Filosofía

Byung-Chul Han: «Quien fracasa en la sociedad del rendimiento se hace a sí mismo responsable, en lugar de poner en duda al sistema»

Hombre estrasado. Foto: Magnific
Hombre estrasado. Foto: Magnific
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Para el filósofo Byung-Chul Han, la autoexplotación define nuestra época gracias (o por desgracia) a un fenómeno donde el propio trabajador se convierte en su peor jefe. El pensador coreano, en su célebre obra Psicopolítica, analiza cómo el modelo económico actual traslada la presión colectiva al plano individual. Ya no hace falta un agente externo que vigile o castigue; la búsqueda por la optimización constante empuja a las personas a un desgaste invisible.

El ritmo de vida actual genera una paradoja de falsas libertades. Las patologías modernas reflejan un callejón sin salida, donde el colapso psicológico surge de una autoexigencia sin límites. Bajo este panorama, la promesa de realización personal esconde un mecanismo que perpetúa el estrés y anula la protesta social.

El fracaso en la sociedad del rendimiento: un castigo autoinfligido para Byung-Chul Han

«Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema», explica Han.

Esta demoledora afirmación de Byung-Chul Han en su libro Psicopolítica resume el núcleo del problema: el ciudadano actual asume los errores del engranaje como debilidades de su propia mente. La transición del obrero tradicional al «empresario de sí mismo» elimina la frontera de las clases sociales y sitúa la batalla en el interior del individuo.

De Michel Foucault a Byung-Chul Han

Para entender este cambio de paradigma, conviene analizar la evolución de las técnicas de poder. En el modelo de la sociedad disciplinaria teorizado por Michel Foucault, el control se ejercía de forma externa sobre los cuerpos a través del deber, las prohibiciones y los espacios de reclusión.

En cambio, en la actual sociedad del rendimiento formulada por Han, la dominación se sofistica y se interioriza a través del «poder hacer». El sujeto ya no obedece a un amo ajeno, sino que se impone a sí mismo la obligación de rendir, optimizarse y competir de forma voluntaria, lo que desemboca en un colapso psicológico al asumir el fracaso como una deficiencia personal y no como una consecuencia de las dinámicas estructurales.

La lógica del sistema neoliberal, basada en la productividad, altera la percepción del sufrimiento. Al no existir un opresor visible a quien culpar, la frustración se transforma en culpa directa hacia uno mismo. El individuo carece de un espacio para canalizar el descontento. De este modo, la rabia contra las deficiencias estructurales se vuelve hacia adentro, lo que alimenta cuadros graves de depresión y agotamiento.

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Han plantea que la fragmentación del colectivo social desactiva cualquier intento de resistencia organizada. El régimen actual resulta sumamente inteligente porque «evita que surja la solidaridad entre los explotados». Sin un enemigo claro al que señalar en público, la protesta colectiva se disuelve en una suma de quejas individuales en redes sociales.

La desconexión total, según apunta Byung-Chul Han, es la única vía de escape frente al control de la psicopolítica.

El filósofo coreano, entonces, propone recuperar la figura del «idiota» como aquel sujeto que decide no participar en la corriente del consenso constante, que se aparta del ruido informativo y que opta por el silencio. El rescate de una vida libre de la productividad y del mercado requiere, necesariamente, volver a valorar lo improductivo y lo que no se puede cuantificar.

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