La desconocida confesión de Pablo Neruda, premio Nobel de Literatura, a Miguel de la Quadra-Salcedo: «Los españoles os lo llevasteis todo, pero también nos lo dejasteis todo»
Miguel de la Quadra-Salcedo (Madrid, 1932-2016) pasó buena parte de su vida en América. Como etnobotánico en la Amazonia colombiana, como corresponsal de TVE durante el golpe de Pinochet en Chile y como creador de la Ruta Quetzal, el inolvidable programa de intercambio educativo que llevó a miles de jóvenes a recorrer Iberoamérica.
En 1971, Pablo Neruda recibió el Premio Nobel de Literatura. Quadra-Salcedo, que por entonces cubría América para un medio local, consiguió una de las pocas entrevistas largas que el poeta concedió en aquellas semanas. Lo que le oyó decir aquella tarde ha tardado décadas en hacerse conocido.
La entrevista en Isla Negra: qué le dijo Pablo Neruda a Quadra-Salcedo en 1971
Neruda vivía entonces en tres casas distribuidas por Chile: La Chascona en Santiago, La Sebastiana en Valparaíso y la de Isla Negra, frente al Pacífico. En esta última pasaba más tiempo.
Era un lugar en el que se podía apreciar la acumulación de mascarones de proa, mapas antiguos, caracolas y botellas coleccionadas durante décadas. Fue allí donde Quadra-Salcedo consiguió sentarse con el poeta poco después de conocerse el Premio Nobel.
En algún momento de aquella tarde, Neruda miró al español y soltó sin rodeos: «Los españoles os lo llevasteis todo, pero también nos lo dejasteis todo». Y ojo, no era una acusación. Era algo más complejo. Era una forma de nombrar una herida y una deuda al mismo tiempo.
Quadra-Salcedo, que había dedicado años a recorrer América y entender su historia, dijo que Neruda tenía razón.
Y fue más lejos: la misma ecuación, argumentó, podía aplicarse a los españoles con Roma. Los romanos se llevaron la plata ibérica y la mano de obra; también dejaron el latín, las calzadas y una forma de organizar el mundo.
Lo que se llevaron y lo que dejaron: el peso de la frase de Pablo Neruda
La frase de Neruda en el medio de la entrevista para la Televisión Española no era abstracta. Recordemos que el poeta había crecido en el sur de Chile, en Temuco, en una región donde el pasado colonial era todavía presente cotidiano. Sabía de qué hablaba.
La primera mitad de la frase tiene nombres concretos: el oro y la plata de Potosí, las tierras repartidas en encomiendas, las civilizaciones aplastadas.
Y desde luego, la segunda también. El castellano que hoy hablan 500 millones de personas, el derecho indiano, la arquitectura barroca que definió el paisaje urbano de medio continente.
Quadra-Salcedo lamentaba que pocos españoles supieran reconocer las civilizaciones precolombinas (la azteca, la inca, la maya) como parte de una historia propia y compartida. Lo llamaba «ignorancia y desprecio cultural».
Pablo Neruda y España: una relación de amor y dolor
La frase de Neruda superaba el plano intelectual. Porque téngase presente que el poeta había conocido España desde dentro. Fue cónsul en Barcelona y en Madrid durante la República, y cuando estalló la guerra civil en 1936, lo vivió de primera mano.
España en el corazón, el poemario que escribió en plena contienda y que llegó a imprimirse en el frente republicano, es uno de los testimonios más desgarradores de ese conflicto desde la pluma de un latinoamericano.
En 1939, ya como cónsul en París, organizó el traslado de más de 2.000 refugiados españoles a Chile a bordo del Winnipeg. Para Pablo Neruda, España era una herida abierta.
Murió el 23 de septiembre de 1973, doce días después del golpe de Pinochet. Tenía 69 años. La causa oficial fue un cáncer de próstata.
Dos años antes, en Isla Negra, había dicho lo que pocos poetas se atreven a decir con esa claridad: que la historia entre un colonizador y un colonizado es siempre doble. Que lo que se pierde y lo que se gana no se anulan entre sí. Que la lengua sobrevive al oro.