CRIMEN DE LARDERO

El jefe de la cárcel de Logroño dejó libre al depredador de Lardero para no contradecir a Marlaska

crimen Lardero
El detenido por el crimen de un niño en Lardero, Francisco Javier Almeida.
Alfonso Egea
  • Alfonso Egea
  • Jefe de Investigación en OKDIARIO. Anteriormente fui responsable de la sección de Actualidad y Sucesos en Espejo Público, en Atresmedia. He publicado cuatro libros y actualmente colaboro en programas de televisión en Mediaset y en Telemadrid. Agradecido por tener el reconocimiento de la Policía Nacional de Madrid y la medalla al mérito de la Guardia Civil.

El pasado jueves Francisco Javier Almeida pasó por el parque de Lardero, en La Rioja, en el que Álex jugaba con un amigo disfrazado de la niña del Exorcista. El hombre, de 55 años, había acechado al niño, de 9, y con engaños se lo llevó hasta un portal en el que minutos más tarde fue detenido al lado del cuerpo sin vida del chiquillo. Cuatro días más tarde el director de la cárcel de Logroño pasaba toda una jornada festiva revisando los expedientes del presunto homicida. Fue su cárcel, fue él, quien en mayo de 2020 dejó en libertad a Almeida habiendo podido prolongar su cumplimiento penitenciario en semilibertad durante tres años más.

Los últimos profesionales del entorno penitenciario que más y mejor conocían a Almeida eran los profesionales de la cárcel de El Dueso. Allí, Francisco Javier cumplió una gran parte de la peor de sus dos condenas conocidas, la del crimen de la inmobiliaria, acaecido en Logroño en 1998. Almeida había asesinado brutalmente a una mujer asestándole 17 puñaladas. Todas, menos una, fueron superficiales y, según las partes que participaron en aquella investigación, Almeida las asestó por el mero hecho de sentir el placer que le proporcionaba ver sufrir a sus víctimas. Placer sexual físico que el acusado alcanzaba contemplando cómo se le escapaba la vida a la mujer a la que acabó rematando de una certera puñalada en el corazón.

En El Dueso sabían bien lo que Almeida podía hacer en libertad. De hecho, la historia ya estaba escrita. En 1997 había salido en libertad tras haber secuestrado a una vecina, una niña de 13 años para estrangularla en su casa hasta que la menor perdió el conocimiento. La dejó irse y eso le supuso una condena de siete años de prisión. Aguantó un año en la calle, lo que se considera periodo de enfriamiento entre una agresión y otra, hasta que atacó a la mujer de la inmobiliaria.

Por eso, cuando el preso pidió a la junta de tratamiento de El Dueso progresar al tercer grado penitenciario, los expertos que forman esta junta se negaron. La junta de cualquier centro penitenciario la componen un psicólogo, un trabajador social, un educador, el subdirector de tratamiento, el director del centro penitenciario, un médico, cuya opinión puede ser de mayor o menor relevancia según los casos, y un jefe de servicios. En este organigrama común y para el caso que nos ocupa, las opiniones capitales son la del psicólogo y la del educador.

El comportamiento de Almeida en prisión fue como el de todos los depredadores sexuales. Obedientes y dóciles hasta tal punto que llegan a convertirse, como fue su caso, en excelentes presos de confianza penitenciaria que disfrutan de los beneficios de ser internos útiles para la Administración. En el caso de Almeida llegó a ordenanza del módulo de ingresos y a disfrutar de celda propia. Pero el secreto de estos internos no está en valorar su comportamiento intramuros, donde no hay mujeres ni niños a los que someter. Lo realmente importante es predecir su comportamiento en libertad, cuando se cruzan con posibles víctimas como Álex, en Lardero. Y aquella junta dijo que Almeida no podía salir a la calle todavía. Ni el educador ni el psicólogo podían garantizar que no reincidiera por segunda vez.

En contra de dejarlo en libertad

Así que la decisión de que Almeida saliera en libertad se tomó a cientos de kilómetros de El Dueso y por personas que no habían tenido ninguna relación con Almeida. Las fuentes consultadas por OKDIARIO aseguran que se trata de una puesta en libertad con más fines estadísticos que de reinserción. El tercer grado penitenciario obtenido por Almeida, ir a dormir a un centro de internamiento, le permitió solicitar la libertad condicional de la que estaba disfrutando cuando presuntamente secuestró al pequeño Alex en Lardero. ¿Quién le concedió esta condicional? La cárcel de Logroño.

Si alguien conoce la trayectoria criminal de Almeida son los trabajadores de la cárcel de Logroño, ya que en su demarcación secuestró a la niña de 13 años en 1989 y asesinó a la trabajadora de la inmobiliaria en 1998. El centro tenía argumentos objetivos para no dejarlo en libertad hasta la llegada del final del cómputo oficial de su condena, dentro de tres años, pero hacerlo sería haber contravenido una instrucción inmediatamente anterior y directa proveniente de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. Tal vez por eso, el 1 de noviembre, día festivo, el director de la cárcel de Logroño pasó el día en su despacho repasando el expediente de Almeida después de volver a tenerlo en su cárcel tras la muerte del niño de Lardero.

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