PSOE

Sánchez teme una rebelión de barones liderada por Puig ante un descalabro electoral en 2023

Una de las cuestiones que más preocupan es "la cercanía que está teniendo" Puig con Zapatero

Puig da plantón al Comité Federal del PSOE en plenas maniobras de Sánchez para fulminarle

Ximo Puig
Sánchez y Ximo Puig en el Congreso del PSPV (Foto: Efe).

Ante las críticas recibidas tras la debacle del PSOE en las elecciones andaluzas del pasado mes de junio -que obligaron a Pedro Sánchez a remodelar la Ejecutiva Federal y a ultimar una crisis de Gobierno que acometerá a principios de septiembre- el secretario general de los socialistas tiene miedo a que, en caso de un mal resultado en las municipales y autonómicas del año que viene, -como prevén todos los sondeos- los barones se rebelen contra él. Su principal temor se llama Ximo Puig. La relación entre Sánchez y el presidente de la Generalitat Valenciana se ha deteriorado mucho en los últimos meses.

Fuentes cercanas al presidente del Gobierno no esconden el miedo de Sánchez a los movimientos que, sin esconderse, hace meses que promueve Puig, emulando a lo que, en su momento, hizo Susana Díaz. Una de las cuestiones que más preocupan es «la cercanía que está teniendo» con José Luis Rodríguez Zapatero. El jefe del Gobierno regional valenciano y el ex presidente del Gobierno han estrechado los lazos «y hablan muy a menudo de cuestiones orgánicas».

Con un PSOE andaluz en horas bajas y su líder, Juan Espadas, muy debilitado por el mal resultado que cosechó el 19 de junio, el PSPV y Puig se han convertido en la principal referencia para el PSOE a nivel autonómico. La provincia de Valencia, sin ir más lejos, ha superado en número de afiliados a la de Sevilla, la más grande históricamente. Eso hace de Puig, hoy por hoy, el barón más importante. Y «él se lo cree». Sus colaboradores más cercanos, según fuentes del partido en la comunidad, incluso le están susurrando «que puede llegar a La Moncloa».

En la Generalitat, además, alardean a menudo de que Sánchez les «copia». Consideran que la mayoría de acciones que adopta el presidente valenciano son reproducidas, posteriormente, a nivel nacional. Desde el pacto del Botànic hasta algunas de las medidas económicas que se han tomado en las últimas semanas. El president se ve «como un espejo» para el jefe del Ejecutivo. Aunque en Moncloa, claro está, la percepción es totalmente distinta.

Con un PSOE prácticamente anestesiado y servil a su líder, con los barones tradicionalmente críticos moderando sus palabras en los órganos de decisión de la organización, como el Comité Federal, Ximo Puig «aguarda su momento», explican en su entorno. Buena muestra de ello es su ausencia en el último Comité Federal extraordinario y urgente que se celebró tras la dimisión de Adriana Lastra. No era la primera vez. En 2018 Puig también  dio plantón a Sánchez argumentando cuestiones de agenda.

Factura por Andalucía

Ya antes incluso de la debacle en las elecciones andaluces, algunos barones atisbaban que el partido no iba por buen camino. Algunos, como María Chivite o Emiliano García-Page decidieron no desgastar su imagen apoyando a Juan Espadas, un candidato perdedor según las encuestas. Y no se equivocaron.

El resquemor entre los líderes regionales socialistas se avivó al ver los derroteros que seguía la campaña de las andaluzas. El espectáculo flamenco previo a cada mitin de Espadas se veía como un ejemplo desesperado de movilizar al votante socialista andaluz. Y para muchos de los barones presentes en estos actos, resultaba una medida poco seria.

Por eso, alguno de los barones que han pasado parte de esta legislatura aletargados, alzan la voz incluso contra los socios del Gobierno de coalición. El presidente de Aragón, Javier Lambán, defendió la actuación del Rey ante el paseíllo de la espada de Bolívar en la toma de posesión de Petro. Y lo hizo en plena campaña podemita contra Felipe VI.

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