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El origen de las mandarinas de Mercadona: producto 100% nacional

Cada año, cuando las primeras mandarinas empiezan a llenar las fruterías en octubre, muchos compradores se preguntan de dónde sale exactamente esta fruta que marca el inicio de la temporada. Es un producto tan cotidiano que casi se da por hecho que siempre es igual, pero detrás hay una cadena de producción enorme que conecta directamente con el campo español. En el caso de Mercadona, esa pregunta tiene una respuesta especialmente clara y muy valorada por los clientes y es que la compañía trabaja con mandarinas de origen nacional durante prácticamente toda la campaña.

La apuesta por la procedencia española no es un detalle menor. Es una de las decisiones que explican por qué el consumidor percibe que la fruta tiene un sabor estable, una frescura reconocible y una rotación que es coherente con la época del año. Las mandarinas de Mercadona no viajan desde miles de kilómetros ni dependen de las importaciones, sino que llegan de zonas productoras históricas que llevan generaciones dedicadas al cultivo de cítricos.
De este modo, y en un momento en el que cada vez más gente revisa etiquetas, consulta de dónde viene lo que se compra y busca alimentos de cercanía, el origen nacional se ha convertido en un argumento de compra clave. Y en el caso de Mercadona, no es una estrategia puntual, sino un compromiso mantenido desde hace años con agricultores y cooperativas españolas.

El origen de las mandarinas de Mercadona: producto 100% nacional

La cadena confirma que, desde principios de octubre y hasta finales de junio, todas las mandarinas que se venden proceden de explotaciones situadas en Andalucía, Región de Murcia, Comunitat Valenciana y Cataluña. Estas regiones concentran algunos de los cultivos citrícolas más importantes de Europa y cuentan con productores especializados que abastecen a la cadena de manera estable.

Y es algo que podemos comprobar con sólo mirar las etiquetas que acompañan las mallas de 2 kilos, que se venden en sus tiendas y en las que podemos ver el nombre de empresas como Xirivella, Xeresa o Beniflá, todas ellas de Valencia, y que aparecen como puntos de origen del envasado, lo que confirma ese vínculo directo con el campo español que Mercadona siempre destaca durante la campaña.

Más del 90 % de las mandarinas que vende Mercadona son españolas

Aunque la campaña nacional ocupa la mayor parte del año, la apuesta por el producto local no termina en junio. La compañía explica que, incluso teniendo en cuenta el conjunto de la temporada, más del 90 % de las mandarinas que se comercializan proceden de cultivos españoles. Esta cifra da una idea clara del peso que tiene el sector citrícola dentro del suministro de la cadena.

Para el consumidor significa que, cuando compra una bolsa o una pieza suelta, lo habitual es que provenga del campo español. No es un dato anecdótico. Supone tener fruta recolectada en fechas muy próximas, sin grandes desplazamientos y con un control más directo del proceso de selección y calibrado.

Variedades que llegan a las tiendas según la época del año

El calendario agrícola marca qué tipo de mandarina aparece primero y cuál cierra la temporada. Mercadona va ajustando la oferta a las variedades que maduran en cada momento. Entre las más habituales están Oronules, Clemenules, Clemenvilla, Leanri, Orri, Tango o Nadorcott, todas ellas presentes en distintos momentos del otoño, el invierno o el final de la primavera.

En la actualidad, por ejemplo, podemos encontrar en las tiendas de Mercadona, la variedad Leanri y Nadorcott, ambas calificadas como categoría I y tamaño 2/3, lo que encaja con los estándares comerciales habituales. Cada variedad ofrece un perfil distinto en dulzor, acidez y aroma, algo que se nota especialmente cuando avanza la temporada y la fruta gana cuerpo y sabor.

El precio también es un factor importante para el comprador medio. En este momento, Mercadona comercializa mandarinas sueltas por 0,27 euros la unidad, con un peso aproximado de 117 gramos. La malla de 2 kilos se sitúa en 3,90 euros por unidad, un formato habitual para familias que consumen fruta a diario y buscan una opción más económica.

Un producto que refuerza el vínculo entre supermercado y agricultores

El caso de las mandarinas es un ejemplo claro de colaboración entre gran distribución y productores españoles. Mercadona mantiene acuerdos estables con cooperativas y empresas citrícolas que permiten asegurar un suministro constante, una calidad homogénea y una campaña larga que abarca gran parte del calendario anual. Para los agricultores supone estabilidad y planificación, y para los consumidores la garantía de un origen conocido.

Quien compra estas mandarinas suele fijarse en la etiqueta casi sin pensarlo, porque ahí aparece todo lo que interesa de verdad: la variedad, de qué zona viene y quién la ha envasado. Son datos que ayudan a hacerse una idea rápida de lo que uno está llevando a la cesta. Y, al final, lo que más suele valorarse es comprobar que la fruta ha salido del campo español y no de miles de kilómetros.