Psicología

Los expertos en psicología lo confirman: las personas que hablan solas cuando hacen tareas del hogar no son dispersas, en realidad lo hacen para mejorar su concentración

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Blanca Espada

Hacer tareas como fregar los platos, pasar la aspiradora o poner una colada es algo habitual en todas las casas. Pero cuando las haces, ¿eres de los que suele hablar mientras está solo? ¿O todo lo contrario? Hay quien limpia escuchando música o aprovecha para tener la radio o la televisión encendida, pero también están los que sí, hablan solos. Algo sobre lo que la psicología tiene mucho que decir.

Porque aunque durante mucho tiempo hablar solo se ha relacionado con estar distraído o incluso se ha visto como una conducta un tanto extraña, lo cierto es que puede tener una explicación mucho más sencilla. Basta pensar en cuántas veces hemos soltado un «ahora voy a por esto» o un «que no se me olvide la lavadora» sin dirigirnos realmente a nadie. Esas frases que parecen no tener importancia pueden ayudarnos a ordenar lo que estamos haciendo y a no perder el hilo.

Qué dice la psicología sobre las personas que hablan solas

En psicología existe un concepto conocido como private speech, que puede traducirse como habla privada. Se utiliza para referirse a ese lenguaje que no dirigimos a otra persona, sino a nosotros mismos. Se ha estudiado especialmente en los niños, que muchas veces verbalizan lo que están haciendo mientras juegan o intentan resolver algo, pero también aparece entre los adultos.

Y las tareas de casa son un buen ejemplo. Imagina que estás ordenando el salón y todavía tienes que limpiar el polvo, guardar unas cosas y pasar la aspiradora. Decir «primero termino esto y después aspiro» no te descubre nada que no supieras, pero sí deja claro cuál es el siguiente paso. Algo parecido ocurre al cocinar, que podemos estar pendientes de una sartén, tener algo en el horno y, al mismo tiempo, intentar recordar qué ingrediente falta. Que de repente digamos «ahora la sal» no significa que nos hayamos vuelto despistados. Más bien estamos recordándonos qué toca hacer.

Hablar solo puede ayudar a no perder la concentración

Hay tareas domésticas que hacemos tantas veces que apenas necesitamos pensar en ellas. Y eso tiene una consecuencia bastante curiosa  ya que mientras las manos siguen trabajando, nuestra cabeza puede estar en otro sitio. Por ejemplo estamos fregando los platos, pero pensamos en el trabajo. Ponemos una lavadora mientras recordamos algo que tenemos que comprar. Empezamos a recoger el dormitorio y terminamos en la cocina porque hemos encontrado allí algo que había que guardar. Cuando queremos darnos cuenta, no recordamos qué estábamos haciendo antes.

Y es que muchas veces,  mientras hacemos algo y a la vez pensamos en otra cosa, da la sensación de que es cuando más nos concentramos. Lo mismo sucede si por ejemplo estás aspirando la casa y te pones a reproducir a viva voz lo que estás pensando de la reunión de trabajo que tuviste ayer, o de la cena con tu pareja la noche anterior. No es que te estés volviendo loco. Te has concentrado en la labor, que a su vez es automática, y has acabado pensando y hablando en voz alta.

También puede ayudarnos a recordar cosas

Seguro que alguna vez, justo antes de salir de casa, has repasado en voz alta: «móvil, cartera y llaves». O has repetido varias veces algo que necesitas comprar para intentar que no se te olvide antes de llegar al supermercado. Cuando pronunciamos una frase, esa información no se queda únicamente en nuestra cabeza. También la escuchamos, y eso puede servir como un apoyo para mantenerla presente durante un tiempo. En casa sucede continuamente. «Tengo ropa en la lavadora», «el horno está encendido» o «tengo que sacar esto antes de irme» son pequeños recordatorios que muchas personas dicen sin darse cuenta. Y cuanto más estamos haciendo a la vez, más fácil resulta que aparezcan.

No siempre hablamos solos para concentrarnos

También están esas conversaciones con nosotros mismos que tienen poco que ver con recordar una tarea. Limpiamos desde hace una hora, miramos todo lo que queda y soltamos un «venga, termino esto y paro». O se cae al suelo algo que acabábamos de recoger y decimos en voz alta lo que pensamos del asunto, aunque no haya nadie cerca para escucharlo.

En estos casos las palabras pueden servir para animarnos, expresar frustración o sencillamente poner orden en lo que estamos pensando. Es otra de las razones por las que hablar solo no tiene una única explicación. De hecho, muchas veces ni siquiera somos conscientes de hacerlo hasta que alguien nos escucha y nos pregunta con quién estamos hablando.

No significa ser una persona dispersa

Lo que no conviene es irse al extremo contrario y pensar que hablar solo demuestra que alguien tiene mejor memoria o es más inteligente. Un hábito cotidiano no permite sacar conclusiones de ese tipo. Lo que sí sabemos es que hablar con uno mismo puede cumplir una función práctica. A algunas personas les ayuda a ordenar los pasos que tienen por delante; otras utilizan esas frases para recordar algo y hay quienes simplemente necesitan darse un pequeño empujón para terminar lo que han empezado. O sencillamente hablan consigo mismos sin darle más vueltas.

Por eso, si mientras limpias la cocina te descubres diciendo que después tienes que tender la ropa, no necesariamente estás perdiendo la concentración. Puede estar ocurriendo justo lo contrario: que esas palabras sean tu manera de no olvidar lo siguiente que tenías pensado hacer. Al final, cada persona se organiza como puede. Unos hacen listas, otros ponen alarmas en el móvil y algunos van por casa contándose a sí mismos lo que les queda pendiente. Y visto así, hablar solo mientras pasamos la aspiradora resulta bastante menos extraño de lo que parece.

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