Viaje a los orígenes de Lookman: «Se pasaba horas jugando al fútbol en el garaje y era introvertido»
OKDIARIO se traslada al barrio obrero en el que se crió el delantero rojiblanco
No siempre tenía un plato de comida en casa y se pasaba las horas con un balón en los pies
Ha pasado de jugar la liga amateur de los domingos a estar a un paso de la final de la Champions
Algunos accidentes naturales ejercen, de manera involuntaria, como fronteras culturales, económicas y sociales. El Támesis actúa como escisión en Londres. En el norte luce el escaparate con neones en Picadilly; los farolillos rojos de Chinatown del Soho; las franquicias de Leicester Square y la excentricidad de Camden Town. En el sur se forja la trastienda de la ciudad entre casas colmena, hormigón, inmigración y penurias. Así permanecería en el imaginario popular de no ser por regates como los de Ademola Lookman (Londres, 1997), delantero del Atlético que este martes regresa a casa.
Havil Street se encuentra a algo menos de 10 kilómetros del norte de Londres, a más de una hora en autobús. Se encuentra ubicada en Camberwell, uno de los barrios con índices altos de delincuencia y violencia. Allí se crió Lookman, aunque nació en Wandsworth. Ser hijo de Camberwell es ser vástago de ese Londres diverso, multicultural e impreciso. Lookman nació en Inglaterra como consecuencia de la diáspora nigeriana y vivió en Havil Street junto a su hermana y su madre, quien trabajaba de limpiadora, cuidadora, camarera… De lo necesario para traer un plato de comida que no siempre estaba presente.
«En ocasiones, Lookman ha cenado en casa de otros vecinos cuando era pequeño porque no tenía para comer», cuenta a OKDIARIO un vecino que sale del bloque de viviendas colmena. «La familia de Lookman era muy querida por todos y él era un chico responsable con sus estudios y bastante tímido e introvertido», añade. «No soltaba el balón», apunta. La parte trasera del edificio fue el primer estadio de Lookman, aunque la pared le gritase lo contrario. «No ball games», preside un cartel de la fachada lateral. Ademola utilizaba la zona de aparcamiento como campo de fútbol.
«Se pasaba horas jugando al fútbol en la zona de los garajes de atrás. Regateaba bien, pero no imaginaba que pudiera llegar a ser profesional. Me alegro por él y su familia», finaliza el vecino. El fútbol de calle, esa factoría de talento improvisado que camina inexorablemente hacia la extinción, permitió volar a Lookman. A sus 16 años disputaba la Sunday League -liga amateur dominical en Londres- cuando en un encuentro tradicional de fin de temporada contra el equipo Sub-16 del Charlton, llamó la atención de los ojeadores.
El club le fichó y en poco más de un año y medio debutó con el primer equipo en Segunda División inglesa. Del Charlton dio el salto al Everton y a una Premier League que todavía recuerda su carta de presentación. Gol al Manchester City a los cuatro minutos de debutar. Sin embargo, fue hilvanando cesiones estériles en Fulham y Leicester hasta que desembocó en la Atalanta italiana y explotó su talento. Inglaterra, país con el que Lookman fue campeón del mundo Sub-20, no contó con el delantero para la absoluta y decidió jugar para Nigeria.
Este martes, el chico del sur de Londres que daba patadas a un balón en la calle y no siempre tenía un plato de comida, cruza el Támesis para conquistar el norte. Se juega el pase a toda una final de Champions ante el Arsenal, en el Emirates Stadium. «Me crié en Londres y la primera vez que estuve en un partido del Arsenal fue con el Charlton, siendo niño. Será un partido especial, pero lo que quiero es ganar», reconoce el nigeriano. Por sus pies —revulsivos desde que llegó en el agresivo mercado invernal— pasan bastantes opciones del Atlético al otro lado del Támesis. Oportunidad para que brille en el lugar de las luces de neón y la purpurina. Y, de paso, reivindicar el sur. Se puede salir del barrio, pero el barrio no sale de uno.