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Ni se te ocurra plantar poner en tu jardín esta planta japonesa: es altamente invasiva y asfixiará a todas las demás

Planta, flora, curiosidades
Madreselva japonesa. Foto: Wikimedia Commons / Dominio público
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

Muchas plantas destacan por sus flores llamativas o su rápido crecimiento, pero también pueden convertirse en un problema difícil de controlar. Algunas invaden el terreno, desplazan a las plantas autóctonas e incluso llegan a causar daños en muros, vallas o árboles cercanos.

Entre todas ellas, hay una que es recomendable evitar: la madreselva japonesa, una trepadora ornamental de origen asiático cuyo comportamiento invasor la ha convertido en una de las especies más problemáticas para jardines y espacios naturales.

Por qué no deberías plantar madreselva japonesa en tu jardín

La madreselva japonesa (Lonicera japonica) resulta muy atractiva por sus flores perfumadas y su capacidad para cubrir rápidamente pérgolas o vallados. Sin embargo, precisamente ese crecimiento acelerado es el origen del problema.

Esta enredadera puede alcanzar grandes dimensiones en poco tiempo y extenderse con facilidad por cualquier superficie disponible. Una vez se establece, controlar su desarrollo requiere podas frecuentes y un mantenimiento constante, algo que no siempre resulta sencillo para quienes buscan un jardín de bajo mantenimiento.

Además, su forma de crecer pone en riesgo al resto de la vegetación. Sus tallos se enroscan alrededor de árboles, arbustos y otras plantas, impidiendo que reciban suficiente luz y compitiendo por el agua y los nutrientes del suelo. Con el paso del tiempo, muchas de esas especies terminan debilitándose o desapareciendo.

Por este motivo, la madreselva japonesa está considerada una de las plantas invasoras más perjudiciales para la biodiversidad en numerosos territorios.

Plantas invasoras que también pueden causar problemas

La madreselva japonesa no es el único ejemplo. Existen otras especies muy populares en jardinería que, pese a su aspecto ornamental, también pueden convertirse en una amenaza para el equilibrio del jardín.

Estas son algunas de ellas:

  • Glicinia: sus espectaculares racimos de flores lilas la convierten en una de las trepadoras más apreciadas. No obstante, cuando no se controla correctamente, desarrolla un crecimiento muy vigoroso capaz de invadir el espacio de otras plantas y competir con ellas.
  • Celandina menor: aunque sus pequeñas flores amarillas pasan desapercibidas para muchos, el verdadero problema se encuentra bajo tierra. Sus tubérculos se expanden con rapidez y colonizan grandes superficies, dificultando el desarrollo de otros cultivos.

Antes de incorporar cualquiera de estas especies al jardín conviene comprobar si su cultivo está recomendado en la zona y valorar alternativas menos agresivas para el entorno.

Otras plantas tóxicas que conviene mantener lejos del jardín familiar

No todas las amenazas tienen que ver con el crecimiento descontrolado. Algunas plantas ornamentales también presentan un elevado nivel de toxicidad, especialmente si en casa hay niños o mascotas.

En estos casos, el riesgo no solo afecta a las personas, sino también a los animales domésticos que pueden morder hojas, flores o frutos de forma accidental.

Entre ellas se encuentra la hiedra inglesa, cuyas hojas contienen sustancias nocivas que pueden favorecer la propagación de enfermedades entre otras plantas del jardín.

La belladona representa otro ejemplo de planta poco recomendable por su elevada toxicidad, mientras que la dedalera, conocida por sus flores rosadas con forma de campana, puede provocar irritaciones cutáneas y ocasionar graves problemas de salud si se ingiere accidentalmente.

Por su parte, el acónito monástico, fácilmente reconocible por sus flores violetas, figura entre las plantas ornamentales más tóxicas que pueden encontrarse en jardinería. Por ello, no es aconsejable en entornos familiares.

Antes de introducir una nueva especie en el jardín, conviene informarse sobre su comportamiento, sus necesidades de mantenimiento y su posible impacto sobre el ecosistema, una decisión que ayudará a conservar un espacio más saludable, equilibrado y fácil de cuidar.

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