La psicología ha llegado a la conclusión de que las personas que lloran en el trabajo no son poco profesionales, sólo necesitan canalizar la angustia y presión
La doctora y terapeuta Mirriam Prieß aconseja tomar distancia y ser amable con uno mismo
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Cuando las lágrimas de una persona brotan de repente en el trabajo, la situación se vuelve incómoda para todos aquellos que están involucrados, ya sea tu jefe o un cliente importante. Pero, en ocasiones, es más que un simple momento de debilidad. Una experta explica cómo controlar las emociones y cuándo conviene empezar a hacerlo.
La doctora y terapeuta Mirriam Prieß aconseja tomar distancia y ser amable con uno mismo. «Así que, dite a ti mismo: Necesitaba llorar, y no me juzgo por ello. En cambio, lo reconozco y me pregunto: ¿Qué estaba pasando realmente?». Las lágrimas son una expresión de desequilibrio interno, pero, una vez descifrada su intención, ya se pueden dar los pasos pertinentes y sacar las conclusiones necesarias.
«Así que puede que te sientas acorralado y las lágrimas sean una expresión de estar abrumado», dice Prieß. Y es que, detrás de esas lágrimas, puede estar una historia (a veces bastante larga), demasiados proyectos sobre la mesa, conflictos latentes en el equipo o la falta de reconocimiento.
La ira, posible clave
Detrás de las lágrimas, también se puede esconder la ira, porque es posible que uno no haya aprendido a defenderse. «A las mujeres, en particular, a menudo les resulta difícil expresar con claridad su postura», afirma Prieß. En vez de decir «eso no me conviene», aparecen las lágrimas con la esperanza de que sea la otra persona quien ceda. «Si reconoces este patrón en ti mismo, deberías preguntarte: «¿Quiero seguir así?», dice Prieß.
En ocasiones, las lágrimas brotan por una sombra personal como una enfermedad, la pérdida de un ser querido o un desamor. «Entonces, llorar es simplemente una expresión de la angustia que siente la persona en ese momento», afirma Prieß. Llegado el caso, la experta asegura que hay que evaluar si se puede seguir trabajando o hay que hacer un descanso.
La pregunta clave es volver a hablar después de llorar o es mejor dejarlo pasar. Prieß asegura que «a veces, una breve conversación en la que ambos aborden sus lágrimas en igualdad de condiciones puede ayudar. Una o dos frases son suficientes».
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