Patrimonio

En 1865 un temido corsario regresó a Cataluña y se construyó una mansión con su fortuna: 160 años después, su tataranieto la restaura para convertirla en refugio familiar

Salón con techo de yesería policromada y rosetón central, paredes con paneles de tela estampada y retratos antiguos, combinados con un sofá blanco y muebles de acero con espejos. Foto: Raúl Sánchez Architects
Salón con techo de yesería policromada y rosetón central, paredes con paneles de tela estampada y retratos antiguos, combinados con un sofá blanco y muebles de acero con espejos. Foto: Raúl Sánchez Architects
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

En 1820, con solo 18 años, Antoni Cuyàs salió de Mataró rumbo a Argentina con unas pocas nociones básicas de navegación. Sin embargo, en 1865 regresó a Cataluña con una enorme fortuna amasada en el mar y levantó en su ciudad natal una residencia inspirada en los palacios argentinos.

Más de siglo y medio después, su tataranieto Manuel Cuyàs y su mujer, Nuria, reformaron tres estancias que conservaban elementos originales de la casa del pirata.

Según el estudio Raúl Sánchez Architects, la obra se desarrolló entre 2024 y 2025 y mantuvo a la vista las grietas de la vivienda.

El joven de Mataró que se convirtió en el corsario más temido por los barcos de Brasil

Antoni Cuyàs hizo su carrera en Argentina y en pocos años pasó a ser el corsario más temido por los barcos brasileños. Las crónicas de la época recogen que esas naves rara vez escapaban de sus cañonazos.

Todavía joven y con una enorme fortuna, Cuyàs abandonó la vida en el mar. Tejió vínculos personales y financieros con las clases dirigentes del país y llegó a ser un consejero habitual de los presidentes argentinos de la época.

Tras un matrimonio desafortunado que no le dio descendencia, el antiguo corsario quiso pasar sus últimos años en Mataró. Regresó en 1865, 45 años después de su partida.

La mansión de la Rambla de Mataró que el corsario encargó a artistas italianos

Cuyàs compró dos casas en la Rambla de Mataró y las unió en una sola vivienda. Para el diseño recurrió a un grupo de artistas italianos que trabajaban en la zona, con el encargo de una residencia que recordara a los palacios que había frecuentado en Argentina.

Hacia el final de su vida, adoptó a un niño huérfano que compartía su apellido y lo convirtió en su único heredero. Con los años, la mansión perdió muchos de sus elementos más valiosos. Sin embargo, la familia Cuyàs logró conservar la propiedad.

A la izquierda, una puerta acristalada con postigos rojos junto a un retrato ovalado; a la derecha, un sofá blanco y una mesa de centro amarilla bajo retratos al óleo de marco dorado. Foto: Raúl Sánchez Architects
A la izquierda, una puerta acristalada con postigos rojos junto a un retrato ovalado; a la derecha, un sofá blanco y una mesa de centro amarilla bajo retratos al óleo de marco dorado. Foto: Raúl Sánchez Architects

Las estancias de la casa del pirata que reformó su tataranieto en Cataluña

En 2023, Manuel Cuyàs y Nuria, diseñadora y gestora cultural argentina, se cansaron de vivir en espacios pequeños. Esos sitios no se ajustaban a su rutina, ya que ambos trabajan desde casa.

La pareja encargó entonces al arquitecto Raúl Sánchez la reforma del vestíbulo, el comedor y la sala del pirata, esta última catalogada por las autoridades de patrimonio. La familia quería usar la sala como salón y lugar de trabajo, reservar el comedor solo para comer y recuperar parte de la grandeza maltratada de la casa.

Las grietas y los papeles pintados originales siguen a la vista en la casa de Mataró

En la sala del pirata, un gran zócalo de acero inoxidable recorre el perímetro y aloja los puestos de trabajo, el sofá y el almacenaje. Por encima, se conservan los papeles pintados originales, los cuadros de familia y el techo policromado, ya libre de cables.

Debajo, el equipo recuperó el suelo de terracota original con un proceso de resinas que frena su desintegración. Las grietas de techos y paredes y las imperfecciones del papel quedaron tal como estaban, igual que las rozas abiertas para llevar la electricidad a los apliques.

«Encontramos belleza en el paso del tiempo y en la transformación continua», señala el equipo de Raúl Sánchez en la memoria del proyecto.

El retrato del corsario en su vejez, que exhibe la espada que hoy se guarda en el vestíbulo, sigue en su sitio frente a un gran mueble espejado lacado en amarillo.

Por su parte, hoy el comedor estrena un suelo de roble oscuro a juego con el arrimadero de madera y los azulejos verdes originales.

Lo último en Curiosidades

Últimas noticias