Arqueología

Pompeya no deja de sorprender a los arqueólogos: hallan restos de un armario esquinero con cosméticos, amuletos y 38 monedas de bronce

Huella que dejó el armario esquinero en el material volcánico, en la esquina de la habitación de Pompeya donde estaba el mueble. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya
Huella que dejó el armario esquinero en el material volcánico, en la esquina de la habitación de Pompeya donde estaba el mueble. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un equipo de arqueólogos del Parque Arqueológico de Pompeya halló los restos de un armario esquinero que nadie volvió a abrir desde la erupción del Vesubio del año 79 d. C. En su interior se conservaban utensilios de cosmética, un collar de amuletos infantiles y un pequeño ahorro de 38 monedas de bronce.

El mueble apareció en una casa que la tradición atribuye a Cornelius Maximus, con fachada a la vía de la Abundancia, una de las calles principales de la antigua ciudad. La fachada se excavó en 1912, pero las habitaciones traseras no se habían investigado hasta ahora.

El equipo de Gabriel Zuchtriegel, director del parque, describe el hallazgo en un artículo del E-Journal degli Scavi di Pompei, la revista científica del parque, publicado en octubre de 2026. Los autores reconstruyeron la forma del armario a partir de la huella que dejó la corriente de material volcánico.

¿Qué guardaba el armario esquinero hallado en Pompeya?

El armario de Pompeya guardaba objetos de uso personal, vajilla de mesa y de cocina y piezas de posible uso comercial. Entre los utensilios de cosmética figuran unas pinzas de bronce, una pequeña paleta de pizarra para mezclar pigmentos, un frasco de vidrio para ungüentos y dos espátulas de hueso.

Según el artículo, eran objetos comunes en la época, puesto que servían tanto para la medicina como para la cosmética, y podrían relacionarse con el ámbito femenino. El mueble también contenía un quemador de perfumes, una lámpara de bronce, un plato de vidrio, jarras y ollas de cerámica y una taza fina decorada con escamas de piña.

Vasijas y ollas de cerámica que guardaba el armario, en la esquina de la habitación donde estaba el mueble, en Pompeya. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya
Vasijas y ollas de cerámica que guardaba el armario, en la esquina de la habitación donde estaba el mueble, en Pompeya. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya

En una cajita de madera con cierre de bronce, los arqueólogos encontraron ocho pesas de plomo, seis de ellas con asa de hierro. Tienen tamaños y pesos distintos, por lo que podrían apuntar a un uso más profesional que doméstico, quizá ligado a alguna actividad comercial de sus dueños.

El armario ocupaba toda la esquina sureste de la habitación, con dos cuerpos de unos 2 metros de largo cada uno divididos en estantes. Cuando el techo se derrumbó, el material volcánico rellenó el mueble y conservó más de la mitad de su altura.

Los amuletos infantiles que se conservaban en el armario de Pompeya

En el cuerpo sur del mueble, el equipo recuperó 24 piezas en miniatura de fayenza, hueso, pasta vítrea y cristal de roca, todas con un agujero para colgarlas. Representan a los dioses Bes y Mercurio, manos, pies, piñas y racimos, además de un astrágalo (es decir, un pequeño hueso del tobillo).

Probablemente formaban un collar. Las piezas estaban en una bolsa de tela sobre un estante intermedio, que cedió con el derrumbe y dejó caer parte de su contenido. El laboratorio del parque estudiará ahora los restos del tejido, que muestran una trama regular de alrededor de 1 milímetro.

Según el comunicado del parque, se trata de crepundia, collares de amuletos que se colgaban a los niños para protegerlos y para que los padres pudieran oírlos. El nombre deriva del verbo latino crepare, es decir, resonar o hacer ruido. «A veces, también las personas adultas los conservaban», añade el texto.

Las 38 monedas de bronce que nadie recuperó tras la erupción del Vesubio

A unos 20 centímetros de las pesas, el equipo halló un montón compacto de 38 monedas de bronce dentro de una pequeña cesta trenzada. El análisis de sus restos vegetales apunta al esparto, una fibra que en la Antigüedad se usaba para fabricar cestos.

Las 38 monedas de bronce, pegadas entre sí por la corrosión, en el momento de la excavación en Pompeya. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya
Las 38 monedas de bronce, pegadas entre sí por la corrosión, en el momento de la excavación en Pompeya. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya

Casi todas las monedas se acuñaron durante el reinado de Nerón, entre los años 64 y 67 d. C. Hay 3 sestercios, 7 dupondios y 26 ases. Las otras dos, más antiguas y muy gastadas, son una moneda de Ebusus (la actual Ibiza) y un sestercio de Claudio a nombre de Germánico.

Para los investigadores, se trataba de una pequeña reserva de dinero, quizá para los gastos diarios. Que siguiera en el armario sugiere que nadie la recuperó antes de la destrucción del edificio. Si los habitantes estaban en la zona durante la erupción, pudieron huir sin regresar nunca, aunque también es posible que murieran en la catástrofe.

La casa de Pompeya que estaba en obras cuando llegó la erupción

Las excavaciones recientes forman parte del proyecto de restauración y mejora de la accesibilidad de la vecina ínsula de los Castos Amantes. Cuando llegó la erupción, la propia vivienda tenía obras de reforma o mantenimiento en curso, y los techos de algunas habitaciones todavía no estaban decorados.

Recipientes de bronce y de cerámica y dos espátulas de hueso para cosmética, objetos del armario hallados en el suelo de la habitación en Pompeya. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya
Recipientes de bronce y de cerámica y dos espátulas de hueso para cosmética, objetos del armario hallados en el suelo de la habitación en Pompeya. Foto: Parque Arqueológico de Pompeya

«Pompeya no es solo un lugar de grandes obras de arte», afirma Zuchtriegel. Para el director del parque, la ciudad «es también un lugar en el que los objetos más comunes devuelven la dimensión humana del pasado».

«No podemos reconstruir con certeza la identidad de quien habitaba la casa, pero estos fragmentos nos acercan a su vida cotidiana», concluye.

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