Una pareja de mujeres busca voluntarios para vivir gratis en un bungalow al lado del mar en una isla portuguesa a cambio de trabajar 20 horas semanales plantando árboles

Si conoces a alguien que esté viajando por Portugal y que quizás le esté costando administrar su dinero, deberías contarle que un pequeño bungalow blanco con tejado de teja roja en una ladera verde le está esperando. Se trata de un voluntariado rural propuesto por una pareja de mujeres mayores, que combina naturaleza, mar y tareas en el campo.
Esta llega a través de una de las plataformas de intercambio más conocidas del mundo, donde las anfitrionas acumulan reseñas positivas de quienes ya han pasado por su casa. Sin embargo, el lugar elegido no es el Algarve ni la costa de Lisboa, sino un enclave más alejado del continente y con un paisaje que poco tiene que ver con el del resto del país.
La pareja suiza que busca voluntarios para vivir gratis en un bungalow junto al mar portugués
Las protagonistas son Agnes y Beatrice, una pareja suiza a punto de cumplir 60 años que lleva trece viviendo en São Miguel, la mayor isla de las Azores.
Desde su finca, situada en la localidad de Ajuda da Bretanha (en el noroeste de la isla), buscan a dos voluntarios dispuestos a trabajar unas veinte horas semanales en el huerto a cambio de alojamiento gratuito.
El horario fijado es de cuatro horas al día, cinco días por semana, lo que deja tiempo de sobra para recorrer la isla.
Entre tanto, el anuncio detalla que la finca tiene una superficie de 6.500 metros cuadrados e incluye dos bungalows y un apartamento que se alquilan a turistas. Para tentar aún más a los interesados, uno de esos bungalows queda reservado para los voluntarios, con vistas directas al océano Atlántico.
Y de acuerdo con las opiniones de antiguos participantes, el alojamiento cuenta con dormitorio, baño y cocina propios.
Eso sí, la comida no está incluida: cada voluntario debe cocinar por su cuenta y mantener limpio el espacio. Las anfitrionas aclaran que les gusta compartir alguna cena de vez en cuando, y varios huéspedes recuerdan el pan casero, los huevos y las verduras recién sacadas del huerto nunca faltan.
Conociendo São Miguel, la isla portuguesa conocida como la «isla verde»
São Miguel es la isla más grande y poblada del archipiélago de las Azores, situado en pleno Atlántico a unos 1.450 kilómetros de Lisboa. Tiene cerca de 746 kilómetros cuadrados y alrededor de 138.000 habitantes, de los que unos 45.000 viven en Ponta Delgada, la capital. Su apodo de «isla verde» responde a la vegetación que cubre buena parte de su relieve volcánico.
Ese verdor se explica por el clima: las temperaturas medias oscilan entre los catorce grados del invierno y los 21 del verano, y llueve con frecuencia incluso en los meses cálidos.
En la capital caen unos 1.000 litros por metro cuadrado al año. Por eso, en la finca de Agnes y Beatrice, como reconocen ellas mismas, «todo crece, sobre todo las malas hierbas».
En la misma zona geográfica nos topamos con Ajuda da Bretanha, una pequeña freguesia (el equivalente a una parroquia) del municipio de Ponta Delgada, en la costa norte y a una veintena de kilómetros de la capital.
Y muy cerca se encuentra Sete Cidades, la caldera volcánica con dos lagunas de distinto color que es la imagen más reconocible del archipiélago. Como frutilla del postre, Furnas o las plantaciones de té de Gorreana quedan a alrededor de una hora en coche.
¿Qué tareas deben hacer los voluntarios?
La labor principal consiste en quitar malas hierbas para preparar el terreno antes de sembrar hortalizas. Además, las anfitrionas quieren ampliar la finca con más árboles frutales, de modo que buena parte del trabajo será en el huerto: desbrozar, sembrar y plantar.
Aun así, el anuncio deja la puerta abierta a otras tareas según las habilidades de cada persona, ya que ambas aseguran estar «abiertas a lo que sepas hacer».
Entre los trabajos que mencionan el anuncio y las reseñas de anteriores voluntarios figuran los siguientes:
- Jardinería básica, siembra y trasplante de plantones.
- Pequeñas obras de bricolaje, como muebles hechos con palés.
- Pintura y mantenimiento general de la finca.
- Cuidado de las gallinas y construcción de un gallinero.
- Ayuda puntual en las tareas de la casa.
Cabe remarcar que también hay algunas condiciones. En la casa viven perros que acompañan a las dueñas durante la jornada, así que es imprescindible que a los voluntarios les gusten los animales.
Entre tanto, no se permite fumar ni se aceptan familias. Según las reseñas, los voluntarios suelen disfrutar de al menos dos días libres. A favor juega otro detalle: no hay estancia mínima, y la conexión a internet no tiene límite.
Cómo inscribirse en el voluntariado de esta isla portuguesa
La oferta está publicada en el perfil de las anfitrionas en Workaway, la conocida plataforma de voluntariado.
Para escribirles es necesario crear una cuenta de voluntario, cuya cuota anual ronda los 69 dólares para una persona y los 79 para parejas que viajan juntas, según la tarifa que figura en la propia web. El pago da acceso durante doce meses a los datos de contacto de todos los anfitriones.
Una vez registrado, el interesado puede enviar un mensaje desde ese perfil (referencia 378266521659).
Por su parte, las anfitrionas suelen contestar en menos de un día y acuerdan los detalles por videollamada. Hablan con fluidez alemán, inglés y francés, y tienen un nivel intermedio de portugués.
En este marco, cabe recordar que los ciudadanos de la Unión Europea no necesitan visado, mientras que el resto debe consultar antes con su embajada.
Por último, el perfil mantiene una valoración del 100% en la plataforma, con 21 opiniones publicadas. Una de las últimas, de la primavera de 2026, recomienda la experiencia a quien busque «una estancia tranquila, gratificante y memorable».