Filosofía

Miguel De la Quadra-Salcedo, reportero de guerra y aventurero español, sobre los orígenes: «Para descubrir quién eres, has de hacer el viaje de ida y de vuelta»

Miguel de la Quadra-Salcedo
Miguel de la Quadra-Salcedo. Foto: Álvaro Castrillo Schneiter en Flickr.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Miguel de la Quadra-Salcedo (Madrid, 1932 – Madrid, 2016) fue reportero de guerra, atleta olímpico, etnobotánico y uno de los mayores impulsores de la relación entre España y América Latina del siglo XX. Cubrió el Congo, Vietnam y el golpe de Chile, y fundó la  prestigiosa Ruta Quetzal, el programa que llevó a miles de jóvenes a recorrer América.

Entre tantas frases que dejó a lo largo de su vida, hay una que apela directamente a algo que muchas personas se plantean alguna vez: quiénes son realmente y de dónde vienen. La respondió a partir de una experiencia concreta que vivió mucho antes de convertirse en el personaje público que todos recuerdan.

¿Hace falta irse para entender de dónde venimos?

Miguel de la Quadra-Salcedo tenía apenas 24 años cuando viajó por primera vez a Puerto Rico, en 1956, gracias a una beca deportiva como atleta.

Y lejos estaba esta aventura de ser un simple viaje turístico. Era la primera vez que pisaba un territorio donde, siglos antes, sus propios antepasados habían llegado con las primeras expediciones españolas a América.

Esa coincidencia entre su pasado familiar y el lugar que pisaba le provocó una sensación que después describiría muchas veces: la de estar completando un círculo que había empezado mucho antes de que él naciera.

De esa experiencia nació la frase que da título a este artículo:

«Para descubrir quién eres, has de hacer el viaje de ida y de vuelta».

Lo dijo en declaraciones al medio local El Periódico. Repensando su declaración, podemos señalar que para Quadra-Salcedo no bastaba con partir; también había que volver, y volver siendo otra persona.

¿Cuánto de lo que somos depende de los lugares que hemos dejado atrás?

No hay que limitarse a pensar que la reflexión de Quadra-Salcedo se limita a expediciones o a viajes históricos. Habla de algo que cualquiera puede reconocer: la sensación de entender mejor el lugar de origen después de haberlo dejado, aunque sea por poco tiempo.

Mudarse de ciudad, pasar una temporada fuera o simplemente alejarse de la rutina cambia la manera en que una persona percibe lo que dejó atrás.

Y es más: De la Quadra-Salcedo convirtió esa intuición personal en un proyecto educativo. Recordemos que en 1979 puso en marcha la Ruta Quetzal, un programa que llevaba a jóvenes de distintos países a recorrer América Latina durante semanas, precisamente para que vivieran ese mismo proceso.

¿Cuál proceso? El de salir de casa para volver con una idea más clara de quiénes eran.

¿Por qué cuesta tanto valorar lo propio hasta que se pierde de vista?

Para quienes se encuentren en una situación de esta índole, encontrarán en este planteo algo familiar. Y es que es una paradoja habitual: lo cotidiano se vuelve invisible por pura costumbre. La familia, el barrio, la lengua o las tradiciones se dan por sentadas hasta que desaparecen del paisaje diario, aunque sea de forma temporal. Solo entonces se nota su peso real.

Quadra-Salcedo lo vivió de forma extrema, entre selvas amazónicas y frentes de guerra en Vietnam o el Congo, pero la lógica es la misma que experimenta cualquiera que haya pasado una temporada larga fuera de casa.

Y esa lógica es que la distancia no borra la identidad, la aclara. El viaje de ida sirve para ver el mundo; el de vuelta, para verse a uno mismo con otros ojos.

Una reflexión necesaria: ¿Se puede volver siendo la misma persona que se fue?

La propia trayectoria de Miguel de la Quadra-Salcedo respondía a esa pregunta con hechos: nunca volvió del todo a ser el mismo después de cada viaje.

El atleta que ganó nueve campeonatos de España en lanzamientos acabó como reportero de guerra; el reportero de guerra terminó como etnobotánico en el Amazonas; y el etnobotánico murió, en 2016, convertido en el fundador de un programa que ya había llevado a más de 10.000 jóvenes de 57 países a hacer su propio viaje de ida y vuelta.

La pregunta que dejó abierta no era sobre él, sino sobre cada uno de los que escuchaban su historia.

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