Jordi Cantó: Mallorca brilla con estrella propia

En el refinado y delicioso universo de la alta gastronomía, donde el talento esculpe con precisión el destino de los más audaces, ha emergido con luz propia un nombre que ya resuena con la fuerza de los grandes: Jordi Cantó. Un chef mallorquín que, con la determinación de los elegidos y la sensibilidad de los verdaderos artistas, ha conseguido que su restaurante, Sa Clastra, en el espléndido hotel Castell Son Claret, luzca con orgullo su primera estrella Michelin.
La personalidad de Jordi, un joven de sólo 35 años, casado y padre de tres hijos, una niña y dos varones gemelos que nacieron año y medio después que su hermana, natural de la zona norte de la Isla, se ve reflejada en sus platos, que beben sobre todo de lo aprendido en su casa de niño y adolescente. Su imagen, totalmente acorde con los de su generación, recuerda más a la de una estrella de la música que a la de un hombre que ha hecho de un huerto ecológico un lugar de inspiración, puesto que se nutre de él y de la ilusión de los que lo trabajan, los miembros de la asociación mallorquina AMADIP ESMENT, que lleva más de 40 años creando un modelo empresarial inclusivo, que suma las capacidades de las personas a las necesidades de las empresas y clientes.
Restaurantes, vino, imprenta y servicios que generan oportunidades de inserción sociolaboral para personas con necesidad de apoyo, a través de actividades sostenibles económicamente. Es lo que ha creado ese huerto mágico que se ha convertido en la despensa del restaurante con estrella que ha lanzado a nuestro protagonista a la cima del éxito, personal y laboral, pues de ellos y de su esfuerzo aprende diariamente. Lo muestra con orgullo y lo alaba como fuente de riqueza, sabor y olor necesaria para conseguir lo mismo que saboreaba a diario de niño en las casas y cocinas de sus abuelos o sus padres y que hoy disfrutamos los que hemos tenido acceso a sus platos y tenemos la ventura de conocerle.
Jordi, como todas las estrellas, es un seductor del paladar, del olfato y de la vista, una seducción total y absoluta de los sentidos que comienza, sin duda, en la seducción del contrario desde el minuto cero para rendirle a sus pies y que se deje llevar. Tal es su seguridad y fuerza que la experiencia marca.
Sin embargo, hay una parte más divertida y loca que nos entusiasma y es la del Jordi colega. Hace pocas semanas acudió junto a su colega Andreu Genestra, también mallorquín con estrella, a un evento en Madrid que acabó en copas hasta altas horas de la madrugada. Cuando decidieron retirarse a descansar, el hambre les podía y decidieron al unísono saciarla en un famoso establecimiento de comida rápida que sirve hamburguesas y chips. Mientras disfrutaban de la experiencia culinaria y la mostaza y demás salsas resbalaban por las comisuras de los labios hasta los dedos, se reían de la imagen y fantaseaban con la posibilidad de que un fotógrafo tomara la imagen de los dos, afamados cocineros con estrella Michelin, disfrutando de esa orgía de placer que de vez en cuando ofrece el fast food.
Los que conocemos bien el mundo del lujo y la excelencia sabemos que una estrella no es un simple galardón, sino una declaración de principios. Significa que quien está al frente de los fogones no cocina, sino que compone, que no emplata, sino que esculpe, que no alimenta, sino que emociona. Y Jordi Cantó, con esa mirada intensa y ese porte de quien ha saboreado el esfuerzo y la pasión en cada servicio, es el perfecto embajador de una Mallorca que se reinventa sin perder su esencia.
Porque Mallorca no es sólo mar y atardeceres dorados, es también el susurro de una cocina que recoge el legado de siglos y lo transforma en arte. Y ahí está él, quien tras recorrer las cocinas de templos gastronómicos como Nerua, DiverXo, Casa Solla o Casa Marcial, supo que su destino estaba en su isla, en su gente, en su tierra. Fue en Zaranda donde su talento comenzó a cincelarse con disciplina y rigor, aprendiendo de los mejores, hasta que llegó su momento. Y cuando llegó, no fue con estridencias ni aspavientos, sino con la elegancia de los que saben que el éxito verdadero es el que se cocina a fuego lento.
Anoche, en una de esas veladas donde la conversación fluye entre el tintineo de copas y el perfume de los mejores vinos, alguien me dijo: «Una estrella Michelin sabe a gloria». Y pensé en Jordi Cantó, en su sonrisa discreta y en su manera de hablar con las manos, como si cada gesto fuera parte de un lenguaje que solo los cocineros entienden. Pensé en el orgullo de su equipo, en la emoción de su familia y en la certeza de que ésta no es su meta, sino su punto de partida.
Mallorca está de enhorabuena. Su cocina tiene una nueva estrella, pero no de esas que se apagan en la memoria con el paso del tiempo. Esta estrella ha llegado para quedarse. Y en cada plato de Sa Clastra, entre el juego de texturas, sabores y recuerdos, se esconde un pedazo de historia, de la historia de un chef que ha sabido convertir su pasión en un legado.
Jordi Cantó, qué maravilla tenerte en casa.