Fernando Alonso y McLaren se quedan sin el jefe Dennis: ¿y ahora qué?
Rictus impecable, mirada penetrante, lengua voraz y una presencia abrumadora para su todavía temprana edad. Entre bambalinas de gasóleo y grasa se crió el, quizá, más legendario mandatario de la F1. 16 años de infancia le sobraron para dedicar su privilegiada mente a la mecánica. Su estilo escrupuloso y atildado le sirvió para promocionar rápido en un deporte que no da facilidades a nadie. Ególatra, disciplinado, hasta el punto irreverente pero, sobre todo, un ganador. Ron Dennis, de mecánico a controlar McLaren para elevarlo al Olimpo del deporte. Y como una esquela: 1981-2016.
Son 35 años bailando al aséptico baile británico en Woking, la casa que no ha puesto un cristal así o asá sin el consentimiento de Ron. Una severa instrucción que ha derivado felizmente en 7 títulos de Constructores y 10 de Pilotos. Una bonita historia que, como una de Christopher Nolan, tiene una final abierto. Porque, sí, el mentor de Ayrton Senna, al que renovó lanzando una moneda al aire, dice adiós a la dirección de la mítica media luna, quién sabe si a mejor… o a peor.
Así las cosas, Fernando Alonso, a lo DiCaprio en Origen, habrá lanzado el totem para verificar si lo de McLaren-Honda no es más que un sueño intangible, o el 2017 es un leve hilo de esperanza en una expiación que no acaba. El impacto inicial no debe desembocar en una fulminante marcha del 14: tiene contrato hasta finales de la futura temporada. El potencial Director Ejecutivo tendrá dos tareas de difícil envergadura: convencerle para renovar y encontrar un patrocinador principal como sea.
Pérdidas comerciales e incógnitas en el ámbito deportivo de McLaren-Honda
El cataclismo en McLaren arranca con un seísmo burocrático importante y, a su vez, comercial. Los primeros datos que se vierten hablan de pérdidas de ofertas comerciales con la salida de Ron Dennis: 185 millones de euros. El delicado momento económico, sólo salvado por la inyección constante de Honda, complica el futuro de una cartera que se ha ido vaciando, como la de un becario a principios de mes, fruto de resultados deportivos mediocres.
Se produce una dicotomía de intereses con esta situación para Fernando Alonso: ahora es el máximo valedor desde el punto de vista comercial para atraer billetes. La cara oculta de la media luna es la complicada situación deportiva. El proyecto McLaren-Honda sigue sin carburar, a pesar de un leve aire esperanzador en 2016, esperando un milagro en 2017, fruto del siempre misterioso cambio de normativa. Ahora, no hay dudas de cómo están las cosas: Mercedes, Red Bull, Ferrari y, cuando todo es proclive, ellos.
La obligada excursión de Dennis al océano, pese a quién el pese, un manifiesto ganador, mientras McLaren se arrastra por la parrilla, puede ser un giro exorbitado en el temprano rumbo de la legendaria marca. Un cambio así genera un evidente miedo, pero quizá sea el momento de arriesgar (todavía más) para la ex dominante escudería. Porque, ya lo decía Darwin, no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la más receptiva al cambio. Hágase, Charles.
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