5 señales de que tu perro está triste y no te estás dando cuenta, según los expertos


Para muchas personas, los perros no son simples «mascotas», sino compañeros de vida con los que comparten tiempo y cariño. Sin embargo, a veces olvidamos que ellos también tienen sentimientos y emociones, y estos no siempre son positivos. Los perros son animales de rutina, por lo que cualquier cambio, como una mudanza o la llegada de un nuevo miembro al hogar, pueden desencadenar en ellos una sensación de tristeza que se manifiesta a través de cambios en su estado tanto físico como mental. Pero, ¿cómo puedes averiguar si tu perro está triste?
Los veterinarios y etólogos caninos apuntan a cinco señales que indican que un perro puede estar cayendo en una depresión, como la pérdida de interés en el juego. Algunas de las causas más comunes son los cambios en la rutina, la falta de estimulación o una enfermedad que le provoque dolor. Por lo tanto, lo primero siempre es descartar que exista alguna condición física que le haga estar triste.
5 señales de que tu perro está triste y cómo ayudarle
Uno de los principales signos de alerta de tristeza en los perros es la apatía y la falta de interés en actividades que antes le apasionaban. Si antes corría emocionado cuando llegabas a casa o cuando le tirabas la pelota en el parque, y deja de hacerlo de la noche a la mañana sin motivo aparante, es algo que no debes ignorar. La mejor forma de atajar esta situación es invitarle a interactuar a su ritmo, sin forzarle. Pasear en nuevos lugares o jugar a juegos nuevos puede despertar su curiosidad.
Los perros son animales sociales, por lo que es habitual que busquen la compañía de su familia. Si tu mascota antes pasaba mucho tiempo contigo y ahora empieza a esconderse o rehuir el más mínimo contacto, es probable que algo no vaya bien. En ocasiones, este comportamiento se confunde con independencia, pero si ocurre de forma repentina, hay que prestarle atención. Es fundamental respetar su espacio pero, al mismo tiempo, demostrarle que estás presente. Siéntate cerca de él y háblale en tono calmado para que no se sienta solo.
Una de las señales más fáciles de identificar, aunque a veces también pasa desapercibida, son los cambios en el apetito. Si tu perro está triste, es normal que quiera comer menos o, por el contrario, coma en exceso para calmar la ansiedad. Este comportamiento se puede explicar por un estrés prolongado, la ausencia de la persona que solía alimentarlo o alguna enfermedad física, como dolor dental o gastritis. En este caso, ofrécele comida en un ambiente tranquilo y varía su dieta (consultando antes con el veterinario).
De la misma manera que ocurre en las personas con depresión, los perros también sufren cambios en sus patrones de descanso. Pueden dormir muchas más horas de las habituales o, por el contrario, tener insomnio y estar dando vueltas por la casa durante toda la noche. Las causas más comunes son la soledad, los cambios en la rutina y el estrés. El sueño es un claro reflejo del estado emocional, y para ayudar al animal los veterinarios recomiendan establecer una rutina de paseos y descanso.
Finalmente, hay que observar el lenguaje corporal del perro que, en caso de que esté triste, se verá decaído: cola baja o entre las patas, orejas hacia atrás, movimientos lentos y mirada apagada. El animal parece «encogido», lo que claramente indica desánimo, miedo e inseguridad. Para ayudarle, agáchate para ponerte a su nivel, háblale con voz suave y acaríciale detrás de las orejas.
«Los perros están muy en sintonía con el lenguaje corporal humano y con nuestros estados de ánimo, y pueden captar nuestra tristeza tras la pérdida de alguien especial. Si tu mascota es capaz de percibir tu tristeza, puede ser un indicador de que tal vez es el momento de dedicarte un poco de tiempo para ti mismo. Para asegurarte de que cuidas lo mejor posible a tu mascota, también tienes que cuidar de ti mismo», explica Hill’s Pet Nutrition.
Y añade: «los perros también pueden sentirse estresados y deprimidos por otras razones, como por un cambio significativo en su hogar o situación vital. Si recientemente has tomado más responsabilidades y tienes menos tiempo para hacer ejercicio, jugar o interactuar con ellos, esto podría causarles aburrimiento o frustración».
Un perro no puede decir «estoy triste» con palabras, pero su cuerpo y su comportamiento hablan por él. Basta con observarlo con atención para descubrir que algo no va bien: la falta de entusiasmo al jugar, su aislamiento repentino, el rechazo a la comida, los cambios en su descanso o esa postura encogida con la cola baja y la mirada perdida. Cuando el animal muestra varias de estas señales, lo primero es descartar problemas físicos con una visita al veterinario. Si la salud está bien, un etólogo o educador canino puede ayudarle a recuperar el equilibrio emocional.