Plagas

La ciencia española celebra un nuevo éxito: desarrollan una herramienta para frenar a la culebrilla del corcho, una de las peores plagas para los alcornoques

Culebrilla del corcho
Recreación de la trampa para culebrilla de corcho. Foto:
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La culebrilla del corcho lleva años perforando alcornoques desde Andalucía hasta Cataluña, dejando tras de sí galerías que convierten el corcho en un material casi inservible para fabricar tapones de calidad. Se trata de una de las plagas forestales más costosas del Mediterráneo, y hasta ahora nadie había dado con una forma fiable de controlarla a gran escala.

Un equipo de científicos del CSIC, con la colaboración de un investigador esloveno y el respaldo de la industria forestal catalana, acaba de publicar los resultados de un experimento que combina dos estímulos muy distintos para atraer y capturar al insecto antes de que llegue a hacer daño real en el alcornocal.

¿En qué consiste la nueva herramienta contra la culebrilla del corcho?

La solución que proponen los investigadores para combatir a esta plaga del alcornoque, considerada una de las más devastadoras, combina dos estímulos a la vez: trampas de color verde con forma de prisma colocadas en la copa de los alcornoques y la liberación controlada de (Z)-3-hexenol, un compuesto que imita el olor de las hojas dañadas.

Juntos, estímulo visual y estímulo químico multiplican las capturas de culebrilla del corcho frente a usar cada trampa por separado.

Además, el experimento demostró que la combinación aumentaba de forma significativa el número de insectos atrapados, sobre todo de machos, un resultado que los propios autores describen como «un paso clave hacia el desarrollo de nuevas estrategias de control» de la plaga.

El flamante estudio, titulado «Trampas verdes y (Z)-3-hexenol como nuevas señales atractivas para los machos de Coraebus undatus», se publicó en la revista Journal of Pest Science en 2026, firmado por Sergio López, Gregor Belušič, Clàudia Corbella-Martorell, Iria Rodríguez, Elisa Tarantino, Antoni Torrell, Josep M. Riba-Flinch y Carmen Quero.

En este marco, el detalle que más interesa a productores y técnicos forestales es que el compuesto (Z)-3-hexenol no es un pesticida ni un veneno: es una molécula que las propias hojas del alcornoque liberan cuando sufren algún daño, y que el insecto interpreta como una señal de que hay comida cerca.

Y claro, explotar esa señal química, en vez de fumigar el bosque entero, es lo que convierte a esta herramienta en una alternativa mucho más limpia que los métodos usados hasta ahora.

¿Quiénes están detrás del hallazgo contra esta plaga del alcornoque?

Como ya hemos dicho antes, el grueso del equipo pertenece al Instituto de Química Avanzada de Cataluña (IQAC-CSIC), donde Sergio López, Clàudia Corbella-Martorell, Iria Rodríguez, Elisa Tarantino y Carmen Quero investigan el comportamiento químico de insectos forestales desde hace años.

A ellos se suma Gregor Belušič, de la Universidad de Liubliana (Eslovenia), especialista en la visión de los insectos, cuyo aporte explica por qué el color verde de las trampas resulta tan determinante.

El proyecto no se quedó en el laboratorio. Josep M. Riba-Flinch, fitopatólogo, y Antoni Torrell, de Forestal Catalana, se encargaron de llevar las trampas al bosque real y comprobar sobre el terreno si la teoría aguantaba fuera de las condiciones controladas de un ensayo cerrado, un paso que da mucho más peso a los resultados finalmente publicados.

Esa combinación de perfiles (química de insectos, fisiología visual y gestión forestal sobre el terreno) explica por qué el hallazgo ha llamado tanto la atención dentro del sector.

Damos cuenta aquí de que no es un experimento aislado de laboratorio, sino el resultado de varias disciplinas trabajando juntas contra un mismo problema, algo poco habitual en la investigación sobre plagas forestales en España.

¿Por qué la culebrilla del corcho es considerada como «cara» para España?

La culebrilla del corcho (Coraebus undatus) es un escarabajo cuyas larvas excavan galerías de hasta dos metros bajo la corteza del alcornoque, justo en la capa donde se genera el corcho de calidad.

Desde luego, el daño no mata al árbol, pero arruina la cosecha: el corcho perforado pierde valor y, en el peor de los casos, solo sirve para triturarlo, con un precio hasta diez veces inferior al de un corcho sano.

Cabe remarcar entonces que el problema ya no es puntual. La plaga afecta con fuerza a alcornocales de Andalucía, la Comunidad Valenciana y Cataluña, y provoca pérdidas estimadas en 3,5 millones de euros al año para el sector corchero español, según cifras recogidas por especialistas forestales.

Recordemos que España y Portugal producen juntas la mayor parte del corcho mundial, así que cualquier golpe a esta plaga repercute directamente en fábricas de tapones y en el bolsillo de los productores.

¿Qué es lo que se viene ahora para frenar a la culebrilla del corcho?

El siguiente paso, según reconocen los propios autores, pasa por escalar el sistema de trampas a superficies mayores y ajustar la dosis del compuesto químico según la densidad de población de cada zona.

¿Cuál es la idea final? La de integrar esta herramienta en los protocolos de control biorracional que ya coordina el Ministerio para la Transición Ecológica (Miteco) junto al CSIC en varias comunidades autónomas.

Si los ensayos a mayor escala confirman lo visto hasta ahora, los productores de corcho podrían contar en pocos años con una alternativa mucho más precisa que los insecticidas de amplio espectro, dirigida solo contra la culebrilla y sin afectar al resto de insectos del alcornocal.

Como conclusión por el momento, el hallazgo ya sirve para algo muy concreto: monitorizar con precisión dónde y cuándo hay más presencia de culebrilla del corcho en una finca, información que hasta ahora dependía casi por completo de la inspección visual de troncos y galerías, un método mucho más lento y menos fiable que revisar el contenido de una trampa.

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