ingreso mínimo vital

Una familia que vive del Ingreso Mínimo gana casi 2.200 € más al año que un trabajador con un sueldo de 18.000

Una familia que vive del Ingreso Mínimo gana casi 2.200 € más al año que un trabajador con un sueldo de 18.000
Jose de la Morena
  • Jose de la Morena
  • Jose de la Morena, periodista especializado en economía desde hace más de 15 años, desarrolla su labor en el campo de la comunicación desde el prisma de las tendencias, los números y resultados de las distintas compañías. Una tarea que le ha llevado a conocer a fondo el mundo empresarial. Ha trabajado también en comunicación corporativa y como asesor para distintas marcas internacionales e institucionales.

El vídeo de unas jóvenes conocidas en redes como Las Jessis ha desatado una tormenta en las redes sociales después de que presumieran abiertamente de vivir del Ingreso Mínimo Vital sin trabajar. Las imágenes, que se han viralizado en cuestión de horas, muestran a las protagonistas alardeando de cobrar ayudas públicas mientras critican a quienes optan por emplearse. Lo que Las Jessis no sabían es que su vídeo acabaría destapando uno de los mayores absurdos del sistema de prestaciones diseñado por el Gobierno de Pedro Sánchez: una familia que vive del IMV puede llegar a ingresar casi 2.200 euros más al año que un trabajador con un sueldo de 18.000 euros brutos. En la España de Sánchez, ¿no trabajar sale más a cuenta que trabajar?

La comparación entre lo que cobra una familia beneficiaria del Ingreso Mínimo Vital (IMV) y lo que recibe un trabajador con un salario situado apenas por encima del mínimo vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre los incentivos al empleo en España. Las cuentas oficiales muestran una paradoja: un hogar formado por dos adultos sin ingresos y dos hijos de seis años puede recibir 1.508,84 euros mensuales entre el IMV y el complemento de infancia, mientras un trabajador soltero que cobra 18.000 euros brutos se queda con unos 1.326 euros mensuales después de cotizaciones y retenciones.

La diferencia alcanza así los 182 euros mensuales y casi 2.200 euros al año a favor del hogar que no obtiene ningún ingreso del trabajo. Eso no significa que la familia beneficiaria del IMV tenga una renta per cápita superior (las ayudas deben mantener a cuatro personas frente a una en el caso del trabajador), pero sí refleja la escasa distancia que puede existir entre los ingresos monetarios de un hogar completamente dependiente de las prestaciones y el salario neto de los trabajadores, cuyas cotizaciones sirven precisamente para mantener a los hogares que no lo hacen.

Para realizar la comparación, se han utilizado deliberadamente supuestos conservadores y se han dejado fuera prestaciones adicionales como las ayudas al alquiler, becas de comedor, descuentos energéticos o ayudas municipales y autonómicas.

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1.509 euros al mes sin ingresos laborales

El primer caso es el de una unidad de convivencia formada por dos adultos y dos niños de seis años, en la que ninguno de los progenitores trabaja ni obtiene otros ingresos computables.

La renta garantizada por el IMV para un hogar de esas características asciende en 2026 a 1.393 euros mensuales, según las cuantías establecidas por la Seguridad Social. Esto supone 16.726 euros anuales.

A esa cantidad se suma el Complemento de Ayuda para la Infancia (CAPI). Para los menores que ya se encuentran en el tramo de edad de seis a 18 años, la prestación asciende a 57,50 euros mensuales por hijo. Dos niños elevan así la ayuda en otros 115 euros mensuales o 1.380 euros anuales.

El resultado es que una familia de cuatro miembros en la que ninguno de los dos adultos trabaja puede disponer de 1.508,84 euros mensuales en prestaciones monetarias, equivalentes a 18.106,08 euros al año.

La cifra es además inferior a algunas estimaciones que están circulando en redes sociales y que sitúan el IMV de una familia similar por encima de los 1.500 euros antes incluso de añadir el complemento infantil. Esa cantidad corresponde a determinados supuestos especiales y no a una unidad ordinaria formada por dos adultos y dos menores.

El cálculo tampoco incluye otros beneficios vinculados a la condición de beneficiario del IMV o a unos ingresos familiares reducidos. Entre ellos pueden encontrarse el bono social eléctrico, la exención del copago farmacéutico, becas de comedor o determinadas ayudas autonómicas y municipales.

No se han sumado porque algunas dependen de convocatorias, requisitos adicionales, lugar de residencia o gastos efectivos del hogar. Por tanto, los 18.106 euros representan una comparación más conservadora que la que resultaría de intentar monetizar todas esas ventajas.

‘Paco’ trabaja por 18.000 euros

En el otro extremo de la comparación está un trabajador al que llamaremos Paco. Vive solo, no tiene hijos y cobra 18.000 euros brutos anuales, apenas 906 euros por encima del salario mínimo anual de 2026. Sus cotizaciones

Paco genera así 1.500 euros brutos mensuales, expresando las pagas extraordinarias de forma prorrateada. Sin embargo, esa cantidad no llega íntegramente a su cuenta bancaria.

Un trabajador indefinido soporta aproximadamente un 6,5% de cotizaciones sociales entre contingencias comunes, desempleo, formación profesional y el Mecanismo de Equidad Intergeneracional. Sobre 18.000 euros, esto representa alrededor de 1.170 euros anuales.

A ello se suma el IRPF. Aplicando el sistema oficial de retenciones de la Agencia Tributaria para 2026 a un trabajador soltero, sin hijos, menor de 65 años, sin discapacidad y sin otras circunstancias especiales, el tipo de retención resultante ronda el 5,07%, equivalente a unos 912,60 euros al año.

De los 18.000 euros que cuesta generar con su trabajo, por tanto, Paco conserva aproximadamente 15.917 euros, o unos 1.326 euros mensuales si se distribuye el ingreso anual entre doce meses.

La comparación resulta así especialmente llamativa. La familia sin ingresos laborales alcanza 18.106 euros anuales entre IMV y complemento infantil, mientras Paco conserva aproximadamente 15.917 euros de su salario después de cotizaciones y retenciones.

Son 2.188 euros anuales de diferencia, o 182 euros al mes, a favor del hogar en el que ninguno de los dos adultos obtiene ingresos trabajando.

La comparación no implica que ambas situaciones económicas sean equivalentes. Los 1.509 euros de la familia deben repartirse entre cuatro personas, mientras Paco dispone de sus 1.326 euros para él solo. La renta per cápita del trabajador es, por tanto, superior, aunque Paco no tiene el día libre ni la capacidad de sumar ingresos distintos a su familia, pero si paga cotizaciones.

Lo que muestran las cifras es otra cuestión: dos adultos pueden permanecer completamente fuera del mercado laboral y recibir para su hogar más dinero mensualmente en prestaciones que el salario neto que obtiene una persona que trabaja por 18.000 euros brutos al año.

Y la diferencia podría ampliarse en términos de renta disponible si la familia accede a otras ventajas asociadas a sus bajos ingresos, mientras el trabajador tiene que asumir íntegramente gastos como vivienda, electricidad o transporte para acudir a su puesto de trabajo.

El debate, por tanto, no está tanto en si una familia beneficiaria del IMV vive mejor que un trabajador soltero como en hasta qué punto el sistema español mantiene suficientes incentivos económicos para no incorporarse al mercado laboral en los escalones salariales más bajos.

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