia puede generar estrés en el animal, el cual no desaparece como por arte de magia cuando cae la noche.
Cuando viven una experiencia intensa, es habitual que muestren inquietud nocturna: se despiertan más de lo normal, se mueven más, cambian de postura con frecuencia e incluso gimen. No se trata necesariamente de que estén «pensando en sus problemas»como lo haríamos nosotros, pero sí pueden estar reactivando recuerdos emocionales mientras duermen.
¿Cómo es su memoria?
Otro aspecto clave es la memoria, que funciona de forma distinta a los humanos. Sin embargo, los perros también tienen dos tipos de memoria: a corto y a largo plazo. La primera es la que usan para las actividades concretas, como jugar con la pelota. No necesita recordarlo, así que pasados unos segundos o unos minutos, simplemente lo olvida. Éste es el motivo por el que no sirve de nada regañar a nuestra mascota si mientras no estábamos en casa ha mordido el cojín; no recordará lo que ha sucedido porque no le resulta relevante.
Por el contrario, la memoria a largo plazo les permite recordar cosas toda la vida por medio de sensaciones: es decir, asocian un estímulo sensorial, como una voz o un olor, a algo concreto. Esta manera de recordar mediante sensaciones es lo que permite adiestrar a un perro haciendo que establezca un vínculo entre un estímulo y una recompensa. En líneas generales, los perros aprenden mediante órdenes o comandos, es decir, palabras que ellos asocian a realizar una acción determinada como sentarse, seguida de una recompensa en forma de premio.
«Aunque casi todos sospechásemos que nuestros perros eran capaces, al menos, de recordar determinados momentos, ahora también sabemos que, además, utilizan los mismos mecanismos de formación de la memoria que los humanos. Y que los usan para recordar eventos y momentos pasados, incluso cuando no los consideran importantes o esenciales para la supervivencia», concluye Claudia Fugazza, investigadora del departamento de Etología de la Universidad de Eötvös Loránd (Budapest).