bolsas y mercados

La IA pincha la burbuja: las tecnológicas rebajan las expectativas de Wall Street tras las alarmas de OpenAI y Anthropic

Las tecnológicas empiezan a enfriar la carrera de la Inteligencia Artificial tras el caso de OpenAI y las advertencias de Anthropic

La IA pincha la burbuja: las tecnológicas rebajan las expectativas de Wall Street tras las alarmas de OpenAI y Anthropic
  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en [email protected]

Durante años, las grandes tecnológicas han tenido que convencer al mercado de que los miles de millones de dólares destinados a inteligencia artificial acabarán generando beneficios. Ahora, cuando las inversiones siguen creciendo y las expectativas son cada vez más difíciles de cumplir, aparece un nuevo elemento que puede justificar que el ritmo de desarrollo empiece a moderarse.

Para sorpresa de muchos, esta vez el debate no gira en torno a quién será capaz de desarrollar el modelo más potente, sino a que las personas encargadas de construir estos sistemas sean capaces de mantener el control sobre lo que están creando.

El caso de OpenAI ofrece una de las mejores explicaciones de por qué la seguridad ha pasado al centro del debate. Durante unas evaluaciones internas de ciberseguridad, agentes de la compañía que debían trabajar de forma aislada encontraron una vía no autorizada para comunicarse y coordinarse. Según la investigación de METR, alrededor de 1.200 agentes intercambiaron mensajes y archivos y unos 700 participaron en actividades contra Hugging Face con el objetivo de manipular la evaluación.

Para Pablo Vega, experto en finanzas de Roams, el problema «va más allá de un fallo puntual» porque demuestra un problema de control que se materializó a través de fallos de seguridad. En otras palabras, el fallo muestra que cuando una IA recibe un objetivo y autonomía suficiente, puede encontrar caminos que sus desarrolladores no habían previsto.

Javier Cabrera, analista de XTB, comparte esa preocupación y añade: «Estamos justo en la frontera entre entender o no entender lo que se está desarrollando». En su opinión, el hecho de que compañías como OpenAI y Anthropic utilicen ya IA para generar una parte relevante del código con el que desarrollan sus sistemas plantea el riesgo de que la automejora avance hasta un punto en el que los humanos tengan dificultades para comprender las mejoras introducidas por las propias máquinas.

Si bien, para muchos analistas estas advertencias llegan en un momento que no es casual. Las compañías han acelerado la carrera por desarrollar modelos cada vez más capaces mientras destinaban cantidades récord a chips, centros de datos y energía y talento. Sin embargo, todo ese gasto se sostiene sobre una expectativa.

Cómo justificar el gasto en IA

Lejos de poder justificar la inversión realizada, ahora algunos de sus propios protagonistas empiezan a pedir tiempo, o al menos, buscar una excusa. El movimiento resulta llamativo porque son precisamente las compañías que están en la frontera tecnológica las que más podrían perder si el desarrollo se ralentiza.

Como la de Dario Amodei, CEO de Anthropic, que ha reclamado que la industria reduzca el ritmo de desarrollo de los modelos más avanzados para permitir que los mecanismos de seguridad evolucionen al mismo ritmo que sus capacidades.

Su propuesta incluye evaluadores externos con acceso continuado a los sistemas, estándares comunes entre los principales laboratorios y una mayor coordinación internacional. La postura de Amodei coincide también con la del CEO de OpenAI, Sam Altman, y el fundador de SpaceX, Elon Musk.

La primera consecuencia de todo esto reside en lo económico, Cabrera apunta a que mayores exigencias de seguridad podrían convertirse también en mayores barreras de entrada. OpenAI y Anthropic dependen especialmente de mantenerse en la frontera de la tecnología, mientras gigantes como Meta, Alphabet o Microsoft cuentan con negocios diversificados que pueden seguir funcionando aunque el desarrollo de la IA avance más despacio.

Si desarrollar un modelo puntero exige más auditorías, controles, evaluaciones externas y recursos de seguridad, las compañías que ya disponen de capital, chips, centros de datos y talento parten con ventaja.

Esto no demuestra para los analistas que la seguridad sea una excusa ni que exista una estrategia para expulsar competidores. Pero sí plantea que las mismas reglas que pueden hacer más segura la carrera pueden hacer que haya menos corredores capaces de competir.

Sospechas desde el Gobierno de EEUU

La especulación ha llegado incluso al Gobierno estadounidense. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha cargado contra Amodei y ha calificado su discurso de «conspiración» y que únicamente beneficia a China.

«La Administración Trump ha impedido que los humanos de IA hagan cosas malas, o potencialmente malas, como Dario (Amodei), que ahora se hace pasar por un angelito perfecto, ¡y seguiremos haciéndolo!», ha destacado el mandatario norteamericano en redes sociales.

También el vicepresidente JD Vance ha cuestionado que las empresas más avanzadas en IA estén acudiendo al Gobierno para pedir regulación. Lo que abre otro debate sobre qué hay detrás de que las empresas que van ganando una carrera empiecen a pedir que se cambien las reglas.

Con todo esto por delante, si la seguridad obliga a ralentizar el lanzamiento de nuevos modelos, el mercado tendrá que preguntarse si los retornos llegarán al ritmo esperado. Para los inversores, el riesgo no es que la IA desaparezca sino que el dinero se haya adelantado demasiado a los beneficios.

Una ralentización podría retrasar lanzamientos y elevar los costes de desarrollo, afectando a las expectativas sobre fabricantes de chips, centros de datos y proveedores de infraestructura. Pero también podría permitir a las compañías rentabilizar durante más tiempo la capacidad que ya han construido.

Por eso la cuestión ya no es simplemente cuánto crecerá la IA, sino a qué velocidad y cuánto costará mantener ese crecimiento. La seguridad puede obligar a ganar tiempo a las compañías, pero ganar tiempo también les permite no pinchar la burbuja y alcanzar las expectativas que ellas mismas han creado.

Lo último en Economía

Últimas noticias