Paz Vega

A la orilla del Guadalquivir y clave en la ruta de Colón, el mítico barrio de Sevilla donde creció Paz Vega

barrio Sevilla Paz Vega
Blanca Espada

Paz Vega ha vuelto a captar miradas en el Festival de Cannes 2026. La actriz y directora sevillana reapareció hace unos días en la alfombra roja durante el estreno de Paper Tiger, mientras continúa inmersa en el desarrollo de Ana no, su segundo proyecto audiovisual. Aunque su carrera la ha llevado durante años a Hollywood, festivales internacionales y grandes producciones, hay algo que nunca ha cambiado y es la conexión con la tierra que la vio crecer.

La intérprete ha hablado en numerosas ocasiones de Sevilla y del peso que sus orígenes han tenido en su vida. Ese vínculo quedó reflejado hace apenas unos meses cuando recibió el reconocimiento como Hija Predilecta de Andalucía, una distinción que aceptó reivindicando su identidad y el orgullo de pertenecer a una tierra que, según sus propias palabras, le ha dado alegría, arte, libertad y carácter. Y cuando Paz Vega habla de raíces, inevitablemente aparece un lugar que forma parte de su historia personal y también de la propia historia de Sevilla. Un barrio con siglos de pasado, pegado al Guadalquivir, con alma marinera y artística, escenario de tradiciones, leyendas y personajes ilustres y que no es otro que el barrio de Triana.

Triana, el barrio de Sevilla en el que creció Paz Vega

Situado al oeste del casco histórico y separado del centro por el río Guadalquivir, Triana es mucho más que uno de los barrios más conocidos de Sevilla. Su personalidad propia hace que muchos sevillanos hablen de él casi como si fuese una ciudad independiente dentro de la capital andaluza.

La historia del barrio se remonta siglos atrás. Distintas investigaciones sitúan sus orígenes incluso en época tartésica y, posteriormente, este territorio tuvo importancia estratégica durante la etapa romana por su proximidad a Híspalis e Itálica. A lo largo del tiempo se convirtió en un enclave esencial para el desarrollo comercial y marítimo de Sevilla.

Caminar hoy por sus calles supone encontrarse con fachadas de colores, plazas pequeñas llenas de vida, bares tradicionales y comercios familiares que todavía conservan ese ambiente que parece resistirse al paso del tiempo. Triana mantiene algo difícil de explicar para quien nunca la ha pisado: una identidad muy reconocible y una forma de vivir la ciudad distinta al resto.

Un barrio clave en las rutas marítimas y en la historia de Cristóbal Colón

Pocos visitantes saben que Triana desempeñó un papel fundamental en algunos de los grandes episodios de la historia de España. Durante siglos, este barrio estuvo estrechamente ligado a la actividad portuaria y a la navegación.

La conocida Escuela de Mareantes formó a numerosos marinos y navegantes que participaron en expediciones decisivas de la época. Entre ellas se encuentran algunos viajes relacionados con la llegada de Cristóbal Colón a América y también la histórica expedición de Magallanes y Elcano, considerada la primera vuelta al mundo.

Esa tradición marinera convirtió a Triana en un lugar habitado por trabajadores vinculados al río, artesanos, comerciantes y familias relacionadas con el puerto. Durante generaciones fue un barrio de marineros y obreros donde la actividad nunca se detenía. Décadas después continuó teniendo relevancia industrial. Ya en el siglo XX, la antigua Hispano Aviación, instalada en la calle Jacinto, construyó el primer avión a reacción diseñado en España. El modelo fue bautizado con el nombre de Saeta, un guiño a las raíces trianeras.

El puente y los rincones que mejor resumen Triana

Entrar en Triana suele empezar por el puente de Isabel II, conocido por casi todo el mundo como Puente de Triana. Desde el siglo XIX une el barrio con el centro histórico y, con el paso del tiempo, se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de Sevilla. Antes de existir este paso, los almohades levantaron en la zona un antiguo puente de barcas.

Nada más cruzarlo aparece la plaza del Altozano. Muy cerca está el Mercado de Triana y, bajo él, los restos del Castillo de San Jorge, una antigua fortaleza almohade que durante siglos estuvo vinculada a la Inquisición. Y si hay una estampa que identifica al barrio es la calle Betis. Sus fachadas de colores frente al Guadalquivir y las vistas hacia la Giralda, la Catedral o la Torre del Oro forman una de las panorámicas más conocidas de Sevilla, especialmente al atardecer.

La tradición que sigue marcando la identidad del barrio

Entre los lugares más importantes de Triana destaca la Parroquia de Santa Ana, uno de los templos más antiguos de Sevilla. Fue fundada por Alfonso X el Sabio en el siglo XIII y construida sobre una antigua mezquita.

Junto a su patrimonio histórico, el barrio mantiene otra de sus grandes señas de identidad, la cerámica. Durante generaciones, Triana fue uno de los principales centros alfareros del país. Parte de esa historia todavía puede conocerse en el Centro Cerámica Triana, instalado en una antigua fábrica. Quizá por eso Paz Vega siempre ha hablado de este rincón sevillano con orgullo. Porque Triana no es solo un barrio más sino que tiene una personalidad propia que sigue marcando a quienes han crecido allí.

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