DRONES SUBMARINOS

Ni barcos ni radares: la Armada de EEUU prueba un “centinela” sin cables que duerme en el fondo del mar y detecta drones submarinos él solo

El sistema aguanta a más de 500 metros de profundidad durante meses, suelta su propia ancla para volver a la superficie y avisa a la Armada sin intervención humana.

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Técnicos aseguran un vehículo submarino no tripulado Kingfish de la Armada de Estados Unidos
Un vehículo submarino no tripulado Kingfish de la Armada de EEUU, el tipo de dron que el Seabed Sentry debe detectar. (Foto: U.S. Navy)
Adrián Villellas

Imagina un tubo del tamaño de una tabla de surf apoyado en el fondo de un puerto, sin cables y escuchando en silencio. De pronto, un dron submarino cruza el canal. Segundos después, el intruso aparece en la pantalla de un operador de la Armada de Estados Unidos. Eso ocurrió, y de forma repetida, en el ejercicio Lanternfish de este verano.

El aparato se llama Seabed Sentry (algo así como «centinela del lecho marino») y lo fabrica Anduril, una empresa californiana de tecnología militar. Lo llamativo no es que oiga cosas bajo el agua, sino que lo haga solo, sin nadie copiando datos a mano. ¿Sirve ya para proteger un puerto de verdad? De momento es una demostración, y conviene leer la letra pequeña.

Qué pasó en el ejercicio Lanternfish

Lanternfish es una prueba de la Armada estadounidense dentro de AUKUS, la alianza militar de Australia, Reino Unido y Estados Unidos. La edición de 2026 reunió 50 tecnologías de 26 empresas para ensayar cómo vigilar cables, tuberías y puertos frente a amenazas que llegan por debajo del agua.

Duró seis semanas, repartidas entre aguas de Virginia y del estado de Washington y el suroeste de Australia, según la Royal Navy británica. El vicealmirante Rick Seif, jefe de la fuerza de submarinos de EEUU, lo resumió en una frase. «El fondo marino es un dominio de combate», dijo, porque ahí abajo está la infraestructura que sostiene las comunicaciones y la energía de medio mundo.

Allí Anduril colocó su Seabed Sentry con un sonar de la empresa Ultra Maritime y dejó que trabajase por su cuenta. Cada vez que un dron submarino de tamaño medio o grande cruzaba el canal, el sonar lo detectaba, el nodo procesaba la señal y la enviaba a Lattice, el software de mando de la compañía, que la pasaba al sistema de control de la Armada. Sin intermediarios humanos. Y en segundos, según la empresa.

Cómo funciona el tubo que escucha

Cada nodo es un cilindro de unos 2,4 metros de largo y 53 centímetros de diámetro. Aguanta a más de 500 metros bajo el agua, poco comparado con algún dron abisal, pero de sobra para un puerto. Según la presentación oficial del sistema, puede pasar meses e incluso años en el fondo, y se suelta desde un barco o desde un dron submarino grande.

¿Y cómo se recupera si no tiene cable? Suelta su propia ancla. Cuando recibe la orden, el tubo libera el lastre, flota hasta la superficie y una tripulación lo recoge, le quita las algas, lo recarga y lo vuelve a hundir. Es como una boya de pesca, pero con un ordenador dentro.

Bajo el agua las comunicaciones por sonido son muy lentas, así que enviar la grabación entera sería imposible. Por eso el nodo analiza el ruido él mismo, con una versión reducida de Lattice que gasta poca energía, y solo transmite un mensaje corto con qué ha oído y hacia dónde va.

Un sonar que escucha sin hacer ruido

El oído del sistema es Sea Spear, una antena acústica de Ultra Maritime que sale del tubo y se estira hasta formar una larga hilera de micrófonos submarinos. Es un sonar pasivo, es decir, solo escucha. No emite nada, y por eso cuesta tanto saber que está ahí, igual que hacen los submarinos para pasar desapercibidos.

¿El problema? Escuchar avisa de que algo se acerca, pero no siempre dice dónde está. De ahí que en agosto de 2026 Ultra Maritime combinase Sea Spear con una boya sonora activa, la SSQ-125B, que sí lanza pulsos de sonido y sitúa el objetivo por el eco, como una palmada en una cueva. De acuerdo con la compañía, la pareja detectó y localizó drones submarinos en la misma prueba.

Lo que todavía está por ver

Los resultados los cuentan las dos empresas, no un informe público de la Armada. Ambas hablan de drones medianos y grandes, pero no de los pequeños, que son los más baratos y los que más preocupan en un puerto, donde la pesadilla son los enjambres de drones. Habrá que esperar a la valoración de la propia Armada.

Hay otra pieza que se mueve. Lockheed Martin anunció en julio de 2026 la compra de Ultra Maritime, la dueña del sonar, por 3.450 millones de dólares (3.001,5 millones de euros). Si la operación se cierra, el oído del sistema pasará a un gigante del sector, y está por ver cómo afecta eso a la colaboración con Anduril.

La nota de prensa oficial sobre el ejercicio se ha publicado en la web de Anduril.

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