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Borja Capponi, adiestrador canino: «Es fácil cambiar a un perro porque vive el momento; lo difícil es entrenar al ser humano porque se lo toma todo personal»

Perro, animales, mascotas
Un perro con su dueña. Foto: Freepik
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La convivencia con un perro no siempre resulta sencilla. A veces, el problema no está tanto en la conducta del animal como en la forma en la que su dueño interpreta cada ladrido, movimiento o demanda de atención.

Para Borja Capponi, adiestrador canino, trabajar con el perro implica también revisar la actitud de la persona que está a su lado.

¿Por qué puede ser más fácil modificar la conducta de un perro?

Una de las ideas que defiende Capponi es que el perro vive fundamentalmente el presente. No interpreta una situación de la misma manera que una persona ni construye necesariamente las conductas desde las intenciones que el propietario puede atribuirle.

Un ladrido, por ejemplo, puede aparecer ante un estímulo concreto del entorno. Lo mismo sucede con determinadas demandas de atención o respuestas que el dueño considera desobediencia. Para modificar estos comportamientos, el adiestramiento debe ofrecer señales claras y mantener unas pautas coherentes.

La dificultad aparece cuando la persona reacciona desde la frustración. Si interpreta que el perro la desafía deliberadamente, puede responder con enfado y aumentar la tensión de la situación. Esa reacción termina interfiriendo en la comunicación entre ambos.

El contacto visual y su papel en la conducta canina

Capponi también cuestiona en el canal de YouTube Adiestramiento Natural algunas formas habituales de interactuar con los perros, entre ellas el uso constante del contacto visual (el llamado «anclaje de ojos») acompañado de comida o caricias.

Según su planteamiento, reforzar continuamente que el animal busque la mirada de su dueño puede modificar la manera en la que presta atención al entorno.

El adiestrador sitúa el olfato como una herramienta fundamental para el perro. Explorar mediante la nariz forma parte de su comportamiento natural y permite que centre su atención en los estímulos que encuentra a su alrededor.

Por el contrario, la búsqueda permanente de contacto visual puede convertirse, según esta metodología, en una fuente de activación. Capponi sostiene que recurrir continuamente a la comida para controlar una conducta tampoco soluciona necesariamente aquello que la provoca.

El premio puede modificar una respuesta concreta, pero no siempre aborda el origen del problema.

¿Cómo influye la tensión del propietario en el comportamiento del perro?

La actitud de la persona también ocupa un lugar central en el método de Capponi. El adiestrador explica su interpretación de determinadas conductas relacionadas con la inseguridad, la búsqueda de recursos y la agresividad.

Según su planteamiento, un perro que reclama atención o comida de manera insistente puede terminar recurriendo a conductas cada vez más intensas si anteriormente ha conseguido aquello que buscaba mediante ladridos u otras respuestas. Por eso considera importante establecer límites comprensibles y evitar reaccionar de forma impulsiva.

Ante un perro que gruñe, la gestión de la situación requiere cuidado. El gruñido puede actuar como una señal de advertencia y preceder a una respuesta más intensa.

Capponi rechaza tanto el castigo físico como la pasividad y defiende una intervención firme y controlada. Éstas son sus recomendaciones:

  • Observar qué desencadena la conducta.
  • Mantener una respuesta coherente.
  • Evitar que la frustración del propietario dirija la interacción.
  • Trabajar la confianza y la estabilidad en la convivencia.

Los cuatro pilares del método de Borja Capponi

La propuesta del adiestrador se apoya en varios elementos destinados a mejorar la relación entre el perro y su dueño. Entre ellos aparecen el temperamento del animal, el vínculo emocional y la capacidad de la persona para analizar su propia conducta.

Capponi resume su enfoque en estas cuatro ideas:

  1. Experiencia del perro: favorecer una relación equilibrada con el entorno.
  2. Temperamento: tener en cuenta las características propias del animal.
  3. Vínculo: observar cómo interactúan emocionalmente perro y dueño.
  4. Autoanálisis: revisar la actitud del propietario y su forma de responder.

El dueño no debería limitarse a proporcionar comida o corregir conductas. Éste debe convertirse en una referencia estable para el animal. Desde esta perspectiva, comprender cómo aprende y reacciona un perro puede ayudar a reducir conflictos y mejorar la convivencia diaria.

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