PRIMERA LÍNEA

Sa Feixina bien vale sacrificar a otro peón: Ángel Víctor Torres

sa feixina

Muchos años atrás recibí el encargo de entrevistar a Madó Buades de Sa Pobla y lo que me quedó grabado de aquel encuentro fue esta expresión suya: «Aquí, hi va haver una guerra», refiriéndose al año 1229. No pude menos que maravillarme al ser testigo del legado de la tradición oral que encarnaban las palabras de esta mujer tan sencilla y tan próxima. También aquí hubo una guerra y de eso no hace tanto.

Hagamos un resumen, una sinopsis en lenguaje de tramas. El mamotreto que se levanta en Sa Feixina es en realidad un inmenso grito silencioso en recuerdo de unos niños y jóvenes adolescentes, fallecidos en una tragedia ocurrida durante una guerra civil, que traducido significa causar inmenso dolor entre hermanos, algo que ocurrió hace 90 años desde su inicio.

La muerte no solamente sucedió en combate; la verdadera tragedia ocurrió justo después, cuando la aviación de los hermanos convertidos en enemigos acribillaba en el agua a sus otros hermanos, ante la impotencia de barcos de la armada inglesa que no podían repeler ese espanto sin desatar un conflicto internacional y entonces limitándose a recoger náufragos, vivos o muertos. Probablemente, los pilotos republicanos que intervinieron se formaron en la URSS, al igual que aquellos que bombardearon Palma, con el resultado de un alto número de civiles fallecidos o heridos.

Llegados al puerto de Palma los supervivientes malheridos y las mortajas de sus compañeros de tripulación, el dolor emergió espontáneamente en la ciudad. Palma era la base de la flota naval del Mediterráneo de las fuerzas nacionales y el crucero Baleares, su buque insignia.

El resultado fue convocar una suscripción popular, para sufragar los gastos y levantar el mamotreto de Sa Feixina. Mamotreto, palabra dura al referir estar hablando de «un trasto deforme», que así es como lo definen quienes descienden de aquellos hermanos convertidos en enemigos. La casualidad hizo que el diseño fuera de un arquitecto mallorquín, Francisco Roca Simó, cuyo proyecto tituló Inmortalidad y que fue elegido por unanimidad. 

Inmortalidad. Palabra trascendente porque refleja «duración indefinida de algo en la memoria de los hombres». Ese algo no era la guerra, era el dolor y la tragedia de seres humanos, sujetos a circunstancias. Simplemente eso. 

Después, con ZP llegó la Ley de Memoria Histórica (diciembre de 2007), llamada acto seguido Ley de Memoria Democrática con Sánchez (octubre de 2022), en pleno renacimiento del odio entre hermanos, apelando de una manera irresponsable al guerracivilismo. Es decir, un odio interesado, con la prioridad de reescribir la historia, que no es otra que el deseo de regresar a la República Socialista Soviética de España, que el Frente Popular intentó implantar en los años 30 del siglo pasado, con miles de víctimas inocentes asesinadas en los meses previos al estallido de la Guerra Civil española.

Estas leyes de memoria, en un primer recorrido, llevaron a la resignificación de Sa Feixina en el 2010, siendo alcaldesa de Palma la socialista Aina Calvo, hoy secretaria de Estado de Seguridad con Pedro Sánchez. Despojados de los símbolos franquistas, por unanimidad de todos los grupos municipales se procedió a colocar al borde del estanque una leyenda en hierro troquelado escrita en cinco idiomas: «Este monumento fue erigido el año 1945 en recuerdo de las víctimas del hundimiento del crucero Baleares durante la Guerra Civil (1936-1939). Hoy es para la ciudad símbolo de la voluntad democrática de no olvidar nunca los errores de las guerras y las dictaduras». Insisto, leyenda aprobada por unanimidad de los grupos con representación en Palma (PSOE, PP, PSM, UM, EU-EV, ERC), y que se puede leer –todavía hoy– en catalán, castellano, francés, inglés y alemán.

La paz duró poco, pues en 2015 llegó la extrema izquierda al poder en el Ayuntamiento de Palma y, por iniciativa de Unidas Podemos, se planteó la demolición del monumento de Sa Feixina, esta vez con el apoyo de toda la izquierda, incluido el alcalde socialista José Hila, que había sido el segundo de la entonces alcaldesa Aina Calvo cuando se aprobó la resignificación.

Comenzó entonces una batalla legal desde la sociedad civil y sin contar en absoluto con apoyo administrativo, pues todas las instituciones de Baleares estaban en manos de la extrema izquierda. Y se ganó en los tribunales con sentencia en firme del Tribunal Supremo y previamente del TSJB. Ahora vuelven a las andadas, cuando el monumento goza de máxima protección patrimonial y monumental. A esta izquierda del odio se la refanfinfla. 

Ahora, el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, es de suponer que por indicación directa de Pedro Sánchez, quiere incluir Sa Feixina, vía de la Verdad (gran disparate orwelliano), en el catálogo de símbolos y elementos contrarios a la memoria democrática. 

Les da absolutamente igual que el Ayuntamiento de Palma se disponga a plantar batalla legal en defensa de la protección máxima del monumento de Sa Feixina, porque su objetivo prioritario es destruirlo, y lo harán, porque el coste es asumible para Sánchez: quien firme el proceso de demolición incurrirá en prevaricación administrativa, lo que significa entre 9 y 15 años de inhabilitación total. ¿Se atreverá cualquier funcionario a echar por tierra su carrera? Por supuesto que no, salvo que el odio supere a la voluntad de dar estabilidad a su vida privada. Y no importa que actúe por miedo: esa inhabilitación, absoluta, les caerá como un mazazo sobre sus costillas.

Quedan, por tanto, los políticos afines y el máximo responsable de la cosa es el ministro Ángel Víctor Torres. Sánchez lo sacrificará, sin pestañear, como ya lo hizo con Pilar Alegría, en unos días con María Jesús Montero y el año que viene –previsiblemente– con Óscar López. Total, qué le importa a Sánchez sacrificar a unos cuantos ministros en su propio beneficio.

¡Ah! ¿Y qué papel juega en todo esto el arquitecto mallorquín Francisco Roca Simó? Perteneciente a la corriente racionalista y considerado el padre del modernismo argentino, se conservan en la isla algunas obras suyas, sin olvidar su amplio reconocimiento internacional. Su proyecto de Sa Feixina, en colaboración con su hijo Antoni Roca Cabanellas, está considerado un exponente del art déco. Datos que certifican la calidad monumental.

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