FRASES CÉLEBRES

Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura, sobre la educación: «La más alta educación es aquella que no se limita a darnos información, sino que hace que nuestra vida esté en armonía con toda la existencia»

Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura
Rabindranath Tagore, Premio Nobel de Literatura
Estefanía Jorge

Seguro que te suena la escena. Coges los apuntes la noche de antes del examen y los repasas a toda prisa, consigues un aprobado al día siguiente y, una semana después, no te acuerdas de nada de lo que has estudiado. Para Rabindranath Tagore, eso no merecía el nombre de educación.

El escritor y filósofo indio ganó el Premio Nobel de Literatura en 1913 y dejó escrita una idea que resume su forma de entender la enseñanza: «La más alta educación es aquella que no se limita a darnos información, sino que hace que nuestra vida esté en armonía con toda la existencia».

La frase aparece en Personality: Lectures Delivered in America, un libro de 1917 que reúne ensayos y conferencias del propio autor. Tagore no despreciaba el conocimiento; lo que rechazaba era reducirlo a una acumulación de datos o a conceptos aprendidos de carrerilla.

La educación como un vínculo real con el mundo

Su objetivo era otro. Quería que el alumno entendiera el mundo en el que vive y construyera un vínculo real con él y con las personas que lo rodean. Por eso daba tanta importancia a la curiosidad, la sensibilidad y la empatía en las escuelas. En esa misma obra dejó otra reflexión en la misma línea: «Hemos venido a este mundo para aceptarlo, no simplemente para conocerlo. Podemos volvernos poderosos mediante el conocimiento, pero alcanzamos la plenitud mediante la empatía».

Para el filósofo, la teoría se quedaba corta. Abogaba por la necesidad de comprobar de forma empírica aquello que se está estudiando: se debe mirar, tocar y vivir para experimentarlo.

Las plantas eran un buen ejemplo. Leer sobre ellas no era suficiente: el alumno tenía que ir al bosque, observarlas y conocerlas de cerca. Es la diferencia entre ver en el libro de texto el dibujo de una hoja y tenerla entre los dedos. Tagore consideraba que la experiencia también forma parte del saber.

Una escuela con clases bajo los árboles

Esas ideas no se quedaron en el papel. En 1901, Tagore puso en marcha una escuela en Santiniketan, en la finca que había heredado de su padre. El centro se apoyaba en la libertad intelectual y se apartaba de la enseñanza tradicional.

Era una escuela residencial y, a la vez, un espacio artístico. Su modelo se inspiraba en los antiguos ashrams de la India, centros espirituales dedicados a la meditación, el yoga y el aprendizaje junto a un maestro, donde los sabios enseñaban en los bosques.

En Santiniketan, muchas lecciones se impartían a la sombra de los árboles. El paisaje no era un simple decorado, sino parte del día a día de los estudiantes. Además de las materias básicas, el programa incluía música, pintura, danza y poesía. La meta era que los estudiantes aprendieran a observar, a crear y a relacionarse con los demás y con su entorno, y no sólo a sumar conocimientos sin criterio alguno.

 

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