Se enfrentó a su sobrina, Isabel la Católica

La historia de Juana la Beltraneja, la heredera olvidada de Castilla

Juana la Beltraneja
Juana la Beltraneja era hija de Enrique IV y Juana de Portugal

La historia de las monarquías está plagada de hijos bastardos o repudiados que no pudieron acceder al trono como la línea sucesoria marcaba. Fue el caso de Juana de Castilla, perteneciente a la dinastía Trastámara y más conocida como Juana la Beltraneja. Nación en Madrid en 1462, proclamada reina de Castilla y León y reina consorte de Portugal. Aunque su reinado no fue todo lo bien que a ella la hubiese gustado.

Fue hija de Enrique IV, rey de Castilla, y Juana de Portugal. A su padre le conocían como el Impotente, por lo que al dar a luz Juana, se creyó que no era fruto del matrimonio. En su lugar se puso a Beltrán de la Cueva, un hombre cercano al rey pero que históricamente no concuerda en fechas. A partir de aquí se la comenzó a llamar Juana la Beltraneja. A pesar de ello, a los meses fue nombrada princesa de Asturias y heredera del reino.

Este hecho provocó una revuelta nobiliaria que empujó la figura de Alfonso, hermano de Enrique IV, a ser el verdadero rey de Castilla. Para acallar a los enfurecidos, Enrique tomó la decisión de oficiar la boda entre Alfonso y su hija Juana, quedando así el primero como heredero legítimo. Aunque este evento no llegó a ocurrir.

La Guerra de Sucesión Castellana

juana la beltraneja
La guerra civil castellana

Al poco después se firmó el Tratado de los Toros de Guisando. Con él, Enrique IV desheredó a su hija, y puso a su hermanastra Isabel la Católica. A la muerte del monarca, la corona se disputó entre dos bandos. Por un lado los que apoyaban a la hija legítima (que había sido reconocida por su padre). por otro los que buscaban la unión de Castilla y Aragón a través de la unión de Isabel y Fernando.

Los aliados de Juana, al comprobar la inferioridad numérica, pidieron ayuda a Alfonso V, rey de Portugal. Aunque no solo lo hizo por defender la corona de su sobrina. Además, se casó con Juana la Beltraneja para unificar así Castilla bajo su poder.

Aunque Juana quiso zanjar el asunto mediante un sufragio de todos para decidir quién era la heredera. Pero la guerra terminó estallando durante los siguientes años. Finalmente, Juana, derrotada y despojada de todos sus títulos, se exilió en Portugal. Allí murió dejando sus derechos a la corona de Castilla a favor de Juan III de Portugal.

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