Lavarse los pies con sal y aceite de oliva: por qué algunos expertos lo recomiendan y para qué sirve
No es capaz de reemplazar tratamientos médicos ni curar enfermedades, pero muchas personas la incorporan a su rutina
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El cuidado de los pies, aunque siempre lo dejemos en segundo plano, es tan importante como el del resto del cuerpo. Es por ello que muchos expertos recomiendan lavarse con aceite de oliva y sal, un método que tiene muchos beneficios y puede cambiar su aspecto. Esta práctica, más popular durante el invierno, apunta a hidratar la piel y aliviar el cansancio tras un día largo.
No es capaz de reemplazar tratamientos médicos ni curar enfermedades, pero muchas personas la incorporan a su rutina, más cuando el frío reseca la piel. La sal ayuda a limpiar la piel, eliminar las impurezas y suavizar las durezas cuando se usa en un baño de pies con agua tibia. Además, el calor del agua favorece la relajación y alivia la sensación de pies cansados.
Por otro lado, el aceite de oliva es conocido por su poder humectante. Gracias a sus ácidos grasos y antioxidantes, hidrata la piel seca y mejora la elasticidad, al dejar los pies más suaves una vez aplicado. A la hora de hacer esta práctica, no es recomendable realizar baños de pies con sal si hay heridas abiertas, infecciones, ampollas importantes o lesiones en la piel.

Cómo hacer el lavado de pies en casa
Para poder hacerlo en casa, es conveniente primero llenar un recipiente con agua tibia. Posteriormente, hay que agregar dos o tres cucharadas de sal gruesa o marina y sumergir los pies durante 15 y 20 minutos, siguiendo con un buen secado, especialmente entre los dedos. Finalmente, se aplican unas gotas de aceite de oliva y se masajea la planta, el talón y los dedos hasta que los pies lo absorban.
Para poder potenciar la sensación de descanso, muchas personas optan por hacerlo por la noche, antes de dormir. La frecuencia para hacer esta práctica depende del estado de la piel. En personas con los pies sanos, hacerlo una o dos veces por semana suele ser suficiente, pero si están muy resecos o tienen durezas, mejor si son dos o tres veces por semana. Una vez que su aspecto mejora, lo ideal es volver a una rutina semanal de mantenimiento.