Turismo

Los pueblos más espectaculares de Menorca, en las islas Baleares

Pueblos más bonitos de Menorca
Puerto de Ciutadella, en Menorca.

Este verano las islas Baleares se han convertido en el destino turístico de moda. Aunque Menorca siempre ha estado relegada a un segundo plano frente a Mallorca e Ibiza, ahora es la principal protagonista de las Baleares. Millones de españoles han elegido pasar sus vacaciones en Menorca, hasta el punto de que es prácticamente conseguir un coche de alquiler en la isla. Si a ti también te apetece conocerla en todo su esplendor, a continuación te contamos cuáles son los pueblos más bonitos de Menorca.

Mahón

Con una población de 28.000 habitantes, Mahón es la capital de Menorca y el núcleo más importante de la isla. Su principal emblema es el puerto, considerado uno de los mejores puertos naturales de todo el mundo. Hay varias visitas que son clave: el Bastión de Sant Roc, la Fortaleza de la Mola y la Iglesia de Santa María con su órgano del siglo XIX.

Es Castell

Es Castell es para muchos el pueblo más bonito de Menorca, y en cuanto lo conozcas entenderás por qué. Una encantadora villa a orillas del mar Mediterráneo que cuenta con un gran patrimonio monumental. El Castillo de San Felipe y el Fuerte Marlborough son los lugares de interés más importantes. Todas las calles van a dar al antiguo muelle de pescadores, donde se concentran los restaurantes y las pequeñas tiendas de artesanía.

Ferreries

A pesar de su pequeño tamaño, Ferreries es un pueblo de Menorca que sorprende (y mucho) a todo aquel que lo visita. Su monumento más representativo es el Castillo de Santa Águeda. También se puede visitar la Iglesia de Sant Bartomeu, de donde parten las estrechas callejuelas blancas del casco urbano.

Fornells

Fornells es uno de los pueblos más bonitos de Menorca. Una villa marinera que ha conservado su esencia más tradicional con el paso del tiempo. La visita turística más relevante es la Torre de Fornells, construida a principios del siglo XIX por los ingleses.

Villa Sant Lluís

Y, por último, Villa Sant Lluís, un pueblo con un marcado carácter mediterráneo ya que todas las casas están pintadas de blanco. Lo fundaron los franceses como homenaje a Luis XV. Imprescindible la visita a Molí Dalt, un antiguo molino de trigo y que actualmente alberga un museo que recoge la historia del lugar.

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