Ni ventilador ni aire acondicionado: el truco de pueblo para refrigerar una estancia que ya existía en el siglo XVII y tiene respaldo científico
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Existen trucos para combatir el calor en verano que hasta se aplican en Fórmula 1, pero hay otros que surgieron mucho antes que los propios ventiladores o los aires acondicionados. Y, aun así, están respaldados por la ciencia.
Por ejemplo, es el caso de las puertas holandesas o las puertas divididas. Es decir, las que están divididas en horizontal con dos hojas independientes. Así la parte inferior puede quedarse cerrada y la superior abierta, como si fuera una ventaja gigante.
Realmente no nacieron para refrigerar una estancia, sino que se usaban en el mundo rural para ventilar y dejar entrar la luz sin que entrasen los animales. Sin embargo, hoy se ha comprobado que sirven para bajar la temperatura de la sala.
El truco del siglo XVII para refrigerar una habitación sin ventilador ni aire acondicionado
Si no quieres gastarte dinero en un aire acondicionado, todavía puedes echar mano de trucos que ya existían hace siglos. Por ejemplo, es el caso de las puertas holandesas, que ya se usaban en el XVII.
El diseño permitía abrir arriba, cerrar abajo y mantener una separación clara entre el interior de la casa y el corral, la calle o el huerto. Hoy quizás ya no necesitas evitar que cerdo entre en casa (o sí), pero siguen siendo útiles.
Y es que también permite ventilar sin dejar la vivienda completamente expuesta. Con una puerta holandesa entra luz, circula el aire y la parte inferior sigue actuando como barrera.
Al abrir sólo la mitad superior, el aire caliente acumulado en la zona alta de la estancia encuentra una salida natural. La habitación no se enfría como con una máquina, pero sí renueva mejor el aire y reduce la sensación de ambiente cargado.
La explicación científica de que las puertas holandesas ayuden contra el calor
La explicación se basa en principios básicos de la física de fluidos. El aire caliente tiende a subir, el aire más fresco queda más bajo y las corrientes se forman cuando hay diferencias de presión entre unas zonas y otras.
Si la parte superior de la puerta permanece abierta, el aire caliente puede escapar con más facilidad. Si además existe otra abertura en una fachada opuesta, como una ventana o una puerta secundaria, se crea ventilación cruzada: el aire entra por un punto y sale por otro.
Esa corriente ayuda a disipar el calor acumulado dentro de la casa. No hace milagros, pero sí puede cambiar mucho la sensación térmica, sobre todo a primera hora de la mañana o al caer la tarde, cuando el aire exterior resulta más amable que durante las horas centrales.
Cómo aprovechar el truco del siglo XVII para combatir el calor este verano
Para que una puerta dividida funcione bien en verano no basta con abrirla a cualquier hora. Lo más eficaz es usarla cuando el aire exterior no esté más caliente que el interior.
La parte superior abierta ayuda a expulsar el aire cálido y la parte inferior cerrada conserva sombra, limita la entrada de polvo y mantiene esa función original de barrera que tuvo en las casas rurales.
El efecto mejora si se combina con otra abertura colocada en el lado contrario de la vivienda. Así se genera una corriente real, no una simple entrada de aire.