El significado del proverbio chino sobre el propósito de la vida: «Si quieres felicidad por una hora, duerme una siesta; si la quieres para toda la vida, ayuda a alguien»
El proverbio chino que habla de la felicidad y cómo conseguirla si ayudamos a los demás
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Cuando se trata de frases famosas o aquellas que todo el mundo comparte, algunas destacan porque consiguen explicar con pocas palabras algo que resulta bastante más difícil llevar a la práctica. Es lo que ocurre con un conocido proverbio chino que habla de la felicidad y de las distintas maneras que tenemos de buscarla: «Si quieres felicidad por una hora, duerme una siesta; si la quieres para toda la vida, ayuda a alguien».
Un proverbio chino que sin embargo es más largo. De hecho, si lo leemos al completo, podemos entender mejor su significado: «Si quieres felicidad por una hora, toma una siesta. Si quieres felicidad por un día, ve a pescar. Si quieres felicidad por un año, hereda una fortuna. Si quieres felicidad para toda la vida, ayuda a otra persona». El proverbio va así pasando del descanso al ocio y del dinero a las relaciones con los demás. No rechaza esos pequeños placeres, sino que plantea una diferencia entre aquello que nos hace sentir bien durante un tiempo y lo que puede aportar un sentido más profundo a la vida.
El significado del proverbio chino sobre el propósito de la vida
La frase está construida como una especie de escala. En el primer peldaño aparece una siesta, una de las formas más sencillas de sentirse mejor cuando estamos cansados. Después llega la pesca, entendida como una jornada dedicada al ocio, y posteriormente algo mucho más ambicioso: heredar una fortuna. Sin embargo, ni siquiera el dinero ocupa el último lugar sino que el proverbio habla de la felicidad de toda una vida, y entonces se centra en aquello que una persona puede recibir y mira hacia lo que puede hacer por otra. Ayudar, escuchar, acompañar o dedicar tiempo a alguien introduce así una idea diferente que tiene que ver con el hecho de que nuestro bienestar también puede estar relacionado con los vínculos que construimos y con sentir que lo que hacemos tiene valor para otras personas.
¿Por qué ayudar nos hace más felices?
Este proverbio chino que siempre leemos en redes sociales cuando se trata de hacer buenas acciones, no tiene un mensaje que de por sí sea «bonito» o quede bien frente a los demás. De hecho, esa parte final del proverbio es más que una reflexión moral si tenemos en cuenta, que se han llevado a cabo investigaciones sobre bienestar que durante años han estudiado la importancia que tienen los vínculos personales y las relaciones de calidad. Uno de los ejemplos más conocidos es el Harvard Study of Adult Development, un estudio iniciado en 1938 que ha seguido la evolución de sus participantes durante décadas para analizar diferentes aspectos de su salud física y mental centrado una parte en lo que nos hace felices.
Robert Waldinger, psiquiatra y director del estudio, ha explicado que uno de sus resultados más importantes fue comprobar el peso de las buenas relaciones a lo largo de la vida. Al analizar qué factores permitían anticipar quién llegaría a la vejez con mayor salud y bienestar, la satisfacción con las relaciones personales apareció como uno de los indicadores relevantes. El proyecto comenzó con 724 participantes y posteriormente incorporó a descendientes de aquella primera generación, permitiendo observar su evolución durante buena parte de sus vidas. Esto no significa que ayudar a alguien garantice la felicidad, pero sí refuerza una de las ideas del proverbio: la importancia de los vínculos con los demás cuando se habla de bienestar a largo plazo. Es decir, ayudar a los que nos rodean puede hacer que nuestra vida sea más feliz y plena y eso se traduce en bienestar tanto mental como emocional e incluso físico.
La felicidad de una siesta y la que se construye durante años
La frase tampoco pretende convertir una siesta, una jornada de pesca o el dinero en cosas superficiales. Todas pueden aportar bienestar de diferentes maneras. La diferencia está en que son experiencias cuyo efecto puede desaparecer, mientras que las relaciones se construyen y se mantienen a lo largo del tiempo. Ayudar a alguien tampoco tiene que implicar realizar un gran sacrificio: escuchar cuando alguien lo necesita, acompañar, compartir tiempo o echar una mano ante un problema son acciones mucho más cotidianas que también permiten fortalecer esos vínculos y a la larga, hacer que seamos más felices.
Quizás por eso el proverbio continúa circulando tantos años después y se siga compartiendo mucho en las redes. Una siesta puede arreglar una mala tarde y dedicar un día a aquello que nos gusta puede hacernos sentir bien. Incluso el dinero es fundamental para cubrir necesidades y vivir con seguridad. Pero el último peldaño cambia la pregunta: en lugar de pensar únicamente en qué podemos conseguir para ser felices, propone preguntarnos qué podemos aportar a quienes tenemos alrededor. Y es precisamente ahí donde esta conocida frase sitúa el propósito de toda una vida.