Los pediatras y odontólogos coinciden: “El chupete no es el enemigo, pero mantenerlo demasiado tiempo puede alterar la mordida infantil”

El chupete sigue siendo uno de los métodos más habituales que utilizan los padres para tranquilizar a sus bebés. En los primeros meses de vida, puede ayudar a satisfacer su necesidad innata de succión, aunque los odontólogos alertan de que mantener este hábito durante demasiados años puede afectar a la salud bucodental de los pequeños. Según Jesús Barrau, odontólogo, «el chupete no es el enemigo, pero mantenerlo demasiado tiempo puede alterar la mordida infantil».
«El problema no suele ser que un bebé utilice chupete, sino que el hábito se mantenga durante demasiadas horas al día y se prolongue cuando el niño ya está creciendo y desarrollando su mordida», explica. La succión prolongada ejerce una presión repetitiva sobre los dientes, el paladar y las estructuras bucales, lo que puede afectar al correcto desarrillo de la boca durante la infancia. Entre los problemas más habituales destaca la mordida abierta anterior, que se produce cuando los dientes delanteros superiores e inferiores no llegan a tocarse al cerrar la boca. Asimismo, pueden surgir una mordida cruzada posterior, cambios en la posición de los incisivos, una reducción de la sobremordida y alteraciones en el crecimiento del maxilar superior.
La edad a la que debería retirarse el chupete
El chupete ofrece numerosos beneficios. Además de calmar el llanto y proporcionar consuelo, puede favorecer el sueño y ayudar al bebé a satisfacer su necesidad natural de succión. Sin embargo, el uso excesivo del chupete o su utilización durante demasiado tiempo puede ocasionar maloclusiones, alteraciones en el desarrollo de la mandíbula y de los dientes, como la mordida abierta o cruzada, además de problemas de apiñamiento dental.
Además, cuando el chupete se utiliza con frecuencia y se impregna de azúcar u otras sustancias edulcorantes, puede incrementar el riesgo de caries en los más pequeños. A esto hay que sumar que puede repercutir en la articulación temporomandibular y, en consecuencia, aparecer dolor y dificultades para abrir y cerrar la boca.
Según Barrau, no hay una edad universal a la que debería retirarse el chupete, aunque sí existen ciertas pautas generales que permiten minimizar los riesgos. «A partir de los 12-18 meses, conviene empezar a limitarlo, especialmente durante el día». Asimismo, «entre los 18 y los 24 meses debería iniciarse una retirada progresiva». Finalmente, «antes de los 3 años, el objetivo debería ser que el hábito haya desaparecido», sostiene. Finalmente, concluye: «cuanto antes desaparezca el estímulo, mayor capacidad tiene la boca del niño para continuar desarrollándose de manera espontánea», según recoge AS.com.
Consejos prácticos
«Cuando un niño se introduce la tetina de un chupete en la boca y lleva a cabo lo que los expertos denomina succión no nutritiva, cuyo propósito no es ingerir alimento alguno, los dientes centrales inferiores se desvían paulatinamente hacia dentro, mientras que los que se encuentran en el mismo plano, pero en el maxilar superior, tienden a separarse y a sobresalir hacia fuera (dientes de conejo).
Con el tiempo, los caninos (colmillos) chocan entre sí y ambas filas de dientes no se cierran correctamente (mordida abierta). Además, la acción de succionar pone en funcionamiento una serie de músculos de la cara que, junto con la posición de la lengua, hacen que finalmente las líneas superiores e inferiores pierdan su paralelismo (mordida cruzada)», detalla la Sociedad Española de Odontopediatría. Asimismo, ofrece una serie de consejos que todos los padres deben conocer:
- No se recomienda empezar a utilizarlo antes de los 15 días de vida, hasta que la lactancia materna esté bien establecida, para evitar interferir en ella.
- A la hora de retirar el chupete, conviene que el niño lo deje voluntariamente, sin recurrir a métodos drásticos ni provocarle traumas.
- Por supuesto, sólo se deben utilizar chupetes que cumplan las normas de seguridad. Tienen que ser de una sola pieza, contar con una base suficientemente grande para impedir que el chupete entero entre en la boca del niño y disponer de una anilla que permita extraerlo con facilidad.
- No es recomendable colgar el chupete del cuello, la muñeca o la cuna del bebé para evitar posibles accidentes. Sujetarlo a la ropa con un imperdible también puede resultar peligroso si éste se desprende.
- Es conveniente sustituir el chupete cuando presente signos de desgaste por el uso. Durante los primeros meses, se recomienda esterilizarlo o hervirlo una vez al día.
A la hora de retirar el chupete, una estrategia que suele dar buenos resultados consiste en untar la tetina con sustancias de sabor desagradable, como vinagre, pimienta o limón. También se puede inventar una historia en la que algún personaje de ficción se lleve el «tete» a cambio de un regalo. En cualquier caso, la decisión debe mantenerse con firmeza, ya que, aunque el niño deje de utilizar el chupete, es posible que vuelva a acordarse de él y lo pida de nuevo. En ese momento, conviene mantener la decisión y esperar a que pase el conocido «síndrome de abstinencia».