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Alquilaba habitaciones en Palma por 400 euros y nada más cobrar el dinero el estafador se esfumaba

Israel H. es el falso lacador de persianas que hace meses estafó 30.000 euros a varios clientes

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Agentes de la Policía Nacional durante la detención del arrestado.
Julio Bastida

Alquilaba habitaciones por algo más de 400 euros y cuando los supuestos inquilinos le entregaban el dinero, Israel H., un estafador profesional, se esfumaba dejando a las víctimas sin el efectivo y, lo peor de todo, sin lugar donde vivir.  La historia parece sacada de un guion de suspense, pero ha ocurrido en la vida real y con víctimas muy concretas.

Agentes de la Policía Nacional han vuelto a detener a un hombre que ya era conocido por las autoridades, acusado de estafar en alquileres de vivienda en Palma y de ir un paso más allá al amenazar a una de sus víctimas con consecuencias administrativas si decidía denunciarle. El caso ha causado una fuerte alarma por la frialdad del método utilizado y por el perfil reincidente del detenido, Israel H., quien acumula múltiples causas y ya ha sido condenado a 21 meses de prisión por estafa, falsedad documental y coacciones.

Según la investigación, todo comenzaba con un anuncio aparentemente inofensivo: una vivienda en alquiler en Palma a precio por debajo del mercado, lo justo para resultar atractivo sin despertar sospechas. Era el anzuelo perfecto dentro del creciente problema de las estafas inmobiliarias en España. Personas necesitadas de encontrar un hogar contactaban con él sin imaginar que estaban entrando en una trampa cuidadosamente diseñada.

El sospechoso se mostraba cercano, convincente y profesional, trasladando rápidamente la conversación a aplicaciones de mensajería instantánea donde desplegaba todo su repertorio. Aseguraba que la vivienda estaría disponible en pocas semanas, explicando que aún estaba ocupada por otros inquilinos, lo que añadía una sensación de normalidad y urgencia muy eficaz en este tipo de fraudes de alquiler.

Para reforzar la credibilidad, enviaba copias de su documentación personal y prometía formalizar el contrato en una gestoría, dotando a la operación de una apariencia de legalidad en el alquiler difícil de cuestionar. Incluso llegaba a concertar encuentros presenciales con las víctimas, en los que mostraba vídeos y fotografías del inmueble, generando una falsa sensación de seguridad.

En ese punto, cuando la confianza ya estaba ganada, exigía un primer pago de entre 375 y 400 euros como reserva. Era solo el principio del engaño. A medida que se acercaba la supuesta fecha de entrada en la vivienda, solicitaba el resto del dinero, más de 1.100 euros en concepto de fianza y primera mensualidad, asegurando que la entrega de llaves sería inmediata tras el pago, una práctica habitual en los delitos de estafa en alquiler de viviendas.

Sin embargo, una vez recibido el dinero, el escenario cambiaba radicalmente. El hombre desaparecía sin dejar rastro, cortando toda comunicación, ignorando llamadas y mensajes. Las víctimas, que hasta ese momento creían estar a punto de mudarse, se encontraban de repente sin vivienda y sin sus ahorros, siendo víctimas de una clara estafa inmobiliaria en Palma.

Pero lo más inquietante ocurrió cuando una de ellas recibió una amenaza directa: el detenido le advirtió de que, si acudía a la policía, podría tener problemas para regularizar su situación administrativa en España. Un intento claro de intimidación que añade al caso un componente especialmente grave y que evidencia la vulnerabilidad de algunas de las personas afectadas por este tipo de delitos de coacciones vinculados a estafas.

El falso lacador

La detención de este individuo no ha sido un hecho aislado. Ya en marzo había sido arrestado por hechos similares y su historial delictivo revela un patrón persistente de engaño y manipulación. De hecho, en noviembre de 2025 protagonizó otra operación fraudulenta de gran alcance que dejó cerca de 30.000 euros en pérdidas y alrededor de una veintena de víctimas, consolidando su perfil como estafador reincidente en España.

En aquella ocasión, ofrecía servicios de lacado y barnizado de puertas y ventanas a través de internet, utilizando nombres de empresas aparentemente solventes y precios muy competitivos para captar clientes dentro de lo que se considera una estafa en servicios de reformas y carpintería.

Tras acordar los trabajos, recogía los materiales en los domicilios y exigía adelantos económicos, en ocasiones entregando simples justificantes y en otras ni siquiera eso, lo que encaja con los patrones habituales de fraudes en servicios a domicilio.

El engaño continuaba con excusas constantes para solicitar más dinero: que necesitaba comprar materiales adicionales, que debía recurrir a otros profesionales o que tenía que alquilar un local para completar el trabajo. Incluso ofrecía descuentos para convencer a las víctimas de seguir pagando, una técnica habitual en estafas con sobrecostes fraudulentos. Mientras tanto, el tiempo pasaba sin que los trabajos fueran entregados.

Cuando las víctimas empezaban a reclamar, la actitud del sospechoso se volvía agresiva, llegando a proferir amenazas contra ellos y sus familiares, en un intento de frenar cualquier acción legal, lo que agrava los hechos dentro del marco de delitos de amenazas y estafa continuada.

La investigación desarrollada por el Grupo de Delincuencia Económica y Delitos Tecnológicos permitió finalmente identificarlo y localizarlo en una finca del norte de Mallorca, donde fue detenido. Tras pasar a disposición judicial, se decretó su ingreso en prisión provisional, reforzando la gravedad del caso dentro de los procesos judiciales por estafa en España.

Ahora, con una nueva detención y una condena en firme, el caso sigue abierto y no se descarta que aparezcan más víctimas que, por miedo o vergüenza, aún no hayan denunciado, algo frecuente en este tipo de delitos económicos y tecnológicos.

La historia de este estafador pone de relieve no solo la sofisticación de ciertos fraudes, sino también el impacto devastador que tienen en quienes los sufren, dejando tras de sí no solo pérdidas económicas, sino también una profunda sensación de inseguridad y desconfianza. Una advertencia clara en tiempos donde encontrar vivienda o contratar servicios a buen precio puede convertirse, en cuestión de días, en una auténtica pesadilla marcada por las estafas en alquiler y fraudes online en España.

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