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Gonzalo de Vigo, marinero español de la expedición de Magallanes en 1520: «El paso del estrecho que separa Oriente y Occidente está siendo terrible»

Representación de un navegante antiguo creada por Freepik.
Representación de un navegante antiguo creada por Freepik.
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El 28 de noviembre de 1520, tres naves de la expedición de Magallanes abandonaban el extremo austral del continente americano para entrar en el mayor océano del planeta. A bordo de la Trinidad viajaba Gonzalo de Vigo, un grumete español que dejó testimonio de uno de los momentos más celebrados de la historia de la navegación.

Fue Ginés de Mafra quien anunció el final de 38 días de travesía por un laberinto de canales, con una frase que aliviaría a toda la tripulación: «El océano, Gonzalo, al fin, el océano». Sin embargo, a babor y a estribor todavía se alejaban los altos riscos nevados de la Patagonia.

¿Quién fue Gonzalo de Vigo, el grumete que cruzó el estrecho de Magallanes?

Gonzalo de Vigo era uno de los 250 hombres que en agosto de 1519 abandonaron Sevilla a bordo de cinco navíos, reclutados por Fernando de Magallanes, hidalgo portugués y caballero comendador de la Orden de Santiago.

El objetivo era rodear el nuevo continente por poniente para llegar a las Molucas, las islas de las especias, y comerciar con canela, clavo y nuez moscada en los mercados de Europa.

Su nombre quedó en la historia junto al del cronista italiano Antonio Pigafetta y al de Juan Sebastián Elcano. En el relato de Gonzalo de Vigo, recreado en primera persona por el periodista Àlex Sala para National Geographic Historia España, se lo describió como «tan solo un modesto grumete».

¿Cómo fue la travesía del estrecho que separa los dos océanos?

La expedición divisó el cabo de las Vírgenes el 21 de octubre de 1520, a 52 grados de latitud sur, el día dedicado a Santa Úrsula. Al cruzarlo hacia el oeste, los navegantes iniciaron sin saberlo los 38 días de travesía del estrecho que tanto habían buscado.

El trayecto no fue sencillo. En la crónica recreada en primera persona  se habla de que fue un paso «peligroso y difícil», cuyo acceso «no es fácilmente visible desde el Atlántico» y cuyo recorrido es «un trazado tortuoso y angosto, donde reina un silencio sepulcral». Las corrientes cruzadas y las inmensas mareas hacían más difícil la navegación por unos canales flanqueados de altos riscos.

Los navíos avanzaban por turnos, ya que uno se adelantaba a explorar cada apertura en la roca y regresaba a informar al capitán de lo hallado. Llegaron así al río que bautizaron como «de las Sardinas», donde fondearon cuatro días a la espera del regreso de una nave exploradora. Cuando volvió, sus tripulantes anunciaron la salida.

¿Qué dificultades enfrentó la expedición antes de llegar al estrecho de Magallanes?

Los meses previos habían resultado extenuantes. El frío del invierno austral en la bahía de San Julián, en la Patagonia, y la escasez de alimentos desencadenaron un motín de los capitanes Gaspar de Quesada y Luis de Mendoza, que pretendían regresar. Magallanes sofocó la revuelta, ejecutó a varios amotinados y abandonó al capitán Juan de Cartagena en la Patagonia.

El comandante ya había dado muestras de su carácter en noviembre de 1519, cuando Cartagena desafió su autoridad durante la travesía atlántica. Magallanes lo agarró del cuello a voces: «¡Sed preso!».

Al final, de los cinco navíos que partieron de Sevilla, solo tres alcanzaron el cabo Deseado. «Todos lloramos de alegría», finaliza el periodista Àlex Sala en su recreación histórica novelada.

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