Investigadores bio-orgánicos canarios utilizan residuos de gambas y cangrejos para capturar el CO2 antes de que llegue a la atmósfera
Un equipo de químicos de la Universidad de La Laguna, en Canarias, ha desarrollado un material capaz de capturar dióxido de carbono a partir de los desechos de la industria del marisco. La base son los caparazones de gambas y cangrejos, una biomasa que hoy termina en vertederos o en el mar.
El trabajo se publicó en enero de 2026 en la revista Carbohydrate Polymer Technologies and Applications y está centrado en el uso del quitosano, un biopolímero que se obtiene de la quitina presente en esos caparazones. Los investigadores modificaron unas películas porosas de este material para multiplicar su capacidad de retener CO2 antes de que llegue a la atmósfera.
La investigación salió del Instituto Universitario de Bio-Orgánica Antonio González, integrado en la Universidad de La Laguna, en Tenerife. El grupo lo firman, entre otros, Sebastian Bonardd y David Díaz Díaz.
¿Cómo se convierte el quitosano de los crustáceos en una trampa para el CO2?
El quitosano es un biopolímero que se extrae de la quitina de los caparazones. Los científicos prepararon con él películas porosas y flexibles, de apenas dos micras de espesor, y les añadieron unos grupos químicos llamados grupos azo, que contienen nitrógeno y atraen el dióxido de carbono.
Esa quitina es el segundo polisacárido más abundante de la naturaleza después de la celulosa y forma parte de las paredes de los hongos, del esqueleto de los insectos y de los caparazones de crustáceos. La modificación química cambió el color del material, que pasó de un tono blanquecino a un rojo intenso, sin destruir la estructura de poros que le permite atrapar el gas.
¿Cuánto CO2 capturan los films de quitosano de la Universidad de La Laguna?
La incorporación de los grupos azo multiplicó por diez la capacidad de captura del material. El quitosano sin modificar apenas retenía 0,15 milimoles de CO2 por gramo a cero grados, mientras que la versión tratada alcanzó 1,51 milimoles por gramo en las mismas condiciones.
Además del volumen, mejoró la selectividad. El material tratado distingue mejor el dióxido de carbono del nitrógeno, el otro gas mayoritario en las emisiones. Esa capacidad de separar un gas del otro casi se cuadruplicó respecto al quitosano original, un factor clave para capturar carbono en instalaciones reales.
Los films modificados también resisten mejor el calor. Empiezan a degradarse por encima de los 250 grados, un umbral que los hace aptos para la mayoría de aplicaciones de captura, y conservan la flexibilidad del material de partida.
¿Por qué los residuos de crustáceos son una alternativa sostenible al petróleo?
A escala industrial, el dióxido de carbono suele capturarse al pasar las emisiones por disoluciones de sales alcalinas o de aminas. Ese método arrastra problemas de toxicidad, corrosión, baja estabilidad y una reutilización limitada, según describen los autores del trabajo.
Los materiales porosos de alto rendimiento que se plantean como alternativa suelen fabricarse con moléculas derivadas del petróleo, una contradicción de fondo con el objetivo de reducir emisiones. El quitosano rompe esa lógica, ya que es biodegradable, no tóxico y procede de un desecho abundante, como comentan desde el portal de divulgación científica Scientias.
La mayor parte de la biomasa de crustáceos que genera la industria termina en vertederos o se libera al océano. Aprovechar ese residuo para capturar carbono encaja con la idea de economía circular, en la que un desperdicio se transforma en materia prima.
¿Qué falta para llevar el material canario a la escala industrial?
El propio equipo señala varias limitaciones. Los ensayos se hicieron con gases de un solo componente y todavía no se ha probado el funcionamiento en ciclos repetidos ni la fabricación a gran escala, los pasos necesarios para un uso comercial.
El proyecto contó con financiación del Ministerio de Ciencia e Innovación y de la Fundación Ramón Areces, además de un contrato posdoctoral de la Agencia Canaria de Investigación. La Universidad de La Laguna ya ha registrado una patente sobre estas películas de quitosano y su método de fabricación.