Miguel de la Quadra-Salcedo, aventurero y reportero, sobre la vejez: «El elixir de la eterna juventud es la curiosidad»
Representó a España en los Juegos Olímpicos en Roma 1960, para posteriormente ser reportero de guerra, cubriendo conflictos por todo el mundo
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Pasó su infancia en Navarra y su complexión atlética le acercó pronto al deporte de élite. Fue nueve veces campeón de España de lanzamiento de disco, martillo y peso y batió el récord mundial de jabalina utilizando una técnica vasca posteriormente anulada. Representó a España en los Juegos Olímpicos en Roma 1960, para posteriormente ser reportero de guerra, cubriendo conflictos por todo el mundo.
En 1979, el rey Juan Carlos I le comentó que «debemos acercarnos a Iberoamérica, que es nuestra familia; invéntate algo», lo que acabó con la creación de la Ruta Quetzal, ahora conocida como Ruta BBVA, un proyecto cultural que en las últimas tres décadas ha permitido a 10.000 jóvenes de España, Portugal y el continente americano.
Con ese hito, nació el Miguel de la Quadra-Salcedo viajero, que viajó por todos los países hasta que se cayó en un helicóptero y le entró agua en un pulmón. Desde entonces no volvió a viajar, pero él mismo se consideraba «un adolescente en pleno proceso de maduración». El secreto era que, según Quadra Salcedo, encontró el elixir de la eterna juventud al poder mantener la curiosidad y rodearse de gente joven.
Él reclinaba su cabeza en un sillón (al no hacer viajes) y «nomadeaba» en su imaginación y la memoria. «Me recuerdo desde siempre con un irrefrenable afán por descubrir; la curiosidad ha sido el motor de mi vida», repetía. Finalmente, murió en 2016 a los 84 años, asegurando que no concebía detenerse y que por la noche «me da pena dormir».

La ciencia y la vejez
Un estudio de la Universidad de California analizó a 1.400 personas de entre 20 y 84 años y llegó a una conclusión que encaja directamente con lo que Quadra-Salcedo practicó durante décadas. La curiosidad intelectual no disminuye con la edad, sino todo lo contrario, aumentaba después de la mediana edad. Aseguraban que quienes continúan buscando respuestas a preguntas concretas podrían compensar o incluso prevenir el deterioro cognitivo del Alzheimer.
Quadra Salcedo no era el único en llegar a esta conclusión. El Premio Nobel de Medicina, Santiago Ramón y Cajal, lo formuló de la siguiente manera: «En la vejez no nos deben preocupar las arrugas del rostro, sino las del cerebro». Por su parte, el escritor portugués José Saramago fue más directo: «La vejez empieza cuando se pierde la curiosidad».