REPORTAJE

‘Der Spiegel’ llama «la persona más peligrosa de Alemania» al candidato de AfD que arrasa en las encuestas

El SPD y los Verdes se hunden en Sajonia-Anhalt y allanan el camino a la mayoría absoluta de AfD

Ante el auge de AfD, la izquierda alemana pide directamente prohibir el partido

‘Der Spiegel’ llama «la persona más peligrosa de Alemania» al candidato de AfD que arrasa en las encuestas
Ulrich Siegmund, el candidato estrella de AfD.
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

¿Quién es la persona más peligrosa de Alemania? No es el jefe de una mafia que distribuya toneladas de droga y disponga de un batallón de sicarios. Ni el sirio que goza del estatuto de refugiado, tiene 32 hijos y cobra por ellos un subsidio anual de 100.000 euros. Ni Jürgen Trittin, el ecologista que consiguió el cierre de las centrales nucleares. Ni el socialdemócrata Gerhard Schröder, que aceptó sobornos de Gazprom y los industriales alemanes para pactar con Moscú la compra de gas barato. Ni Angela Merkel, que animó la invasión de más de un millón de supuestos refugiados.

Según el semanario Der Spiegel, la calificación corresponde a Ulrich Siegmund, del que publicó una foto en su portada acompañada de ese título. Los crímenes cometidos por este empresario de 35 años, casado y padre de un hijo, son: ser candidato de Alternativa para la Alemania (AfD), el mayor partido identitario de Europa, favorable a la remigración, y estar a punto de ganar las elecciones del 6 de septiembre en el estado de Sajonia-Anhalt, donde, encima, podría formar gobierno en solitario si obtiene la mayoría absoluta.

En una muestra de pérdida de influencia de la prensa tradicional, la portada, en vez de ahuyentar a los votantes, se ha convertido en un afiche. Siegmund la firma en los mítines a los simpatizantes que acuden con ella. Igual que hizo Donald Trump con la foto policial que le tomaron en 2023.

El gobierno de Sajonia-Anhalt, un estado de 2,6 millones de habitantes, lo forma una coalición de la CDU, el SPD y el FDP liberal. Las encuestas señalan que estos dos últimos, que en 2021 quedaron por debajo del 9%, podrían caer a menos de un 5%, con lo que serían excluidos del nuevo Parlamento. La CDU, que obtuvo un 37%, perdería un tercio de su electorado. Y AfD, con su nuevo candidato, doblaría, al pasar de un 21% a una horquilla que se mueve entre un 40% y un 44%.

El sistema electoral se ha convertido en el aliado de AfD. En circunstancias normales, a AfD le sería casi imposible alcanzar la mayoría absoluta en un parlamento de 97 escaños, pero no si el SPD y los Verdes quedaran fuera. Entonces, en la Cámara sólo entrarían tres partidos: AfD, la CDU y Die Linke.

Otro motivo de preocupación es la confesión de Bernd Prange, alcalde de la CDU de un pueblo de menos de 2.000 vecinos de Sajonia-Anhalt, de que ha dado dinero a AfD y votará sus listas. Prange ha pedido el voto para el partido de derecha con la intención, dijo, de forzar la dimisión del canciller Friedrich Merz.

Esta actitud muestra el hartazgo de los militantes del partido democristiano con Merz y, también, con un “cordón sanitario” que sólo ha beneficiado a la izquierda. Como en España, en Alemania los socialistas pueden pactar con quienes quieran, pero el centro sólo puede hacerlo con quienes tengan la marca de políticamente correcto puesta por la izquierda.

Ante estos acontecimientos, la reacción de algunos desesperados es proponer el voto estratégico en favor del SPD o los Verdes para que al menos uno supere la barrera del 5%. Otra, que de aplicarse hundiría el prestigio de la República Federal, es la prohibición de AfD, pedida por varios cientos de abogados, fiscales y profesores de izquierdas.

Si el pueblo no te vota, la estrategia del progresismo es inventarse un pueblo nuevo, mediante millones de inmigrantes y nacionalizaciones y la expulsión de los nativos disidentes.

En este sentido de eliminación del desobediente, está el llamamiento del vicepresidente del sindicato de la Policía Federal (GdP), Sven Hüber, a que los policías incumplan las órdenes de los gobiernos de AfD. El autor de esta invocación a la sedición fue oficial de las tropas que vigilaban el muro entre las dos Alemanias y mataban a quienes trataban de huir a Occidente. A pesar de su militancia comunista, Hüber, en lugar de ser expulsado y juzgado, permaneció en la Policía Federal.

La AfD, al igual que Agrupación Nacional en Francia, marca el debate público, con el asunto de la inmigración y todo lo relacionado con ella, como la delincuencia y el gasto social. Sus enemigos le acusan, aparte de xenófoba, de ser un caballo de Troya de Putin, antes aliado de todos los gobiernos de Berlín, aunque convertido en un demonio desde la invasión de Ucrania.

La partitocracia germana, compuesta por los populares de la CDU/CSU, los socialistas del SPD, los verdes y los izquierdistas de Die Linke, ya prepara planes para emplear la estructura federal del país en sabotear un gobierno de AfD, como excluir a su ministro de Interior de las reuniones oficiales o reducir la financiación federal al “land” (2.800 millones de euros en 2025).

Antes de la votación, ya hay varios derrotados. El primero, Merz, al que un sector creciente de su partido quiere destituir. El segundo, el SPD, que no para de menguar; ya es el tercer partido a nivel nacional y podría desaparecer de varios parlamentos estatales. El tercero, la izquierda contraria a la inmigración de BSW (Alianza Sahra Wagenknecht), que no ha entrado en el Parlamento federal ni en otros estatales. Los alemanes, como los españoles, no se tragan el cuento del “socialista bueno”.

El resultado influirá en las dos elecciones del 20 de septiembre, en el estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, donde AfD quedó segunda y las encuestas le sitúan en cabeza, con más de un 35%, y en el hostil Berlín, en cuyo ayuntamiento podría doblar su electorado y alcanzar un 18%.

El antes estable sistema de partidos alemán, que asimiló a los verdes en los años 80 y a los comunistas reconvertidos de Alemania Oriental en los 90, se agrieta por AfD. Y la causa es la inmigración, a la que los políticos europeos, desde Pedro Sánchez a Donald Tusk, no quieren cerrar las puertas de sus países, por mucho que sus ciudadanos se lo reclamen.

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