OKDIARIO acompaña a Sánchez y su familia desde Bristol subidos a un avión comercial tras ocho años abusando del Falcon
Pedro Sánchez ha usado un avión comercial para volver de Bristol a Madrid tras la graduación de su hija Ainhoa. Como en la propia graduación de Ainhoa, OKDIARIO ha acompañado a Sánchez y su familia en el vuelo de vuelta. La imagen de Pedro Sánchez y Begoña Gómez en un vuelo comercial no debería ser noticia. Muchos primeros ministros europeos se desplazan, habitualmente, en compañías comerciales incluso a compromisos oficiales. La mayoría separan, claramente, de forma muy escrupulosa, sus viajes oficiales de sus viajes privados a la hora de usar medios públicos.
No ha sido el caso de Pedro Sánchez, que ha batido récord en el uso -y abuso- del Falcon, los Airbus y los Super Puma del Ejército del Aire para camuflar viajes de placer, familiares o de partido con un coste histórico para las arcas públicas y para la contaminación del planeta. La imagen de Sánchez que ofrecemos en exclusiva en OKDIARIO es absolutamente excepcional e inédita en sus ocho años de gobierno. Trasciende el ámbito de lo privado para convertirse, excepcionalmente, en una imagen de relevancia pública para un presidente (y familia) que han batido el record de uso de medios aéreos oficiales para justificar desplazamientos privados.
Bristol-Madrid en familia
Pedro Sánchez, Begoña Gómez, sus hijas Ainhoa y Carlota y los padres de Sánchez llegaron al aeropuerto de Bristol junto a siete escoltas y el jefe de Gabinete de Sánchez, Diego Rubio, diez minutos antes del avión de EasyJet que los traería directos a Madrid. Sánchez, Begoña Gómez, Diego Rubio y un escolta estuvieron en una sala aparte hasta embarcar. El resto de la familia Sánchez compartió la sala de embarque de todos los pasajeros y subieron con ellos al avión.
Cuando todo el pasaje ya estaba sentado, el grupo VIP de Sánchez y su mujer accedió a la aeronave. Sánchez, Begoña y el jefe de Gabinete de Moncloa se sentaron juntos en la fila 3. En la misma fila 3, pero a la izquierda del pasillo, los padres de Pedro Sánchez. Delante, en la fila 2, Ainhoa y Carlota, muy pendientes en todo momento de sus abuelos.
Los escoltas se repartieron en torno a ellos. Cada movimiento de un pasajero hacia el aseo, en la parte delantera del avión, era seguido por su ojos para evitar contacto directo o fotos del presidente del Gobierno. Sólo un pasajero se atrevió a saludar a Sánchez y le pidió una foto. Él contestó: «Al llegar a Madrid». Era mentira. Al llegar a Madrid, los escoltas bloquearon la salida de los pasajeros y todo el grupo familiar, con Sánchez a la cabeza, salió del avión y bajó por la escalera lateral del finger. En pista les esperaba un microbús y un coche de escolta de la Guardia Civil. Cinco de los siete escoltas se quedaron en el aparato, salieron con los pasajeros y fueron a recoger el equipaje de todos en las cintas de salida.
Durante el vuelo, la familia Sánchez permaneció sentada. Ainhoa, dormida. Los demás despiertos. Begoña Gómez permaneció con gafas de sol todo el viaje. Algunas risas con Diego Rubio y, sobre todo, mucho cuchicheo al oído y en voz baja entre ella y Sánchez. Sánchez y su mujer han intentado que no se escuchara de qué hablaban.
La azafata pasa y les ofrece un refresco. Begoña contesta sin mirar tras sus gafas de sol con un seco y no muy agradable «no». Ni «gracias», ni nada más. Sánchez ni mira ni contesta a la azafata. Está en las nubes, literalmente, mirando por la ventanilla. Los cuchicheos entre ellos continúan asomándose constantemente al móvil de Begoña. La mujer del presidente lleva un almohada de viaje en el cuello desde Bristol a Madrid. Lee algo en un Kindle. ¿Quizá algún documento relacionado con sus problemas judiciales? El lunes, la Audiencia de Madrid delibera si la sienta en el banquillo definitivamente por cuatro delitos. Estos días, ha jugado al despiste con el juez Peinado en relación al lugar y la fecha de la graduación de Ainhoa y a efectos de devolverle el pasaporte.
