Hoy nos moriríamos de asco, pero era uno de los oficios más respetados y con mejor reputación en España
Muchos oficios ya quedaron en el olvido y gran parte de estos fueron esenciales para la construcción de la economía rural en España. Suena curioso que casi se hayan esfumado en el imaginario popular, porque a pesar de su antiguedad, estructuraron la vida diaria de pueblos y aldeas, organizando tanto el trabajo como la alimentación de la población.
En ese contexto, algunos trabajos adquirieron una importancia que hoy puede resultar difícil de entender desde una perspectiva moderna. En esta misma línea, hubo un oficio especialmente vinculado a la subsistencia colectiva. Su desarrollo se remonta a la Edad Media, y su papel fue tan relevante que incluso influyó en la forma de medir la riqueza y el territorio.
¿Cuál fue uno de los oficios más respetados y con mejor reputación en España?
Dentro de los oficios más antiguos de la Península Ibérica destaca el de porquero, documentado desde al menos el siglo XIII. Su función principal consistía en cuidar, alimentar y conducir los cerdos de una comunidad, una tarea esencial si se tiene en cuenta que este animal era una de las principales fuentes de alimento.
En la Alta Edad Media, la importancia del cerdo era tal que se utilizaba como referencia para medir terrenos: la extensión de bosques y campos se calculaba según la cantidad de animales que podían mantenerse en ellos.
Esto refleja el peso que tenían tanto el animal como el trabajo del porquero dentro del sistema económico.
Además, los porqueros gozaban de un reconocimiento notable. Existen documentos legales en los que se equipara su valor al de otros profesionales cualificados, lo que demuestra que, pese a la dureza del trabajo, formaban parte de los oficios considerados necesarios y respetados.
¿Cómo trabajaban los porqueros?
El día a día de este tipo de oficios estaba marcado por la disciplina y la constancia. El porquero comenzaba su jornada recorriendo las calles del pueblo con un cuerno o instrumento sonoro para avisar a los vecinos.
Tras la señal, los animales eran reunidos en una piara común que posteriormente era conducida al campo. Para desempeñar su labor, utilizaba herramientas sencillas pero eficaces, detalladas a continuación:
- La vara, empleada para guiar a los animales y tirar bellotas de los árboles.
- El cuerno, que servía como sistema de aviso colectivo.
- El perro de pastoreo, imprescindible para mantener el control de la piara.
Durante la jornada, los cerdos eran llevados a zonas de monte, donde se alimentaban principalmente de bellotas, especialmente en la época de la montanera. Al final del día, el porquero los devolvía a sus corrales, completando así un ciclo que se repetía a diario.
Este tipo de oficios ganaderos requería no solo esfuerzo físico, sino también conocimiento del comportamiento animal, ya que el cerdo es un animal con cierta independencia que podía alterar fácilmente el recorrido del grupo.
Uno de los oficios indispensables para la alimentación y la economía
La relevancia de estos oficios se entiende mejor al analizar su impacto en la alimentación. El cerdo proporcionaba carne, grasa y otros productos fundamentales para superar los meses más fríos del año. La matanza anual era un evento clave en la economía doméstica, y su éxito dependía en gran medida del trabajo previo del porquero.
Por este motivo, su labor estaba directamente relacionada con la seguridad alimentaria de las familias. En muchos casos, recibía su pago en especie, como trigo o productos derivados del propio cerdo. Esto evidencia cómo estos oficios estaban integrados en un sistema económico basado en el intercambio y la autosuficiencia.
Además, la figura del porquero concejil (contratado por el municipio) muestra cómo su trabajo también tenía un carácter público, al encargarse de los animales de varios vecinos.
¿Qué ocurrió con los porqueros?
Con la llegada de la industrialización en el siglo XX, muchos oficios tradicionales comenzaron a desaparecer o a transformarse. En el caso del porquero, el cambio fue especialmente notable: la cría extensiva dio paso a modelos intensivos en instalaciones cerradas.
Este proceso redujo la necesidad de desplazamientos diarios y modificó las funciones del trabajador, que pasó a desempeñar tareas más técnicas.
Sin embargo, en algunas regiones vinculadas a la producción de cerdo ibérico, el oficio ha sobrevivido adaptándose a nuevas exigencias.
Hoy, el papel del porquero está más profesionalizado y ligado al control de recursos y al equilibrio del ecosistema, especialmente en dehesas.