Robin Williams y su brillante reflexión sobre la vida: «Sólo se nos concede una pequeña chispa de locura; no debes perderla jamás»
El actor y humorista defendió una manera de entender la vida basada en conservar la imaginación y la espontaneidad
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Robin Williams consiguió algo que muy pocos artistas han logrado, que consiste en hacer reír a millones de personas y, al mismo tiempo, emocionar con personajes capaces de hablar sobre la libertad, la imaginación y la importancia de ser uno mismo. El actor estadounidense dejó numerosas reflexiones a lo largo de su carrera, pero hay una especialmente relacionada con su forma de entender la creatividad y la vida. «Sólo se nos concede una pequeña chispa de locura en esta vida; no debes perderla jamás». Una frase que resume parte del espíritu que convirtió al intérprete en una figura irrepetible.
Una chispa que no debemos apagar
La palabra locura adquiere en esta reflexión un significado muy diferente al que puede tener en el lenguaje cotidiano. Robin Williams no la utilizaba necesariamente para hablar de una enfermedad o de un trastorno, sino como una metáfora de esa capacidad para salirse de lo establecido. La frase invita a conservar la curiosidad, la imaginación y la espontaneidad incluso cuando las responsabilidades y las convenciones sociales hacen que parezcan desaparecer.
Una carrera marcada por la improvisación
Robin Williams nació en Chicago en 1951 y estudió interpretación en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York. Su particular estilo de humor, caracterizado por la velocidad, la improvisación y una enorme capacidad para crear personajes, terminó convirtiéndolo en una de las grandes figuras de la comedia estadounidense. Su salto a la popularidad llegó con Mork & Mindy, antes de consolidarse también en el cine.
Películas como Good Morning, Vietnam, El club de los poetas muertos, Hook, Mrs. Doubtfire o El indomable Will Hunting demostraron que Robin Williams podía pasar de la comedia al drama con enorme facilidad. Por su interpretación en esta última consiguió el Oscar al mejor actor secundario, uno de los numerosos reconocimientos que recibió durante su trayectoria.
No renunciar a ser diferente
La reflexión adquiere todavía más sentido cuando se observa la trayectoria artística de Robin Williams. Su manera de interpretar estaba basada en gran medida en la libertad, la rapidez mental y la capacidad de improvisar. En lugar de intentar encajar en un único molde, construyó una carrera en la que podía interpretar desde un profesor de literatura que anima a sus alumnos a pensar por sí mismos hasta personajes completamente disparatados.
Uno de sus papeles más recordados fue precisamente el del profesor John Keating en El club de los poetas muertos. El personaje anima a sus alumnos a mirar el mundo desde perspectivas diferentes y a aprovechar la vida, convirtiéndose en una de las interpretaciones más emblemáticas de Robin Williams.