Antes de abandonar el avión, Pedro Sánchez comprueba que los Falcon (y no digamos los Airbus de 280 plazas como el que le llevó de Ankara a Londres) son más cómodos que un avión comercial de la gente normal. Al levantarse del asiento para salir del avión, Sánchez se da un buen coscorrón con el compartimento superior del equipaje. Si hubiera ido en Falcon, como acostumbra, no le hubiera pasado.
El Rey del Falcon
Desde 2018, Sánchez ha dado más de 20 veces la vuelta al mundo en Falcon y Airbus. Su mandato comenzó con polémica al exhibirse, nada más llegar a Moncloa, en un Falcón con gafas de aviador. Amante de la ostentación que rodea al poder casi más que del poder mismo según quienes le conocen, Sánchez forzó la escena de autobombo al obligar a los oficiales del Ejército del Aire a hacerse una foto mientras se cuadraban ante él. Era el 24 de junio de 2018. Llevaba tres semanas como presidente. La imagen fue objeto de críticas y memes.
En julio, un mes después, Begoña Gómez entró en la ecuación del Falcon para sus viajes de recreo. Sánchez y ella se fueron al FIB, el Festival Internacional de música de Benicasim, en otro Falcon. Moncloa mintió cuando la prensa pidió explicaciones. Dijeron que habían ido «por carretera». Descubierto el pastel se limitaron a afirmar que el avión no contaminaba mucho.
Lo siguiente, en septiembre de 2018, fue movilizar un Super Puma desde Madrid para asistir, en La Rioja, a la boda de su cuñado. Sánchez mandó a sus escoltas en coche. Cuando la oposición pidió información en el Congreso, Sánchez declaró secreto oficial todos sus vuelos aduciendo razones de seguridad. Inédito en democracia. En realidad, Sánchez lo que hizo fue una declaración de intenciones a futuro para todo su mandato: considerar, de facto, que los aviones del Grupo 45 del Ejército del Aire son suyos y que hace lo que quiere con ellos.
Desde entonces, oscuridad total. No hay información, salvo por el trabajo de la prensa libre, como OKDIARIO. Los casi 50 misteriosos vuelos del Falcon a la República Dominicana, en estos años, empiezan a dejar de ser un «bulo de la fachosfera» a la luz de las noticias de corrupción galopante y generalizada que enfangan a Sánchez, a Begoña Gómez, a su Gobierno y al PSOE. No se sabe cuándo y para qué Pedro Sánchez y su familia han usado y usan el Falcon de foma privada. La última vez fue para ir al Primavera Sound de Barcelona el mes pasado.
Gracias a las estimaciones realizadas por portales independientes y las escasas y censuradas respuestas al Portal de Transparencia podemos saber que, en estos ocho años, sólo Sánchez, ha realizado entre 900 y 1.200 vuelos en aviones oficiales del Estado. La propia Moncloa ha convertido la imagen que hoy ofrece en exclusiva OKDIARIO en noticia al negarse a ofrecer con transparencia los datos disgregados del uso del Falcon y de los medios oficiales para los desplazamientos juntos o separados de Pedro Sánchez y su familia.
Begoña y la OTAN
La última polémica ha sido esta misma semana. Tal y como adelantó OKDIARIO, Sánchez movilizó de forma abusrda un Airbus y dos Falcon para que Albares, Margarita Robles y él fueran a la Cumbre de la OTAN en Ankara. Un Falcon fue vacío. El otro llevaba a los ministros. Sánchez se reservó el Airbus con el que viajó a la graduación de su hija en el Reino Unido el miércoles por la noche. Dejar un Airbus parado en Londres dos días hubiera sido demasiado. Jueves viernes, la Familia Real tenía agenda.
El Airbus volvió vacío de Londres a Madrid la misma noche del miércoles. ¿Se hubiera atrevido Sánchez a hacer volar, ayer viernes, otro avión desde España a Inglaterra para ir recogerles? Probablemente, sí. Ya lo hizo, al menos, en el FIB de 2018.
¿Hubiera metido a toda la familia y los escoltas -14 personas- en un Falcon para volver de Bristol a Madrid de un evento privado a costa del herario público tras las críticas por el despliegue de aviones en Ankara? Probablemente, también. Lleva haciéndolo desde 2018.
Pedro Sánchez es el Rey del Falcon, aunque ayer bajó por un par de horas, coscorrón en la cabeza incluido, al suelo del común de los mortales junto a su amada Begoña. Y OKDIARIO, también, de nuevo, les acompañó para ser testigo de una imagen insólito en los albores, le guste o no, más tarde o más temprano, del sanchismo.