Historia
Antigua Roma

Los expertos en geografía coinciden: las carreteras del Imperio romano alcanzaban los 299.000 km, y de ellos 40.000 estaban en España

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El Imperio romano dejó tras de sí una de las redes de comunicación más ambiciosas que ha conocido la humanidad, capaz de unir ciudades separadas por miles de kilómetros de mar y montaña. Durante mucho tiempo, los historiadores creyeron tener un cálculo bastante ajustado de su longitud total. Ahora, un nuevo estudio internacional acaba de poner esa cifra patas arriba.

La investigación, publicada en una flamante revista científica, no se basó en suposiciones sueltas: combinó fuentes romanas originales con tecnología satelital de última generación. El resultado final multiplica por un margen enorme lo que se daba por bueno hasta ahora, y sitúa a la Península Ibérica en un puesto que pocos habrían imaginado dentro del mapa imperial.

«Itiner-e», el mapa que revela los 299.000 kilómetros de calzadas del Imperio romano

El estudio, bautizado Itiner-e y publicado en la revista Scientific Data (del grupo Nature), eleva la cifra total de calzadas del Imperio romano a 299.171 kilómetros, contabilizados tal como existía la red hacia el año 150 después de Cristo, en el momento de mayor extensión territorial del imperio.

La cifra casi duplica los 188.555 kilómetros que manejaban hasta ahora los principales catálogos digitales sobre la materia.

Y para hacerse una idea de la magnitud, esa distancia equivale a rodear el planeta siete veces por el ecuador, una cifra que refleja la escala de la maquinaria administrativa y militar romana.

Por su parte, los autores insisten en que el número real podría ser aún mayor, ya que el trabajo se limitó a las rutas con evidencia documental o arqueológica suficiente como para trazarlas con garantías.

Así reconstruyó el equipo internacional la red de calzadas del Imperio romano

El proyecto Itiner-e no partió de cero: se apoyó en fuentes clásicas como el Itinerario de Antonino y la Tabla de Peutinger, dos documentos que ya en época romana recopilaban los principales trayectos del imperio.

A eso se sumaron miliarios (las piedras que marcaban las distancias en las propias calzadas), informes arqueológicos de excavaciones y resúmenes académicos de investigaciones regionales publicadas durante décadas.

Con todo ese material en la mesa, los investigadores cruzaron mapas topográficos históricos y modernos con imágenes de satélite y teledetección para localizar sobre el terreno los trazados descritos en los textos antiguos.

El equipo, liderado por Pau de Soto (Universidad Autónoma de Barcelona) junto a Adam Pažout (Universidad de Aarhus, Dinamarca) y Tom Brughmans, digitalizó a mano cada tramo confirmado hasta completar el mapa más detallado hecho hasta ahora sobre el Imperio romano.

España, con más de 40.000 kilómetros de vías romanas bajo el asfalto y los campos

La Península Ibérica concentra una de las mayores sorpresas del estudio: el nuevo mapa eleva a más de 40.000 kilómetros la longitud de calzadas romanas documentadas en territorio español, frente a los cerca de 20.000 kilómetros que recogían los catálogos anteriores.

A su vez, la cifra confirma lo que ya sospechaban muchos arqueólogos locales: Hispania fue una de las provincias mejor conectadas de todo el imperio, con una densidad de caminos muy superior a la media.

Buena parte de esa red se apoyaba en rutas que ya existían antes de la conquista romana, reaprovechadas y mejoradas para conectar minas, puertos y ciudades como Tarraco, Emerita Augusta o Corduba.

Dicho esto, la Vía Augusta, que recorría la costa mediterránea desde los Pirineos hasta Cádiz, sigue siendo el ejemplo más citado de esa ingeniería, aunque el nuevo mapa suma decenas de ramales secundarios que hasta ahora apenas figuraban documentados.

De hecho, buena parte de las autovías y carreteras nacionales actuales sigue el trazado que dejaron los ingenieros romanos hace dos mil años, sobre todo en tramos de Cataluña, Andalucía y el valle del Ebro, donde la orografía apenas ha cambiado desde entonces.

Solo el 2,7% de las calzadas están confirmadas: así se construían para durar siglos

Más allá de las cifras, el estudio también explica por qué estas calzadas han sobrevivido casi dos milenios en algunos tramos.

Pau de Soto, investigador principal del proyecto, lo resume así: «Las hacían mediante capas de gravas cada vez más finas, con la capa de rodadura formada por una gravilla fina compactada». El diseño incluía además sistemas de drenaje pensados para resistir lluvias intensas sin deformarse.

Pese a la escala del hallazgo, los propios autores piden cautela: apenas el 2,7% del trazado total cuenta con confirmación arqueológica directa (restos excavados, tramos visibles o dataciones seguras).

Y en lo que respecta al resto, este se reconstruye por comparación con el terreno, los textos antiguos y la lógica del trazado entre ciudades, lo que convierte a Itiner-e en un mapa vivo que sus creadores prometen seguir ampliando a medida que aparezcan nuevos hallazgos.