Curiosidades
Reflexión

Jacques Cousteau, oceanógrafo francés: «Para la abeja y el delfín la felicidad es existir; el hombre debe descubrir esto y maravillarse por ello»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El oceanógrafo francés Jacques Cousteau dejó una de sus reflexiones más citadas al hablar de la felicidad de las criaturas del mar. Para el explorador, los animales marinos alcanzan la plenitud por el simple hecho de existir, mientras que el ser humano tiene por delante una tarea distinta.

Esa idea apunta al modo en que Cousteau entendía el vínculo entre las personas y la naturaleza. A diferencia del resto de los seres vivos, el ser humano puede tomar conciencia de esa existencia y asombrarse ante ella. Esa capacidad de maravillarse fue el motor de su trabajo como divulgador de los océanos.

¿Qué significa la frase de Jacques Cousteau sobre la felicidad?

La observación marca una diferencia entre la vida animal y la humana. Para especies como el delfín, la felicidad no depende de ninguna búsqueda, sino que se agota en el hecho de estar vivas. El ser humano, en cambio, tiene el privilegio de comprender ese fenómeno y de admirarlo.

«Para la abeja y el delfín la felicidad es existir; el hombre debe descubrir esto y maravillarse por ello», Jacques Cousteau.

Sitios de referencia como Goodreads atribuyen la frase a Jacques Cousteau, aunque no se ha podido identificar el texto de origen exacto en el que la formuló. Para el explorador, esa diferencia era una invitación a cuidar aquello que provoca el asombro.

¿Quién es Jacques Cousteau?

Jacques-Yves Cousteau nació en Saint-André-de-Cubzac, en Francia, en 1910. Ingresó en la Academia Naval francesa en 1930 y, con el paso de los años, orientó su carrera de oficial hacia la exploración submarina, según recoge el portal biográfico Biografías y Vidas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Cousteau desarrolló junto al ingeniero Émile Gagnan la escafandra autónoma, un equipo de buceo que combinaba un regulador de presión con botellas de aire comprimido. Ese invento hizo accesible el mundo submarino a millones de personas, según The Cousteau Society. El oficial ya había ensayado su primera máscara submarina en 1943.

A bordo del buque Calypso, un antiguo dragaminas reconvertido, Cousteau recorrió mares de todo el planeta y filmó la vida marina. Dirigió películas como El mundo del silencio (1955) y El mundo sin sol (1964), que acercaron el fondo del océano al gran público.

Con el Calypso llevó adelante campañas de referencia, como un estudio sobre la contaminación del Mediterráneo en 1977 y una expedición alrededor del mundo en 1985. Además, diseñó cámaras submarinas y puso en marcha programas experimentales de vida bajo el agua. Cousteau murió en París en 1997, a los 87 años.

El legado de Jacques Cousteau en la defensa de los océanos

En 1973, Cousteau fundó The Cousteau Society, una organización dedicada a explorar y proteger los ecosistemas marinos. La entidad reúne hoy a decenas de miles de miembros de todo el mundo comprometidos con la conservación de los mares. Su labor combina la exploración científica, la educación y la protección de los hábitats marinos.

El explorador dedicó sus últimos años a la defensa del medioambiente. En 1991 impulsó una petición ante Naciones Unidas para reclamar el derecho de las futuras generaciones a un planeta sin contaminar.

Buena parte de ese material audiovisual sigue vigente. The Cousteau Society mantiene un proyecto de restauración de las imágenes históricas grabadas durante las expediciones del oceanógrafo, muchas de ellas nunca vistas por el público.