Psicología

La psicología confirma que las personas que prefieren arreglar las cosas en lugar de reemplazarlas no son tacañas, lo hacen por la satisfacción de sentirse capaz y la necesidad de ser útil

La psicología explica por qué las personas que prefieren arreglar las cosas
Guillermo Escobar

Todos conocemos a alguien así. El que no tira la lámpara aunque tenga el cable pelado, el que se pasa una tarde entera con el destornillador para que la cafetera vuelva a funcionar o el que guarda tornillos, piezas y recambios «por si acaso». Durante mucho tiempo, a estas personas se las ha tachado de tacañas o de no querer gastar. Sin embargo, la psicología apunta a que detrás de esa costumbre hay algo mucho más profundo que el ahorro: la satisfacción de sentirse capaz y la necesidad de seguir siendo útil.

No es solo cuestión de dinero

Reparar algo en lugar de comprar uno nuevo puede suponer un ahorro, eso es evidente. Pero quien disfruta arreglando las cosas no suele hacerlo solo por el bolsillo. Muchas veces dedica más tiempo y esfuerzo del que compensaría económicamente, busca la pieza exacta durante días o aprende a manejar herramientas que nunca había usado. Lo que le mueve no es tanto el precio como el reto y la satisfacción de haberlo conseguido.

Además, esta preferencia está mucho más extendida de lo que parece. Según una encuesta del Eurobarómetro, el 77% de los europeos preferiría reparar sus aparatos antes que comprar otros nuevos. Lo que ocurre es que muchas veces no lo hacen porque reparar resulta caro o difícil, no porque no quieran.

El efecto IKEA: valoramos más lo que hacemos con nuestras manos

Una de las claves la aportó un estudio de los investigadores Michael Norton, de la Escuela de Negocios de Harvard, Daniel Mochon y Dan Ariely, publicado en 2012 en el Journal of Consumer Psychology. En sus experimentos, los participantes montaron cajas de IKEA, hicieron figuras de origami y construyeron piezas de Lego. El resultado fue sorprendente: valoraban mucho más lo que habían hecho ellos mismos, hasta el punto de considerar sus creaciones casi tan valiosas como las de un experto.

Los investigadores bautizaron este fenómeno como el efecto IKEA y lo resumieron con una idea: el esfuerzo genera cariño. Eso sí, con una condición importante. El efecto solo aparecía cuando la tarea se completaba con éxito: cuando los participantes no lograban terminar o tenían que deshacer lo construido, desaparecía. Es exactamente lo que siente quien consigue que vuelva a funcionar algo que parecía perdido.

La satisfacción de sentirse capaz

Arreglar algo con éxito es una pequeña victoria personal. Cada reparación demuestra a quien la hace que es capaz de resolver problemas por sí mismo, sin depender de nadie. Esa sensación de competencia, de tener las cosas bajo control, es una de las fuentes de bienestar más importantes para cualquier persona y explica por qué hay quien disfruta tanto con una tarea que para otros sería un fastidio.

También tiene que ver con una forma de entender los objetos. Quien arregla las cosas tiende a verlas como algo que merece la pena cuidar, no como algo de usar y tirar. Muchas veces son objetos con historia, ligados a recuerdos

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