El milagro que nadie vio venir: una joven keniata fabrica losas más duras que el hormigón a base de residuos plásticos
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La contaminación en las calles de Nairobi impulsó a Nzambi Matee (1992) a buscar una salida desesperada contra la acumulación de residuos. Esta joven ingeniera de materiales decidió abandonar su empleo estable en la industria petrolera para montar un laboratorio en el patio de su madre. Tras años de pruebas fallidas y vecinos quejumbrosos por el ruido, su perseverancia dio frutos y a sus 29 años logró crear Gjenge Makers, una empresa social que transforma el problema en solución constructiva.
Basados en los datos del Programa de la ONU para el Medio Ambiente, la iniciativa procesa toneladas de desechos que antes terminaban en vertederos. Matee mezcla distintos tipos de residuos plásticos con arena para obtener un material de construcción innovador. Estas piezas ofrecen prestaciones técnicas que superan a los materiales tradicionales.
Según la organización internacional, la emprendedora keniata destaca como una de las Jóvenes Campeones de la Tierra 2020 por su capacidad para convertir la basura en un activo económico.
¿Son las losas de plástico realmente más resistentes que el hormigón?
El material desarrollado por la empresa de Nzambi Matee presenta una resistencia a la compresión que triplica la de los adoquines de cemento convencionales. Mientras que el hormigón para uso pesado alcanza entre 50 y 80 N/mm2, las losas de Gjenge Makers de 40 mm llegan a los 140 N/mm2. La clave reside en la naturaleza del polímero, el cual actúa como un aglutinante al mezclarse con la arena a temperaturas muy elevadas.
Esta estructura interna permite que el producto soporte cargas masivas sin resquebrajarse. De hecho, la gama para carreteras y maquinaria pesada resiste hasta 200 N/mm2, lo que equivale a unas 164 toneladas métricas. Al ser el plástico el componente principal, las piezas resultan mucho más ligeras, algo que facilita enormemente el transporte y la instalación en las obras.
El éxito de estas losas ecológicas radica en su durabilidad, ya que poseen un punto de fusión superior a los 350 °C, lo que garantiza una vida útil prolongada bajo condiciones climáticas exigentes.
¿Cómo se fabrican estas losas a partir de residuos plásticos?
El proceso de producción que lidera la empresa tecnológica de esta joven requiere una selección precisa de la materia prima. No todos los polímeros sirven para el mismo propósito, por lo que el equipo de Gjenge Makers utiliza principalmente polietileno de baja densidad (LDPE), de alta densidad (HDPE) y polipropileno (PP). La maquinaria, diseñada y fabricada por la propia Matee tras su paso por la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos, realiza tres pasos fundamentales:
- Extrusión: los residuos plásticos se mezclan con arena a altas temperaturas hasta formar una masa viscosa.
- Moldeado: la mezcla caliente se vierte en moldes con diferentes diseños y grosores según el uso final.
- Prensado: una prensa hidráulica compacta el material para eliminar burbujas de aire y asegurar la densidad máxima.
Este sistema ha permitido reciclar más de 200.000 kilos de basura. Según explica la propia Matee en declaraciones recogidas por la UNEP, el objetivo no era solo reciclar, sino añadir valor real: «Debemos repensar cómo fabricamos productos industriales y cómo los gestionamos al final de su vida útil».
Gracias a esta visión, la fábrica produce entre 1.000 y 1.500 unidades diarias en una gama de colores que incluye tonos como el tierra, rubí u océano.
El impacto social de Nzambi Matee y su modelo de negocio
Más allá de la ingeniería, el proyecto de esta joven keniata funciona como un gran motor económico en su comunidad. La empresa ha generado ya 600 puestos de trabajo directos e indirectos, beneficiando a mujeres, organizaciones juveniles y recolectores de basura informales.
Al comprar los desechos a las industrias farmacéuticas y de bebidas, Gjenge Makers soluciona un problema logístico para las fábricas y crea una fuente de ingresos para los sectores más vulnerables de Nairobi.
Matee confiesa que le resultaba absurdo que la humanidad no pudiera satisfacer la necesidad básica de un refugio decente teniendo tanto material desperdiciado. Aunque actualmente solo comercializan adoquines, la empresa ya investiga para lanzar bloques de construcción completos.
«Tienes que ser fiel a tu porqué», afirma la ingeniera, quien asegura que su motivación principal era dejar de ser una simple espectadora ante el desastre ambiental.
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