«Semana Ordóñez», ETA asesinó a 68 políticos
Comienza la «Semana Ordóñez». Como el año que viene tendrá que instituirse la «Semana Mújica» o la «Semana Miguel Angel Blanco». Es y será el momento para avergonzar a este Gobierno frentepopulista que manda con el sucio apoyo de los sucesores de ETA. No sé cómo tiene estómago Sánchez siquiera para aceptar los escaños de ETA. Por si a alguien de su entorno le puede la dignidad sobre el bochorno (por ejemplo, al gurucillo Redondo, natural de San Sebastián) le recuerdo unos datos apabullantes, el recuento de todos los políticos que en sus cincuenta años criminales asesinó la banda, y cuyos sucesores no solo se sientan hoy en nuestro Parlamento, sino que aseguran la Presidencia de Sánchez. Puros datos: en todo ese tiempo, ETA mató a 16 políticos primero de Alianza Popular y luego del PP, a 11 del PSOE, a 7 de UCD, a 2 de UPN, a 14 digamos de adscripción franquista, y a 18 de variada y no explícita condición. Total: 68 políticos, o sea, la dedicación a la que se ocupa el actual presidente. Más aún: ETA durante todo su recorrido humanicida tuvo amenazados de muerte a nada menos que 3.760 políticos españoles, también a algún francés.
Nadie, desde que los facciosos dejaron de matar (¿qué es esa falacia de «abandonaron las armas»?) ha querido exponer estos datos. Los mantiene en secreto el Ministerio del Interior, éste del pastueño Fernando Grande-Marlaska y todos los que le han precedido. ¿Por qué? Lo explica mejor que bien precisamente la viuda de Gregorio Ordóñez. Lo denuncia de este modo: «Las víctimas de ETA sólo hemos existido cuando nos han pedido que perdonemos». Y a eso, estrictamente a eso, se dedica el Gobierno Vasco, con la complacencia del Central. Jonan Fernández, el fundador de Elkarri cuyo eslogan fue siempre algo así como. «Todos éramos malos», es ahora mismo un alto cargo de Urkullu que mantiene como objetivo básico éste: si no es posible el olvido y el perdón, por lo menos la reconciliación. Vomitivo.
«¿Reconciliación?, ¿con quién?» se preguntan los deudos de los acribillados por la banda. Hoy mismo en las cárceles españolas aún continúan 207 presos que no han pedido disculpas por aquella «socialización del sufrimiento», o sea, pavor brutal y extendido para todos los enemigos de la mafia terrorista. Los que ya han salido reciben la exaltación de sus vecinos, como si de héroes de guerra se tratara. Entre ellos, Valentín Lasarte, el chivato que el 23 de enero de 1995, telefoneó desde un lugar muy cercano al bar «La Cepa» a García Gaztelu, para transmitirle el gran mensaje: «Ahí los tenéis, matadlos». Lasarte está libre y en la calle desde el 26 de marzo de 2015. La comunicación tuvo efecto, aunque, contra lo previsto por el comando «Donosti» al que pertenecían, solo pudieron matar a Ordóñez, se libró María San Gil y el otro comensal del último desayuno de Ordóñez: Enrique Villar, que años después fue delegado del Gobierno en el País Vasco. Actualmente, María San Gil cuenta cómo casi a diario se encuentra a Lasarte paseando sus gorduras por la Concha como si se tratara de un ciudadano honrado. «Ni siquiera me mira; me desprecia», dice María.
Día puede llegar, si no fuera porque este asesino es un ceporro iletrado, que Lasarte se pudiera sentar -como lo hace la propulsora de ETA, Mertxe Aizpurua- en el Congreso de los Diputados para ayudar a que Sánchez siga cumpliendo con su patológica obsesión: el poder a cualquier precio. «Txapote», el pistolero que asesinó a Ordóñez hizo lo propio con Fernando Mújica, al que este PSOE miserable de ahora ni siquiera desea evocar, y a Miguel Ángel Blanco, en el atentado éste último más cruel, despiadado de la historia de la banda. ¿Por qué asesinó a Gregorio Ordóñez? Pues él lo contó con indisimulado orgullo en el «Zutabe», el panfleto que recogía los exordios y fechorías etarras. Dijo el canalla: «Antes en los funerales de los policías, los políticos no tenían miedo, ahora, después de la ejecución de Ordóñez, el fascista, sí». Los veinticinco años del asesinato de Ordóñez deberían ser una sacudida general para que este país no acepte a gobernantes conmilitones ahora de los sucesores de sus criminales. No hay noticias de que Sánchez o alguien de su Gobierno se sume a esta conmemoración.