La lección de vida de Miguel Gila, humorista español: «El humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño»
Miguel Gila convirtió algunas de las experiencias más duras de su vida en una forma de hacer reír. El humorista español sobrevivió a un fusilamiento durante la Guerra Civil y, años después, hizo de la guerra y la condición humana, el centro de algunos de sus monólogos más recordados.
Su teléfono, su particular forma de hablar y el inseparable casco militar terminaron convirtiéndose en símbolos de una manera de entender la comedia.
Detrás de aquellas historias aparentemente ingenuas había, sin embargo, una mirada mucho más profunda: la de un hombre que había conocido de cerca la violencia y decidió enfrentarse a ella con humor.
Miguel Gila: una infancia marcada por la escasez y la Guerra Civil
Miguel Gila Cuesta nació en Madrid en 1919. Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas y dejó el colegio cuando apenas tenía tres años para empezar a trabajar. Cuando estalló la Guerra Civil, se incorporó como voluntario a las Juventudes Socialistas Unificadas y combatió en el bando republicano.
Aquella decisión marcaría para siempre su vida. Durante el conflicto fue capturado por las tropas rebeldes en El Viso de los Pedroches, en Córdoba. Poco después estuvo a punto de morir ante un pelotón de ejecución.
Lo que ocurrió entonces parece sacado de uno de sus propios monólogos. Los soldados encargados de disparar habían bebido y no acertaron con precisión. Gila cayó al suelo y decidió hacerse el muerto en un terraplén. Así consiguió sobrevivir a aquel episodio.
¿Cómo sobrevivió Miguel Gila a su propio fusilamiento?
En su autobiografía, Y entonces nací yo: Memorias para desmemoriados, el propio Miguel Gila contó cómo logró escapar de la muerte. Después de las descargas, permaneció inmóvil y esperó hasta poder ponerse a salvo. Aquella experiencia terminó influyendo de manera decisiva en su forma de entender el mundo y, especialmente, la guerra.
Con el paso de los años, esa visión se transformó en una de las señas de identidad de su humor. Gila no necesitaba grandes escenarios para construir una historia. Un teléfono, una conversación imaginaria y una situación disparatada eran suficientes para mostrar el sinsentido de la violencia.
Tras un periodo de exilio voluntario en Argentina y distintos proyectos artísticos en Latinoamérica, regresó a España en 1985. Fue entonces cuando su popularidad alcanzó una dimensión todavía mayor.
Sus conversaciones telefónicas con un supuesto enemigo, en las que preguntaba si podía ponerse al teléfono, se convirtieron en una imagen inseparable de la comedia española.
El humor de Miguel Gila como reflejo de la condición humana
Gila entendía el humor como un reflejo de la estupidez humana y como una herramienta necesaria para seguir adelante después de las experiencias traumáticas.
Su fórmula parecía sencilla, pero escondía una crítica constante. A través de la exageración, la ingenuidad y lo absurdo, retrataba las contradicciones de la sociedad y las consecuencias de la guerra. De este modo, conseguía hablar de asuntos dolorosos sin recurrir a un discurso solemne.
La frase «El humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño» resume buena parte de esa filosofía. En sus monólogos, la aparente inocencia servía precisamente para mostrar lo absurdo de determinados comportamientos humanos.
El teléfono y el casco, símbolos del humor de Gila
«Mis guerras son absurdas porque lo es la guerra en sí», afirmaba el cómico. Sus historias no se limitaban a provocar una carcajada: utilizaban la sátira para cuestionar la violencia, el poder y la vulnerabilidad de las personas corrientes ante los conflictos.
El reconocimiento a su trayectoria llegó también en forma de premios. Miguel Gila recibió el Premio Ondas en 1993 y el Premio Internacional de Humor Gat Perich en 1999. Falleció en Barcelona en 2001, a los 82 años, a causa de una insuficiencia respiratoria crónica.
Su legado continúa presente. Obras como El libro de Gila, publicado por Blackie Books, han permitido recuperar sus anécdotas y viñetas para nuevas generaciones.